domingo, 24 de agosto de 2014

Gracias

En el último día de unas merecidas vacaciones, en el momento en el que saltan a borbotones miles de momentos, vivencias geniales de ésas que quedan clavadas en el alma, pero todas para aprender, para crecer, juntos.
A ti, sí a ti, te doy las gracias. Unas gracias enormes, las mayores del mundo.
Gracias por compartir.
Gracias por estar siempre.
Gracias por dejarme disfrutarte.
Gracias por la confianza.
Gracias por tu lealtad.
Gracias por tu madurez.
Gracias por tu sinceridad bestial. Por darme y decirme, por hacerme crecer cada día, y que cada uno de ellos sea otro regalo.
Gracias por todos los momentos en los que uno pudo fallar y equivocarse y pararte para comprender, escuchar, y acompañarlo todo con la mayor de las sonrisas.
Gracias por hacerme sentir el hombre más importante del mundo.
Gracias por tu amor con mayúsculas.

Gracias, al final, porque uno cierra los ojos, y lo que quiere es tenerte siempre bien cerquita, aquí, a mi vera, mientras vive sueños.

Regalos.

sábado, 28 de junio de 2014

Érase una vez..

Así empiezan los cuentos que escuchábamos con la boca abierta cuando éramos enanos.

Te quedabas ensimismado, aunque lo hubieras oído mil veces y supieras como seguía la historia. Te la sabías de memoria. Pero daba igual. Lo importante, era quien te contaba la historia y cómo.
Era emocionante.
Pongamos ahora, que el cuento y la historia es la tuya. Te la están contando mientras la vives.
Es tu vida la que te están contando. Y es que la vida da muchas vueltas.
Probablemente - corrijo- seguro, jamás pensaste, por ejemplo, hace 10 años donde y como estarías ahora.
Es igual de emocionante. Damos pasos en la vida sin querer, queriendo.
Más tarde o más temprano, aunque a veces nos cueste verlo, vuelves a los orígenes. Somos como niños grandes. Quieres la pureza bien entendida, las cosas reales que duran y están siempre. Un día cualquiera, de un mes cualquiera, te darás cuenta, sonríendo, un montón de cosas que quizá no has querido ver y están. 
Sólo hay una vida. No es una mala noticia, al contrario, creo que es una noticia espectacular. Dura muchos días, pero sólo es una. Y además tampoco sabes cuando termina la peli.
Hablo de volver a los orígenes porque aún aprecias más, - sobre todo si estás lejos- millones de cosas que te hacen sonreir.
Tu familia, tus amigos, tus historias.
Es como si hoy, fueras a tu colegio, a ése que ibas cuando eras pequeño, imagínate, - pruébalo- y entraras en el aula, y estuviera allí tu pupitre, la misma pizarra, la misma vista desde la ventana de clase, el mismo suelo y olor. Vendrían a tu cabeza, a borbotones, mil vivencias, millones de sensaciones. De casi todas, guardas detrás una sonrisa.
A eso vamos, nos lleva la vida. A valorar las cosas y personas que han demostrado a todas que estarán allí. Irás a la familia, a los amigos de siempre y a quien te ama de verdad y bien.
Es brutal sentir que todo lo que te rodea es gigante.

Nunca te quites los méritos de haber conseguido eso, mantener, vivir y sentir. Esas cosas hay que regarlas, mimarlas.
Te encontrarás bailando y jugando con la vida, mientras el alma se ríe y tú lo transmites. Alucinante. 
Los cuentos siempre terminan "fueron felices y comieron perdices y colorín colorado este cuente se ha acabado". 

Puede que el secreto de tu cuento, de tu historia, creíste vivirla hace muchos años, muchos, y que ya pasó. Y puede que te equivoques.

Mientras tanto, vive tu cuento, tu historia, ve hacia la gente de verdad y volverás a oler, paladear y sentir de una forma espectacular.  

Escucho ahora a mis sobrinos "tío, tío, ven, ven, vamos!!" mientras sonríen de lado a lado, esperando a que les cuente una de mis historias de piratas, puertos, héroes, abordajes, y cofres del tesoro.
Hoy, ahora, en la piscina, no les contaré una de esas.
Les voy a contar la historia de mi vida. :-) 

martes, 10 de junio de 2014

Detalles

Bien tempranito. Contento. Allá vamos.

La sensación de tocar y coger arena a las 11 de la mañana, todavía un pelín húmeda, y recogerla en tu mano mientras el sol empieza a saludar al mundo, tu mundo, es una sensación extraña. Chula. Como si fueras el primero en descubrir el mar y el sol y se hubiera pintado ese espectáculo para ti. 
 Era una cala perdida. De ésas que a uno le llevan los que conocen el lugar y te pidan guardar silencio sobre coordenadas, no vaya a ser que el paraíso lo reventemos con pelotas de Nivea y poca educación.

