Vienes tranquilo en el coche, acompañado de un montón de gente que se acuerda de ti y llama sabiendo el porqué has emprendido viaje. Durante esas llamadas, y en las pausas, uno sonríe y se siente orgulloso de la cantidad de personas que están ahí, apoyando, escuchando o haciéndote reir.
Tengo la costumbre - no sé por qué - de imaginarme siempre el cómo y dónde está la persona con la que hablo y mientras me sentía orgulloso y agradecido por quienes me acompañan en este camino que llamamos vida, también me dió por pensar en la cantidad de veces, a cuanta gente, que han hecho un alto en el camino, o mil, que han estado ahí siempre, que te suman... a cuanta gente hemos dejado de decir las cosas que realmente queríamos decirles.
Somos lo que hacemos.
Pensaba en esto, cuando al fondo, en el horizonte de la autopista se veía brillo de sirenas, el jaleo de mil coches, ambulancias pisando a fondo llevándose a personas que luchan por vivir, y al pasar justo en el lugar donde ocurrió, ver centenares de trozos de coches, cristales, ropa, maletas... y las caras de las personas que trabajaban o miraban aterrorizados, llorando, secándose las lágrimas o tapándose la cara con los chalecos refrectantes, llevándose las manos a una cabeza que dice no compulsivamente.
Has de pasar despacio, y pararte a pensar, tras ver esas caras de dolor y de incredulidad; que un día, cualquier día, puedes ser tú, o alguien a quien amas con todo lo que ello significa, en mayúsculas, o que haya sido realmente importante para ti,y no le hayas dicho lo que realmente piensas, sientes y quieres.
La realidad, es que ahí estaban, esparcidos y rotos un montón de sueños y vida.
Supongo, que al llegar ese momento - el de la muerte-, ¿no hubieras cambiado todos los días de tu vida, para volver a tener la oportunidad de decirlo?.
A tus padres, a tus hermanos, a tus amigos, novias o incluso a personas que aunque estuvieron poco por mil razones dejaron una huella espectacular en ti...
Un cartel te anuncia la llegada a Zaragoza. Sabes lo que os espera a tu familia y a ti en un par de días. Quieres exprimirlos al máximo antes de que ella entre allí, a la soledad de mil luces encima suyo y caras anónimas con mascarillas. Quieres decirle - aunque sea la vez mil- que es la mejor madre y mujer del mundo.
Hasta que eso llegue, quedan 2 días donde no me quedará nada por decirle.
Que no te quede a ti.
Continuará...
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sábado, 6 de septiembre de 2014
domingo, 8 de septiembre de 2013
Corazón de León
La vida te regala cosas que difícilmente podremos devolver con esa esencia, grandeza, sentimiento y alegría.
Creo en el cociente de optimismo, soy fan de contagiar ilusión por cosas reales, por querer luchar, por trabajar, por soñar despiertos disfrutando del cuando, del ahora. El futuro es hoy, y el presente, un regalo.
Un convencido de que la actitud es lo que realmente diferencia a las personas, las ganas, la inteligencia. Es imposible ser inteligente si no tienes una gran actitud.
Decía lo de los regalos de la vida y el cociente de optimismo porque van inexorablemente ligados, una cosa lleva la otra. Siempre.
De repente, hay experiencias, que quizá hayas vivido un montón de veces, pero eran otras circunstancias. Haces en la película de tu vida un "stop" para observar, paladear cada carcajada, cada abrazo, para escuchar y quedarte hasta las mil compartiendo vida, vivir miradas bestialmente geniales, anécdotas, vivencias y arreglar el mundo, te quedas hasta las mil, no vaya a ser que nos perdamos sentimientos de unos y de otros.
Todos esas vivencias, esos miles de detalles que se suceden, bien valen una vida. O mil.
Aunque las viviera, jamás encontraría a nadie como ellos.
A punto de los 38, 85 kg, directivo, mirando al mar, a 350 km de abrazos de mis padres, mis hermanos y amigos, uno ha de apretar fuerte para que en la despedida no salte alguna lágrima, de ésas que caen entre la ilusión y la alegría por tener todo aquello y la tristeza del hasta luego.
Son las ganas, la ilusión, lo que mueve al mundo, a las personas como tú y como yo.
Paras. Y piensas. Sonríes grande... aprietas el puño y saltas, y quizá te veas a las tantas de la mañana en tu jardín dando gracias por contar con todo eso y más. Te veas apretando dientes diciendo "vamos!" y quieras contagiar al mundo para que nos lo podamos comer con patatas.
Tienen Corazón de León.
Creo en el cociente de optimismo, soy fan de contagiar ilusión por cosas reales, por querer luchar, por trabajar, por soñar despiertos disfrutando del cuando, del ahora. El futuro es hoy, y el presente, un regalo.
Un convencido de que la actitud es lo que realmente diferencia a las personas, las ganas, la inteligencia. Es imposible ser inteligente si no tienes una gran actitud.
Decía lo de los regalos de la vida y el cociente de optimismo porque van inexorablemente ligados, una cosa lleva la otra. Siempre.
De repente, hay experiencias, que quizá hayas vivido un montón de veces, pero eran otras circunstancias. Haces en la película de tu vida un "stop" para observar, paladear cada carcajada, cada abrazo, para escuchar y quedarte hasta las mil compartiendo vida, vivir miradas bestialmente geniales, anécdotas, vivencias y arreglar el mundo, te quedas hasta las mil, no vaya a ser que nos perdamos sentimientos de unos y de otros.
Todos esas vivencias, esos miles de detalles que se suceden, bien valen una vida. O mil.
Aunque las viviera, jamás encontraría a nadie como ellos.
A punto de los 38, 85 kg, directivo, mirando al mar, a 350 km de abrazos de mis padres, mis hermanos y amigos, uno ha de apretar fuerte para que en la despedida no salte alguna lágrima, de ésas que caen entre la ilusión y la alegría por tener todo aquello y la tristeza del hasta luego.
Son las ganas, la ilusión, lo que mueve al mundo, a las personas como tú y como yo.
