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jueves, 22 de diciembre de 2011

Aquel olor...

Abrir aquella puerta era abrir una puerta a la ternura, a la felicidad y a la bondad infinita. Esperar lentamente a que las luces de navidad iluminaran la entrada de una casa humilde pero con corazones tan grandes que te hacían temblar de emoción.

De repente, dos caras sonriendo, abrazos, olor a madera, a espumillón, a musgo y a figurillas de Belén.
María y Elena. Así se llamaban. Mis tías Mari y Elena.
Era un regalo pasar las navidades con ellas en San Sebastián, siempre arropados, cuidados, besucones.
Recuerdo las tazas del desayuno, no tenían nada especial, pero aquella mesa de la cocina, aquel mueble blanco precioso y tomarme una tostada escuchándoles, pensando en todo lo que íbamos a hacer era un regalazo.
Jugaba hasta la saciedad, y sigo teniendo la sensación de felicidad constante al recordarles. Es lo más grande que puedes pensar de alguien. Que te da la felicidad.

Han pasado veinte años de todo eso, y ya ves, sigo acordándome de ellas muchísimo. Sigo queriendo recordar aquel olor, aquellas sensaciones y les dedico los olores y las sensaciones que vivo hoy.
Tengo la suerte de compartir camino y vida con una mujer realmente increíble, con la que vivo olores y mil sensaciones, hogar y una enana impresionante. Mis niñas Silvia y Marta.
La navidad es familia, y tengo a la mejor, son padres y hermanos rebosantes de generosidad y amor con mayúsculas.

Siempre que llega la navidad me acuerdo de un montón de personas, me pregunto que harán y cómo estarán, de los que sigo teniendo contacto y también de aquell@s que pasaron y forman parte de uno.

Como describir todo lo que siento y lo feliz que me hacen, como decir que los amig@s y la gran familia hacen a uno pleno, a sonreír sin motivo, a llorar de emoción.

Feliz Navidad a tod@s!!!