La mano en la arena, aprietas puño, y te das cuenta, de nuevo, que cuanto más aprietas, más se te escapa entre los dedos. Mucho mejor que las cosas fluyan de manera natural, dejar que pasen y se vivan.
Respiras tranquilo. 
Pasear hablando y compartiendo genial debería ser una de esas cosas obligatorias en los colegios, en la vida. Parar y seguir cuando te de la gana. 

Hay mil detalles que a uno le suman, y por lo tanto, también hay otros que restan. Somos detalle. No hay nada más natural que un detalle. Sale, surge.

Hablaba de esto, de los detalles, al ver a una pareja que no habían tenido un buen día, se les notaba, y lo dejaban claro, con sus gestos, tono... y los detalles. 
De hecho, estoy seguro, que todos nosotros, tú y yo, alguna vez hemos tenido uno o varios detalles - sin querer y queriendo- que las personas guardan. 
Lo cortés no quita lo valiente, y debemos tener en la cabeza - yo el primero- que enfrente tenemos a personas. 
La alegría de contar con mil detalles buenos, con amistad y lo que toque, con sentir y reír, y que todo eso surga de una forma tan genial y espontánea, es sin duda, motivos con mayúsculas para continuar creciendo y aprendiendo. 

A tod@s a los que en su día, por lo que sea, he tenido un mal detalle, algo innecesario, os pido disculpas. 
A l@s que tenéis y vivo detalles geniales cada día, gracias. Hay cosas, que aunque a priori parecen nimias, dan la vida. :-)

Mientras tanto, cuida lo que tienes alrededor, y a los que tienes lejos y quieres, házselo saber. 

Este minuto no vuelve!

miércoles, 28 de mayo de 2014

Habitación 615

Llevo unos días en Zaragoza, y algunos quedan por delante.

Hay viajes que uno hace con gana y gusto. Este ha sido diferente. Muy diferente.
Arrancas el coche, después de trabajar, y al principio, entre llamadas y planes de acción el mundo no te deja parar.

Hasta que de repente, Plas!. Llega la bofetada. En ese momento sabes exacta y precisamente porqué estás ahí, de noche conduciendo y haciendo 400 km un lunes cualquiera.
Pides fuerza para quien te dió la vida. Fuerza para una persona espectacular, rezas, y te acuerdas de ella. De su mirada y de sus gestos, sus risas, y sus mimos. Piensas que los quieres para siempre.
Estoy preparado para todo en esta vida, lo sé. Para eso, no. Ni quiero estarlo.

Tengo el orgullo, y el placer de unos padres fantásticos, absolutamente increíbles, forjados a base de respeto, amor, generosidad y valor.
Allá vamos todos. Todos los que vivimos de fuera estamos yendo a casa, al hogar, a cuidar y dar mimos, apoyar, y darlo todo. Lo que hiciera y haga falta. 
Zaragoza es una ciudad donde he vivido mucho, pero todo eso queda atrás, no importa, no me importa nada de eso. Sé lo que quiero.
Durante el viaje, existen esos momentos de subidón, siempre busco el lado positivo - siempre lo hay-, y de repente te encuentras a ti mismo cantando. El cerebro humano es brutal, impresionante. Busca escapes. Y hay que saber dárselos.

Estás en la puerta del hospital. Vas rápido. Te mueres por darle un abrazo enorme. Un hospital casi vacío. Aceleras.
Abres la puerta de la 615 y ves una cara iluminada, sonriendo, radiante de ver a uno de sus hijos. Grande. Gigante. Momentos únicos que quedarán siempre.
Durante la operación, cada hora pasa como un día, miras constantemente a ver si suena el teléfono de la habitación para dar noticias. Te mueves, os movéis, de un lado a otro, silencios y charlas. Va y viene gente por los pasillos. Te das cuenta también que todo el mundo guarda sus historias, que tu vacío en el estómago está compartido y que cientos de almas luchan en ese momento.
No suelo aparentar nervios. Casi nunca. Suele ir por dentro. Tengo confianza y seguridad, y la doy.
Cuando llaman para dar noticias, bajas esas seis plantas con tu familia en absoluto silencio. Suspiros, abrazos y hombros apoyados. Allá vamos.

Pasar esa noche con ella fue un honor para mí. Un regalo. A su lado. Intentando devolver - imposible- todo lo que ella y él han hecho por mí. Los detalles nos hacen grandes y ellos han tenido millones. Aprendo, me enseñan cada minuto que paso a su lado.
Ves a una persona débil, con la cara triste y que quiere, pero no puede.
Un día, - pienso mientras la miro dormir a las 3 de la mañana- llegaré a ser mayor. Y estaré en ese lugar. Cuando ese día llegue, me gustaría haberme ganado con mi forma de ser y de vivir a tantas personas que me cuidan y me miman. Ella lo ha hecho. Eso y más.

Das paseos por los pasillos, no puedes dormir, y te juntas, escuchas y ves de todo en los silenciosos y oscuros pasillos. Señoras llorando, gritos de dolor, ir y venir de enfermeras que atienden timbres tocados por almas.

Allí estamos. Allí sigue. En la habitación 615.