Paras. Y piensas. Sonríes grande... aprietas el puño y saltas, y quizá te veas a las tantas de la mañana en tu jardín dando gracias por contar con todo eso y más. Te veas apretando dientes diciendo "vamos!" y quieras contagiar al mundo para que nos lo podamos comer con patatas.
Tienen Corazón de León.
jueves, 25 de julio de 2013
El tren de Santiago
Te imagino en el tren. Mirando la ventana como pasan los árboles rápido, dejando que el sol bañe tu rostro y con la tripa nerviosa por ir con los tuyos.
Te veo vestido, con unas bermudas, cómodo, ilusionado por unas vacaciones merecidas, haciendo planes y pensando en los abrazos con tus padres, en las risas con los amigos, en tu sofá, volver al hogar de donde te fuiste para crecer y vivir.
Vas eligiendo canciones animadas y otras que te hacen pensar, recordar, aprietas dientes y regalas sonrisas a los niños que juegan en el vagón a ser pilotos.
Miras de vez en cuando a la señora mayor que tienes a tu lado, a ésa que ayudaste con la maleta y que te habla de sus nietos y de lo mayor que está, pero que guarda toda la ilusión por pasar unas vacaciones con su hija.
La tranquilizas diciendo que le ayudarás al llegar a la estación. Te coge la mano, con dulzura, mientras esboza esa sonrisa que sólo los mayores regalan. Se toquitea compulsivamente la costura de la falda -algo vieja-, nerviosa por ver, por compartir, por sentir ese abrazo grande, y esos besucones a los suyos.
Encima tuyo, maletas, bolsas, mochilas y paquetes que guardan vidas, sueños, quizá regalos, que llevan allá donde uno empieza a ser uno mismo, y poder respirar, volver a verte.
Es el viaje de los sueños. Es el regalo más grande que jamás podrás dar, y te podrán ofrecer.
La ilusión del amor real, la ilusión de la familia, de los amigos grandes, de la tranquilidad, de un libro a la orilla del mar, de atardeceres y amaneceres que guardarás el resto de tu vida.
Puede que allá quedaran ochenta cuerpos, pero amigo mío, tus sueños vuelan, tu alma vive, todas las almas que allí están, continúan estirando la mano para tocar, siguen en la memoria de todos los que os esperaban, que tuvieron la suerte, la gran suerte de la vida, de poder compartir con vosotros una vida llena de alegrías, y que fue por ellos, por compartir, por sentir, por lo que distéis la vida.
Va por ellos, por todas las personas que viajaron en el vagón de los sueños y nos regalaron mil vidas, millones de sonrisas, de hombros alzados, de caricias, consejos y susurros.
Allá va, al cielo, el tren de Santiago. El tren de los sueños.
Te veo vestido, con unas bermudas, cómodo, ilusionado por unas vacaciones merecidas, haciendo planes y pensando en los abrazos con tus padres, en las risas con los amigos, en tu sofá, volver al hogar de donde te fuiste para crecer y vivir.
Vas eligiendo canciones animadas y otras que te hacen pensar, recordar, aprietas dientes y regalas sonrisas a los niños que juegan en el vagón a ser pilotos.
Miras de vez en cuando a la señora mayor que tienes a tu lado, a ésa que ayudaste con la maleta y que te habla de sus nietos y de lo mayor que está, pero que guarda toda la ilusión por pasar unas vacaciones con su hija.
La tranquilizas diciendo que le ayudarás al llegar a la estación. Te coge la mano, con dulzura, mientras esboza esa sonrisa que sólo los mayores regalan. Se toquitea compulsivamente la costura de la falda -algo vieja-, nerviosa por ver, por compartir, por sentir ese abrazo grande, y esos besucones a los suyos.
Encima tuyo, maletas, bolsas, mochilas y paquetes que guardan vidas, sueños, quizá regalos, que llevan allá donde uno empieza a ser uno mismo, y poder respirar, volver a verte.
Es el viaje de los sueños. Es el regalo más grande que jamás podrás dar, y te podrán ofrecer.
La ilusión del amor real, la ilusión de la familia, de los amigos grandes, de la tranquilidad, de un libro a la orilla del mar, de atardeceres y amaneceres que guardarás el resto de tu vida.
Puede que allá quedaran ochenta cuerpos, pero amigo mío, tus sueños vuelan, tu alma vive, todas las almas que allí están, continúan estirando la mano para tocar, siguen en la memoria de todos los que os esperaban, que tuvieron la suerte, la gran suerte de la vida, de poder compartir con vosotros una vida llena de alegrías, y que fue por ellos, por compartir, por sentir, por lo que distéis la vida.
Va por ellos, por todas las personas que viajaron en el vagón de los sueños y nos regalaron mil vidas, millones de sonrisas, de hombros alzados, de caricias, consejos y susurros.
Allá va, al cielo, el tren de Santiago. El tren de los sueños.
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jueves, 16 de mayo de 2013
Velad armas
La tierra embarrada. Las tierras del norte poseen el don de calar frío y lluvia hasta los huesos. Las tiendas apenas se sostienen. Cubiertos de barro hasta las orejas, llegamos ayer después de más de un mes recorriendo esta maldita nación.
Esta puede ser la última noche. Nuestra última noche. Mi última noche. Y tengo miedo. Rabia, ira y miedo. Morir no debe ser agradable cuando tienes asegurado el dolor, desangrarse y gritos.
Escucho a los hombres recordar historias, anécdotas de sus pueblos y sus familias. Algunos hablan de sus hijos emocionados, aprietan las manos, y se esconden tras el emblema embarrado para que no veamos sus lágrimas.
Otros beben, como quien se ha rendido ya, y prefieren no ser ellos al enfrentarse, en el fondo, a sus miedos y sus pesadillas.
Otros padres, sólo te das cuenta que son padres por el anillo. Ni un recuerdo para sus hijos, ni un detalle para su esposa, sólo hablan de ellos. A algunos, les trajo aquí el salir de sus prisiones, sus casas, otrosa vinieron por honor y cumplir, y otros por necesidad para poder llevar un trozo de pan a la mesa de su familia, en su hogar.
No podemos calentarnos, el jarreo del agua impide el fuego. No podemos huir de nuestros compañeros, así que sólo queda escuchar y compartir.
Algunos juegan con sus tambores, absortos. Otros escribimos forzando vista con la poca luz que nos dan algunas velas mal puestas, aunque suficiente para ver las caras y gestos de los hombres.
Hablaba de los padres que sólo son por anillo. Me entra aún más frío al comprobar que en el fondo, tal y como hablan, tal y como hacen, jamás entendieron lo que significa amar y querer, ni a esposa ni a hijos. No significa que sean malas personas, significa que no han entendido, en la más que probable última noche de su vida, lo que significa querer de verdad, y que es mejor estar alejados de ellos en el campo de batalla, no cuentes con su apoyo, lo más probable es que se escondan tras cuerpos ya inertes o no muevan un dedo para salvar tu pellejo. Si no fueron generosos, y valientes con sangre de su sangre, ¿por qué lo iban a ser contigo?.
Velamos armas, hermanos.
Llegan a mi cabeza unas palabras que me han acompañado durante años, y que hoy, tienen más sentido que nunca: " En la noche que me envuelve, llena como un pozo insondable, doy gracias al Dios que fuere, por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias no he gemido ni llorado;ante las puñaladas del azar, si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos, acecha la oscuridad, con su horror.
No obstante, la amenza de los años me haya, y me hallará... sin temor.
No importa cuan recto haya sido el camino, ni cuantos castigos lleve a la espalda...
Soy el amo de mi destino... Soy el Capitán de mi alma".
Se acerca el alba, la lluvia cesa poco a poco, los hombres salen. Buscan a dos soldados que huyeron. Eran de mi tienda. Eran aquellos padres y maridos cobardes. Ni siquiera el honor de dar la vida por los suyos, quienes consideraban y decían ser sus hermanos, ha podido contra sus propias almas tacañas.
Formamos para la victoria. Los estandartes, banderas y blasones se alzan mirando al cielo rogando una ayuda que Dios sabe necesitamos.
Empuño mi lanza, es la primera línea, la de ataque y la defensa, observo mis botas embarradas, me unto de barro las manos para poder sujetar fuerte y oler a la tierra que me dio la vida.
Los tambores ordenan avanzar.
Casi cuatro mil almas cumplimos, con paso firme y mirada al cielo. Al este un bosque. El bosque de los lobos lo llaman.
Recuerdo entonces a los dos traidores, Alain y Eduard. Me vienen chispazos suyos, y entiendo, una vez más por lo que quiero luchar, por lo que voy a desgarrar y matar, para no tener a gente como ellos a mi lado, incapaces de dar, de entender y de sentir. Recuerdo a sus mujeres y sus hijos, ya muertos en vida por tener a alguien así como padre y marido.
Tras un día entero de batalla, quedamos pocos. Aterrado. Con las piernas aún temblando por todo lo vivido, estoy herido. Oigo gritar y gemir, pedir ayuda entre pilas de hombres vivos y muertos.
Decidimos adentrarnos en el bosque, en busca de refugio y madera para calentarnos, poder curar a los pocos que quedan, y descansar cuerpo y mente.
Tras cuatro horas caminando como podíamos, retrasados por los enfermos y con poca agua, ahí estaban.
Eduard y Alain. Devorados por los lobos.
Entonces pensé: " De ti mismo, no te puedes escapar nunca".
Esta puede ser la última noche. Nuestra última noche. Mi última noche. Y tengo miedo. Rabia, ira y miedo. Morir no debe ser agradable cuando tienes asegurado el dolor, desangrarse y gritos.
Escucho a los hombres recordar historias, anécdotas de sus pueblos y sus familias. Algunos hablan de sus hijos emocionados, aprietan las manos, y se esconden tras el emblema embarrado para que no veamos sus lágrimas.
Otros beben, como quien se ha rendido ya, y prefieren no ser ellos al enfrentarse, en el fondo, a sus miedos y sus pesadillas.
Otros padres, sólo te das cuenta que son padres por el anillo. Ni un recuerdo para sus hijos, ni un detalle para su esposa, sólo hablan de ellos. A algunos, les trajo aquí el salir de sus prisiones, sus casas, otrosa vinieron por honor y cumplir, y otros por necesidad para poder llevar un trozo de pan a la mesa de su familia, en su hogar.
No podemos calentarnos, el jarreo del agua impide el fuego. No podemos huir de nuestros compañeros, así que sólo queda escuchar y compartir.
Algunos juegan con sus tambores, absortos. Otros escribimos forzando vista con la poca luz que nos dan algunas velas mal puestas, aunque suficiente para ver las caras y gestos de los hombres.
Hablaba de los padres que sólo son por anillo. Me entra aún más frío al comprobar que en el fondo, tal y como hablan, tal y como hacen, jamás entendieron lo que significa amar y querer, ni a esposa ni a hijos. No significa que sean malas personas, significa que no han entendido, en la más que probable última noche de su vida, lo que significa querer de verdad, y que es mejor estar alejados de ellos en el campo de batalla, no cuentes con su apoyo, lo más probable es que se escondan tras cuerpos ya inertes o no muevan un dedo para salvar tu pellejo. Si no fueron generosos, y valientes con sangre de su sangre, ¿por qué lo iban a ser contigo?.
Velamos armas, hermanos.
Llegan a mi cabeza unas palabras que me han acompañado durante años, y que hoy, tienen más sentido que nunca: " En la noche que me envuelve, llena como un pozo insondable, doy gracias al Dios que fuere, por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias no he gemido ni llorado;ante las puñaladas del azar, si bien he sangrado, jamás me he postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos, acecha la oscuridad, con su horror.
No obstante, la amenza de los años me haya, y me hallará... sin temor.
No importa cuan recto haya sido el camino, ni cuantos castigos lleve a la espalda...
Soy el amo de mi destino... Soy el Capitán de mi alma".
Se acerca el alba, la lluvia cesa poco a poco, los hombres salen. Buscan a dos soldados que huyeron. Eran de mi tienda. Eran aquellos padres y maridos cobardes. Ni siquiera el honor de dar la vida por los suyos, quienes consideraban y decían ser sus hermanos, ha podido contra sus propias almas tacañas.
Formamos para la victoria. Los estandartes, banderas y blasones se alzan mirando al cielo rogando una ayuda que Dios sabe necesitamos.
Empuño mi lanza, es la primera línea, la de ataque y la defensa, observo mis botas embarradas, me unto de barro las manos para poder sujetar fuerte y oler a la tierra que me dio la vida.
Los tambores ordenan avanzar.
Casi cuatro mil almas cumplimos, con paso firme y mirada al cielo. Al este un bosque. El bosque de los lobos lo llaman.
Recuerdo entonces a los dos traidores, Alain y Eduard. Me vienen chispazos suyos, y entiendo, una vez más por lo que quiero luchar, por lo que voy a desgarrar y matar, para no tener a gente como ellos a mi lado, incapaces de dar, de entender y de sentir. Recuerdo a sus mujeres y sus hijos, ya muertos en vida por tener a alguien así como padre y marido.
Tras un día entero de batalla, quedamos pocos. Aterrado. Con las piernas aún temblando por todo lo vivido, estoy herido. Oigo gritar y gemir, pedir ayuda entre pilas de hombres vivos y muertos.
Decidimos adentrarnos en el bosque, en busca de refugio y madera para calentarnos, poder curar a los pocos que quedan, y descansar cuerpo y mente.
Tras cuatro horas caminando como podíamos, retrasados por los enfermos y con poca agua, ahí estaban.
Eduard y Alain. Devorados por los lobos.
Entonces pensé: " De ti mismo, no te puedes escapar nunca".
lunes, 25 de febrero de 2013
Se llama Pablo
Vino a verme el otro día a casa. :) Lo tenía en mis rodillas, en la cama. Hay pocas cosas que den tanto placer que acurrucarte con quien amas.
Mira queriendo aprender todo, observa con ese brillo que sólo da la ilusión y la alegría, el amor sincero que dura siempre, y supongo que se hará mil preguntas del por qué de todo.
Le acariciaba y sonreía. Reía a su manera y paraba rápido. Quería más. Ruidos raros y juegos, eso quería, como todos l@s niñ@s. No hay ilusión en un niñ@ si no se juega con ell@s, les gusta hacer el tonto tirado en el suelo o en una alfombra. Jugar y aprender.
Con la luz tenue, agarraba con fuerza mis dedos con las dos manos, aferrándose así a la seguridad de unas manos fuertes. Tienen instinto de supervivencia, son conscientes de su debilidad.
Le miraba pensando en todo lo que tiene, y todo lo que viene.
Tiene unos padres fantásticos.
Unos padres fantásticos no significa que se preocupen porque siempre tenga un plato en la mesa y esté cuidado.
Significa amor con mayúsculas, siempre, sin distinción, significa darse, generosidad a borbotones, respeto. Significa, un martes cualquiera, a cualquier hora, dar un abrazo y escuchar un verdadero te quiero en el pasillo de casa. Eso lo tiene.
Cuanto más me agarraba, y sonreía, más pensaba en lo que se va encontrar en el camino de la vida. Encontrarás dragones, sentirás el aliento de los cobardes, de los que huyen cuando les vence el interés, te toparás con la mentira, habrá días que sentirás que el mundo se termina, llorarás por amor, y sudarás para abrirte camino en lo profesional.
Pero también habrá miles de cosas por las que reír hasta no poder parar, verás la luz de la amistad, sentirás el hombro sincero de los amigos, escucharás como susurrando, te dicen "te amo", tocarás el cielo, veras brillar tus ojos y sus ojos, vivirás pleno, vivirás el mar, las noches estrelladas, bailar, brindar, conocerás mundo y gentes, acariciaras una mano que te haga sentir cada latido, te acurrucarás como yo te acurruco ahora queriendo que el mundo se pare, soñarás lo que vivas, y vivirás tus sueños.
En todo ese camino, todo, aquí tendrás a un padrino, y un tío, que si quieres, te acompañará de la mano, y un día, puedas decir orgulloso que fuiste tú y luchaste por todo lo que amabas.
Mira queriendo aprender todo, observa con ese brillo que sólo da la ilusión y la alegría, el amor sincero que dura siempre, y supongo que se hará mil preguntas del por qué de todo.
Le acariciaba y sonreía. Reía a su manera y paraba rápido. Quería más. Ruidos raros y juegos, eso quería, como todos l@s niñ@s. No hay ilusión en un niñ@ si no se juega con ell@s, les gusta hacer el tonto tirado en el suelo o en una alfombra. Jugar y aprender.
Con la luz tenue, agarraba con fuerza mis dedos con las dos manos, aferrándose así a la seguridad de unas manos fuertes. Tienen instinto de supervivencia, son conscientes de su debilidad.
Le miraba pensando en todo lo que tiene, y todo lo que viene.
Tiene unos padres fantásticos.
Unos padres fantásticos no significa que se preocupen porque siempre tenga un plato en la mesa y esté cuidado.
Significa amor con mayúsculas, siempre, sin distinción, significa darse, generosidad a borbotones, respeto. Significa, un martes cualquiera, a cualquier hora, dar un abrazo y escuchar un verdadero te quiero en el pasillo de casa. Eso lo tiene.
Cuanto más me agarraba, y sonreía, más pensaba en lo que se va encontrar en el camino de la vida. Encontrarás dragones, sentirás el aliento de los cobardes, de los que huyen cuando les vence el interés, te toparás con la mentira, habrá días que sentirás que el mundo se termina, llorarás por amor, y sudarás para abrirte camino en lo profesional.
Pero también habrá miles de cosas por las que reír hasta no poder parar, verás la luz de la amistad, sentirás el hombro sincero de los amigos, escucharás como susurrando, te dicen "te amo", tocarás el cielo, veras brillar tus ojos y sus ojos, vivirás pleno, vivirás el mar, las noches estrelladas, bailar, brindar, conocerás mundo y gentes, acariciaras una mano que te haga sentir cada latido, te acurrucarás como yo te acurruco ahora queriendo que el mundo se pare, soñarás lo que vivas, y vivirás tus sueños.
En todo ese camino, todo, aquí tendrás a un padrino, y un tío, que si quieres, te acompañará de la mano, y un día, puedas decir orgulloso que fuiste tú y luchaste por todo lo que amabas.
lunes, 9 de enero de 2012
Copy- paste
Aprietas el botón del mando a distancia, pensando en entretenerte, aprender incluso, de algo de lo que ponen en esa caja a la que hemos hecho ama y señora de nuestro salón en nuestras casas. Ellas, - las televisiones- presiden el lugar donde la mayor parte de nosotros pasamos la mayor parte de nuestras vidas cuando queremos disfrutar de hogar y familia. Ella nos alimenta y nos vigila, nos dice lo que es verdad y lo que no, y además, le creemos.
Escupe imágenes y sonidos que terminan metiéndose en un cerebro que acaba acostumbrándose al "darme todo hecho".
Uno hace zapping buscando en la TDT algún programa, peli o algo que merece la pena, mientras se encuentra a 7 ú 8 energúmen@s discutiendo acaloradamente,- poniendo la vida y las entrañas en ello - sobre si la depilación de Belén Esteban era oportuna o no. Han exprimido tanto la teta del cotilleo que ahora ya no hablan de la vida de los famosos, si no también de la vida de l@s que hablan de los famosos.
Programas de vergüenza. Una parrilla y algunos canales que uno opta por desintonizar. Ver la parrilla de la TDT es una desesperada búsqueda, es más fácil que te toque la lotería a que encuentres algo realmente entretenido, interesante o bien hecho.
Gran Hermano, Supervivientes, Sálvame diario, Sálvame de Luxe (¿?), Operación Triunfo, Granjeros, dónde estás corazón, la noria, el diario de Juana, cientos de horas, de programas...
Váyanse a la mierda, oiga.
Y es que luego pasa lo que pasa. Chavales de 16 años incapaces de decir los continentes, las capitales de provincia, o el puñetero nombre del presidente del gobierno de turno.
Y además nos da igual lo que digan los informes internacionales de PISA o cualquiera sobre la educación en nuestros país, los valores y el nivel académico.
Es mejor poner la Wii, o la PSP que aprender a leer, a sumar y restar, a jugar creciendo y aprendiendo, compartir eso con nuestros hij@s y chavales, donde va a parar.
Estamos tan ocupados... estamos tan ocupados que hemos olvidado cual es realmente nuestra principal ocupación.
Nuestros padres aprendieron a esforzarse, a tener que luchar, a aprovechar lo poco que tenían y les daba la vida para seguir adelante.
Nosotros aprovechamos nuestros avances para hacer más lerdos en menos tiempo, y vamos ganando. Hacer un copy-paste y palante. Rápido y fácil.
Los maestros, -esos que ayudan a educar y enseñan a nuestros hij@s, a nuestros sobrin@s y niet@s- han perdido cualquier esperanza de poder realizar una educación global y de verdad de la mano de sus padres. Se juegan una denuncia, y oiga, si usted no quiere educar a su hijo, yo no soy su padre o su madre. Usted verá.
Y en esas estamos hoy, en el copy-paste, hasta que un día, de repente, nos miremos todos con cara de imbéciles, nos echemos las manos a la cabeza y digamos que la culpa es del gobierno y de su plan de educación.
Todo sea ciscarnos en la madre de los demás para no querer asumir nuestras responsabilidades de abuelos, tíos o padres.
Escupe imágenes y sonidos que terminan metiéndose en un cerebro que acaba acostumbrándose al "darme todo hecho".
Uno hace zapping buscando en la TDT algún programa, peli o algo que merece la pena, mientras se encuentra a 7 ú 8 energúmen@s discutiendo acaloradamente,- poniendo la vida y las entrañas en ello - sobre si la depilación de Belén Esteban era oportuna o no. Han exprimido tanto la teta del cotilleo que ahora ya no hablan de la vida de los famosos, si no también de la vida de l@s que hablan de los famosos.
Programas de vergüenza. Una parrilla y algunos canales que uno opta por desintonizar. Ver la parrilla de la TDT es una desesperada búsqueda, es más fácil que te toque la lotería a que encuentres algo realmente entretenido, interesante o bien hecho.
Gran Hermano, Supervivientes, Sálvame diario, Sálvame de Luxe (¿?), Operación Triunfo, Granjeros, dónde estás corazón, la noria, el diario de Juana, cientos de horas, de programas...
Váyanse a la mierda, oiga.
Y es que luego pasa lo que pasa. Chavales de 16 años incapaces de decir los continentes, las capitales de provincia, o el puñetero nombre del presidente del gobierno de turno.
Y además nos da igual lo que digan los informes internacionales de PISA o cualquiera sobre la educación en nuestros país, los valores y el nivel académico.
Es mejor poner la Wii, o la PSP que aprender a leer, a sumar y restar, a jugar creciendo y aprendiendo, compartir eso con nuestros hij@s y chavales, donde va a parar.
Estamos tan ocupados... estamos tan ocupados que hemos olvidado cual es realmente nuestra principal ocupación.
Nuestros padres aprendieron a esforzarse, a tener que luchar, a aprovechar lo poco que tenían y les daba la vida para seguir adelante.
Nosotros aprovechamos nuestros avances para hacer más lerdos en menos tiempo, y vamos ganando. Hacer un copy-paste y palante. Rápido y fácil.
Los maestros, -esos que ayudan a educar y enseñan a nuestros hij@s, a nuestros sobrin@s y niet@s- han perdido cualquier esperanza de poder realizar una educación global y de verdad de la mano de sus padres. Se juegan una denuncia, y oiga, si usted no quiere educar a su hijo, yo no soy su padre o su madre. Usted verá.
Y en esas estamos hoy, en el copy-paste, hasta que un día, de repente, nos miremos todos con cara de imbéciles, nos echemos las manos a la cabeza y digamos que la culpa es del gobierno y de su plan de educación.
Todo sea ciscarnos en la madre de los demás para no querer asumir nuestras responsabilidades de abuelos, tíos o padres.
jueves, 29 de diciembre de 2011
The End
Voilé. C'est fini. Nuestro amigo 2011 termina.
Echar la vista atrás y mirar como ha cambiado toda una vida a uno le llena de ilusión, de esperanza y también pena por quienes se perdieron en el camino o uno no los supo atrapar como debe. De todo hay.
Los marineros somos gente de sal y también sol, viento y vela, abordajes y bodegas, puertos y amaneceres, noches soñando despierto y esperar que el alba bañe nuestro navío.
Nosotros también decidimos en qué cruzada luchar, que bandera lucir y que estandarte y blasón juramos defender.
Nadie nace. Se hace. Siempre.
Leyendo el Diario de a Bordo uno revive como comenzó este 2011, sus esperanzas, sus ideas, guerras y amores que iba regalando esta brava mar.
Ni ojo vio, ni oído escuchó, ni mente humana imaginó todo lo que aquí iba a suceder.
Hoy, meses más tarde, navegando a la vera del amor enorme, compartiendo timón y rumbo hacia el aquí y ahora y aún con batallas perdidas y ducados abordados me gustaría subir al palo mayor y gritar al mundo, al mundo entero; que es posible, que tú y yo podemos hacer de cada día algo nuevo, algo grande. Brutal.
Al 2012 le pido fuerza, fuerza para cuidar a los míos, para no confundirme y saber distinguir, fuerza para tener salud y compartir mil cruzadas más.
La ilusión... la ilusión la pongo yo.
Os deseo a todos un 2012 realmente espectacular.
Echar la vista atrás y mirar como ha cambiado toda una vida a uno le llena de ilusión, de esperanza y también pena por quienes se perdieron en el camino o uno no los supo atrapar como debe. De todo hay.
Los marineros somos gente de sal y también sol, viento y vela, abordajes y bodegas, puertos y amaneceres, noches soñando despierto y esperar que el alba bañe nuestro navío.
Nosotros también decidimos en qué cruzada luchar, que bandera lucir y que estandarte y blasón juramos defender.
Nadie nace. Se hace. Siempre.
Leyendo el Diario de a Bordo uno revive como comenzó este 2011, sus esperanzas, sus ideas, guerras y amores que iba regalando esta brava mar.
Ni ojo vio, ni oído escuchó, ni mente humana imaginó todo lo que aquí iba a suceder.
Hoy, meses más tarde, navegando a la vera del amor enorme, compartiendo timón y rumbo hacia el aquí y ahora y aún con batallas perdidas y ducados abordados me gustaría subir al palo mayor y gritar al mundo, al mundo entero; que es posible, que tú y yo podemos hacer de cada día algo nuevo, algo grande. Brutal.
Al 2012 le pido fuerza, fuerza para cuidar a los míos, para no confundirme y saber distinguir, fuerza para tener salud y compartir mil cruzadas más.
La ilusión... la ilusión la pongo yo.
Os deseo a todos un 2012 realmente espectacular.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Aquel olor...
Abrir aquella puerta era abrir una puerta a la ternura, a la felicidad y a la bondad infinita. Esperar lentamente a que las luces de navidad iluminaran la entrada de una casa humilde pero con corazones tan grandes que te hacían temblar de emoción.
De repente, dos caras sonriendo, abrazos, olor a madera, a espumillón, a musgo y a figurillas de Belén.
María y Elena. Así se llamaban. Mis tías Mari y Elena.
Era un regalo pasar las navidades con ellas en San Sebastián, siempre arropados, cuidados, besucones.
Recuerdo las tazas del desayuno, no tenían nada especial, pero aquella mesa de la cocina, aquel mueble blanco precioso y tomarme una tostada escuchándoles, pensando en todo lo que íbamos a hacer era un regalazo.
Jugaba hasta la saciedad, y sigo teniendo la sensación de felicidad constante al recordarles. Es lo más grande que puedes pensar de alguien. Que te da la felicidad.
Han pasado veinte años de todo eso, y ya ves, sigo acordándome de ellas muchísimo. Sigo queriendo recordar aquel olor, aquellas sensaciones y les dedico los olores y las sensaciones que vivo hoy.
Tengo la suerte de compartir camino y vida con una mujer realmente increíble, con la que vivo olores y mil sensaciones, hogar y una enana impresionante. Mis niñas Silvia y Marta.
La navidad es familia, y tengo a la mejor, son padres y hermanos rebosantes de generosidad y amor con mayúsculas.
Siempre que llega la navidad me acuerdo de un montón de personas, me pregunto que harán y cómo estarán, de los que sigo teniendo contacto y también de aquell@s que pasaron y forman parte de uno.
Como describir todo lo que siento y lo feliz que me hacen, como decir que los amig@s y la gran familia hacen a uno pleno, a sonreír sin motivo, a llorar de emoción.
Feliz Navidad a tod@s!!!
De repente, dos caras sonriendo, abrazos, olor a madera, a espumillón, a musgo y a figurillas de Belén.
María y Elena. Así se llamaban. Mis tías Mari y Elena.
Era un regalo pasar las navidades con ellas en San Sebastián, siempre arropados, cuidados, besucones.
Recuerdo las tazas del desayuno, no tenían nada especial, pero aquella mesa de la cocina, aquel mueble blanco precioso y tomarme una tostada escuchándoles, pensando en todo lo que íbamos a hacer era un regalazo.
Jugaba hasta la saciedad, y sigo teniendo la sensación de felicidad constante al recordarles. Es lo más grande que puedes pensar de alguien. Que te da la felicidad.
Han pasado veinte años de todo eso, y ya ves, sigo acordándome de ellas muchísimo. Sigo queriendo recordar aquel olor, aquellas sensaciones y les dedico los olores y las sensaciones que vivo hoy.
Tengo la suerte de compartir camino y vida con una mujer realmente increíble, con la que vivo olores y mil sensaciones, hogar y una enana impresionante. Mis niñas Silvia y Marta.
La navidad es familia, y tengo a la mejor, son padres y hermanos rebosantes de generosidad y amor con mayúsculas.
Siempre que llega la navidad me acuerdo de un montón de personas, me pregunto que harán y cómo estarán, de los que sigo teniendo contacto y también de aquell@s que pasaron y forman parte de uno.
Como describir todo lo que siento y lo feliz que me hacen, como decir que los amig@s y la gran familia hacen a uno pleno, a sonreír sin motivo, a llorar de emoción.
Feliz Navidad a tod@s!!!
jueves, 22 de septiembre de 2011
36 veranos
Se dice pronto. Vivir 36 veranos.
Equivocarse: Tener o tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente.
Aprender: Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.
De esto se trata. De equivocarse y aprender.
Somos halcones de nuestro tiempo. Halcones con bocas enormes que se atreven a juzgar cada día y hablar de más cuando no toca. Verdaderos guardianes de lo ajeno. Master en recursos ajenos y además compartirlo con quien no toca. Hemos hecho de la discreción algo realmente raro y especial.
Equivocarse y aprender, es un derecho. Cuando detienen a la gente deberían decirlo. Tiene usted derecho a guardar silencio, a un abogado, si no se puede pagar uno el Estado le asignará uno de oficio, a defenderse, y a equivocarse y luego aprender.
Es inevitable -al menos para mí- evaluar más a fondo cuando se acerca mi cumpleaños. Como todos, me he confundido mil veces. Y en esas estoy, queriendo aprender y mejorar cada día. Tengo la gran suerte, además, que mi trabajo sirve para eso, para que los demás también aprendan y mejoren.
Hay gente que dice que no vale arrepentirse, que lo que vale es aprender. Según lo que haya hecho, oiga. Que hay errores de los que sería mejor no tener que haber aprendido.
Supongo que nos pasa a todos eso de vernos y no creernos que tenemos esos añitos. La realidad es que sí, que los tenemos, y eso significa que se han vivido millones, y que, uno no sabe cuando termina esto, pero que merece la pena y mucho aquello de este minuto no vuelve.
No me quedo con ninguna edad, con la que tengo, que seguro que tiene y estoy viviendo un montón de cosas buenas que disfrutar y compartir con quien merece la pena.
A todos los que durante estos años me habéis ayudado a ser feliz, gracias, muchísimas gracias. A los otros... gracias también, por que así uno sabe también lo que no quiere, y eso es importante.
Hay dos personas a las que aunque viviera 30 vidas de mil años, jamás podría agradecer como se han portado y todo lo que son para mí. Suelo decir a mis amigos, que ellos tienen excelentes padres, pero que yo, sencillamente, tengo a los mejores.
Equivocarse: Tener o tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente.
Aprender: Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia.
De esto se trata. De equivocarse y aprender.
Somos halcones de nuestro tiempo. Halcones con bocas enormes que se atreven a juzgar cada día y hablar de más cuando no toca. Verdaderos guardianes de lo ajeno. Master en recursos ajenos y además compartirlo con quien no toca. Hemos hecho de la discreción algo realmente raro y especial.
Equivocarse y aprender, es un derecho. Cuando detienen a la gente deberían decirlo. Tiene usted derecho a guardar silencio, a un abogado, si no se puede pagar uno el Estado le asignará uno de oficio, a defenderse, y a equivocarse y luego aprender.
Es inevitable -al menos para mí- evaluar más a fondo cuando se acerca mi cumpleaños. Como todos, me he confundido mil veces. Y en esas estoy, queriendo aprender y mejorar cada día. Tengo la gran suerte, además, que mi trabajo sirve para eso, para que los demás también aprendan y mejoren.
Hay gente que dice que no vale arrepentirse, que lo que vale es aprender. Según lo que haya hecho, oiga. Que hay errores de los que sería mejor no tener que haber aprendido.
Supongo que nos pasa a todos eso de vernos y no creernos que tenemos esos añitos. La realidad es que sí, que los tenemos, y eso significa que se han vivido millones, y que, uno no sabe cuando termina esto, pero que merece la pena y mucho aquello de este minuto no vuelve.
No me quedo con ninguna edad, con la que tengo, que seguro que tiene y estoy viviendo un montón de cosas buenas que disfrutar y compartir con quien merece la pena.
A todos los que durante estos años me habéis ayudado a ser feliz, gracias, muchísimas gracias. A los otros... gracias también, por que así uno sabe también lo que no quiere, y eso es importante.
Hay dos personas a las que aunque viviera 30 vidas de mil años, jamás podría agradecer como se han portado y todo lo que son para mí. Suelo decir a mis amigos, que ellos tienen excelentes padres, pero que yo, sencillamente, tengo a los mejores.
jueves, 1 de septiembre de 2011
El abuelo
Se llamaba Manuel. El abuelo Manolo.
Llevo ya muchos días fastidiado de salud y me ha dado por pensar en las limitaciones que el cuerpo nos va poniendo.
Era un hombre con una gran vitalidad, inteligente y de esos que se hicieron de verdad y con mayúsculas a sí mismo.
Pasé muchísimas horas a su lado, tirado en el suelo escuchándolo y poniendo cara de bobo. Contaba historias con enorme detalle, era un gran observador, millones de anécdotas, un gran narrador de su propia vida.
Mil historias, mil lecciones.
Me enseñó mucho, lo recuerdo y le echo de menos.
Debe ser muy complicado ver como tu cuerpo va diciendo para aunque tu cabeza quiera continuar en cosas tan simples como levantarse o ir de una habitación a otra, o un pequeño paseo. Es más complicado todavía si les sucede a gente activa, vital, que quiere aprender cada día y vivirlos de verdad.
Me pregunto que debió pensar a medida que esos días iban pasando y que no mejoraba. Ley de vida, dicen. Nos llegará a todos, nos cuentan.
Y qué. Razón de más para exprimir cada día.
Manuel recorrió medio mundo en barco, empezó desde abajo, sacó una familia adelante y dejó todo esto en casa de un hija y con un montón de gente que aún le siguen queriendo y le recuerdan.
Es una gran manera de pasar por aquí. Un gran resumen de una gran persona.
Gracias, abuelo!
Llevo ya muchos días fastidiado de salud y me ha dado por pensar en las limitaciones que el cuerpo nos va poniendo.
Era un hombre con una gran vitalidad, inteligente y de esos que se hicieron de verdad y con mayúsculas a sí mismo.
Pasé muchísimas horas a su lado, tirado en el suelo escuchándolo y poniendo cara de bobo. Contaba historias con enorme detalle, era un gran observador, millones de anécdotas, un gran narrador de su propia vida.
Mil historias, mil lecciones.
Me enseñó mucho, lo recuerdo y le echo de menos.
Debe ser muy complicado ver como tu cuerpo va diciendo para aunque tu cabeza quiera continuar en cosas tan simples como levantarse o ir de una habitación a otra, o un pequeño paseo. Es más complicado todavía si les sucede a gente activa, vital, que quiere aprender cada día y vivirlos de verdad.
Me pregunto que debió pensar a medida que esos días iban pasando y que no mejoraba. Ley de vida, dicen. Nos llegará a todos, nos cuentan.
Y qué. Razón de más para exprimir cada día.
Manuel recorrió medio mundo en barco, empezó desde abajo, sacó una familia adelante y dejó todo esto en casa de un hija y con un montón de gente que aún le siguen queriendo y le recuerdan.
Es una gran manera de pasar por aquí. Un gran resumen de una gran persona.
Gracias, abuelo!
lunes, 4 de abril de 2011
La Familia
Pocas cosas hay en la vida que no podamos decidir. Dos concretamente. El nacimiento, y la familia. Todo lo demás, piénsalo; lo decides tú.
Y sí, es cierto, no todas las familias son iguales, no todas apoyan, ayudan, escuchan; no todas educan y en poquitas se tiene esa sensación de "formar parte de".
Uno ha tenido - tiene - la suerte de conocer a mucha gente, he escuchado, visto y oído decenas de situaciones donde la palabra familia perdía todo su significado, perdía la esencia que desprende el calor de un hogar, esa que hace que te acurruques en su regazo, da igual que edad tengas, ni si tienes problemas o no, allí está, da calor siempre, cobijo, luz, esperanza, risa, hombro y alegría. Es una sensación espectacular.
Sólo se necesita una cosa: Hay que cuidarla, claro.
Cuidar a la familia es querer saber de ell@s, la mano tendida, la puerta abierta y el corazón hinchado cuando compartes.
Hay demasiadas familias sin demasiadas uniones, envidias y prejuicios, años guardando estupideces de cuando eran pequeños o no tanto y que el orgullo impide descolgar un teléfono o coger el coche y pulsar el timbre de una puerta que guarda a un hermano o una hermana, un primo o a tus padres.
Llevo algunos días pensando en todo esto, en lo importante que es para mí saber que cuentan conmigo y que cuento con ellos.
Soy un hijo, un hermano, un tío, un sobrino y un primo con suerte, de esos que sabe que ahí están, de ésos que se acuestan por la noche y hablando con la almohada tiene la sensación -por ser real- que esto no tiene precio, y que por ell@s hay que luchar hasta el final, porque, al fin y al cabo, ell@s estaban en un principio, estuvieron mientras, y estarán siempre.
Aprovecha a tu familia, llámales aunque no tengas nada que contar, pregúntales cómo va, haz por quedar, mímales y deja que te mimen.
Hay pocas cosas que llenen más que un abrazo sincero, que un "te quiero mucho" a alguien que te ha visto desde que eras un enano, que te ha visto confundirte mil veces, te ha visto llorar, reir, crecer, sentir, defender, jugar... Vivir!
Desde aquí un pequeño homenaje que querría ser grande a tod@s esas personas que cuidan de la familia; y en especial a mi familia por que me enseña cosas cada día, por estar ahí siempre, porque son increíbles.
Gracias! :)
Y sí, es cierto, no todas las familias son iguales, no todas apoyan, ayudan, escuchan; no todas educan y en poquitas se tiene esa sensación de "formar parte de".
Uno ha tenido - tiene - la suerte de conocer a mucha gente, he escuchado, visto y oído decenas de situaciones donde la palabra familia perdía todo su significado, perdía la esencia que desprende el calor de un hogar, esa que hace que te acurruques en su regazo, da igual que edad tengas, ni si tienes problemas o no, allí está, da calor siempre, cobijo, luz, esperanza, risa, hombro y alegría. Es una sensación espectacular.
Sólo se necesita una cosa: Hay que cuidarla, claro.
Cuidar a la familia es querer saber de ell@s, la mano tendida, la puerta abierta y el corazón hinchado cuando compartes.
Hay demasiadas familias sin demasiadas uniones, envidias y prejuicios, años guardando estupideces de cuando eran pequeños o no tanto y que el orgullo impide descolgar un teléfono o coger el coche y pulsar el timbre de una puerta que guarda a un hermano o una hermana, un primo o a tus padres.
Llevo algunos días pensando en todo esto, en lo importante que es para mí saber que cuentan conmigo y que cuento con ellos.
Soy un hijo, un hermano, un tío, un sobrino y un primo con suerte, de esos que sabe que ahí están, de ésos que se acuestan por la noche y hablando con la almohada tiene la sensación -por ser real- que esto no tiene precio, y que por ell@s hay que luchar hasta el final, porque, al fin y al cabo, ell@s estaban en un principio, estuvieron mientras, y estarán siempre.
Aprovecha a tu familia, llámales aunque no tengas nada que contar, pregúntales cómo va, haz por quedar, mímales y deja que te mimen.
Hay pocas cosas que llenen más que un abrazo sincero, que un "te quiero mucho" a alguien que te ha visto desde que eras un enano, que te ha visto confundirte mil veces, te ha visto llorar, reir, crecer, sentir, defender, jugar... Vivir!
Desde aquí un pequeño homenaje que querría ser grande a tod@s esas personas que cuidan de la familia; y en especial a mi familia por que me enseña cosas cada día, por estar ahí siempre, porque son increíbles.
Gracias! :)
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