martes, 27 de mayo de 2014

Un día en la pecera...

Os pongo en situación. Trabajo en unas oficinas totalmente diáfanas, separados los despachos, salas y departamentos por cristaleras.
No hay trampa ni cartón. Todos vemos y participamos. No hay mayor secreto que el trabajo bien hecho.

Oficinas amplias, sensación de libertad.

Allá estamos.
Sin embargo, existe un reducto, un lugar, que aunque guardado por cristaleras totalmente transparentes, queda cerrado al público general. Aunque invitamos a cualquiera. Y por allá pasan.
Allí estoy yo. Liderando un equipo - dándolo todo al menos - y acompañado de almas grandes, que aunque no lidere, porque no toca, si que toca compartir, ver, escuchar, y sentir.
Pongamos que se llaman Jessica, o Alicia, o Quima, o Isabel y Bea y añadimos a Laura y a Eva, aliñado con Josep y servidor. Pongamos. Por poner nombres, digo. ;-)

Uno - decía- ve, siente y escucha. Soy - quien me conoce lo sabe- de los que prefiere estar allí, al lado, cerquita. En la trinchera. Allá, donde las bombas, las alegrías y las penas tocan. De todo tiene que haber. Y eso quiero. Para poder decidir, tenemos que conocer. Todo. A tope. Siempre.

Podría escribir de cada una de esas personas, - compañer@s- y dedicar líneas y pensamientos, reflexiones y consejos, detalles geniales... y al final, me doy cuenta, de que, en el fondo, quien más aprende, es uno mismo. Todos los días me llevo algo. Algo que aprender y que ver, algo que suma.  

Tienen la potencia de leones, y mientras se lo creen y comprueban, maullan y ronronean. Susurran mimos. 

Grandes personas, buenos profesionales, que un día, al mirar atrás, con todo su valor, podrán decir aquello de que "nos los hemos comido con patatas".

Lo conseguirán. Lo conseguiremos. Seguro.

Equipazos. Aupa!


lunes, 21 de abril de 2014

Vivir en Cataluña

Vivo y trabajo en Cataluña desde hace algún tiempo. Más allá del jaleo de cambiar de casa, mudanza, etc, se sitúa el estado mental al hacerlo.

Ilusión por un buen proyecto, y dejar cosas lejos que en determinadas circunstancias, te gustaría tener más cerquita.
De vivir en Valencia - tanto personal como profesionalmente- aprendí muchas cosas. La impaciencia no es buena, y todo requiere su tiempo. Llaman suerte, cuando en realidad quieren decir esfuerzo + oportunidad. No hay suerte en el trabajo, o en la vida. Existe la constancia y el querer crecer, tener hambre de construir.

No hay atajos para el éxito. Y desde luego, lo más práctico y lo más inmediato, no es lo mejor. Casi nunca. 

Cuando te llegan oportunidades, aprovéchalas, creéte grande porque lo eres, si te llaman, te buscan y se esfuerzan.

Vivir en Cataluña - de momento - no es diferente a nada ni igual tampoco. Gente trabajadora en su mayoría, con ganas de inventar, abiertos de mente y amantes de su tierra. Como casi todos.

Os iré contanto como va por aquí... hasta entonces, te invito a querer crecer, a reírte y aprovechar las oportunidades, que, -  un día te darás cuenta - tú mismo te vas creando a base de hacer las cosas bien.

Adeu, amics! ;-)

jueves, 6 de marzo de 2014

Enhorabuena!!

Acabo de tener noticias de alguien que hacía mucho tiempo que no tenía. Y entre una cosa y otra, me ha dado por pensar. Nada sucede por nada. Me ha alegrado mucho saber que está genial y feliz, luchando cada día y disfrutándolo.

Si te paras a pensar en cómo ha ido cambiando la vida, y con ella nosotros, es algo sorprendente.
Hay cambios de todo tipo.
Cuando éramos más jóvenes, no entendíamos eso de evolucionar "algún día no te gustará salir con los amigos", por mencionar una minucia. Sonreíamos, mientras pensábamos "no tienes ni idea".
Ahora dan ganas de reirse al recordar esas historias.
Quien te lo iba a decir. Si das una vuelta por tu mundo, por los amigos, la familia, hermanos... en fin, lo que llevas viviendo toda la vida de cerca, puede que la carcajada sea de escándalo.

Cambiamos. Evolucionamos. Gracias a Dios. :-)
Las prioridades cambian, pero el espiritu debe ser el mismo, el exprimir, aprender, apreciar, paladear y darlo todo. A todos.
Si haces memoria, o repasas lista, también te darás cuenta que hay cambios de todo tipo. Para bien y para mal.
Gente que estaba perdida y se encontró, gente que luchó porque tuvo amigos que lucharon con ell@s, personas que un día dijeron hasta aquí, y hoy respiran hondo mirando el sol tranquilo. Cuesta, pero sólo hay una vida, eso piensan - pensamos- los que un día necesitamos cambiar cosas en la vida.
Después están l@s que no sabes que les pasó para terminar así. Gente que te enamoraba, personas que te dabas cuenta que estaban sin ver que estaban, almas generosas de corazón, que un día, no se sabe bien porqué, o sí, pero para que mentar las circunstancias, decidieron que lo mejor era no ser ell@s.  Decidieron, poco a poco, dándose cuenta, pero qué carajo, lo primero soy yo y después ya veremos, que merecía la pena mirarse todo el día el ombligo, no mirar, no querer ver, no escuchar o escuchar y no hacer.
A todas esas personas que en su día decidieron cambiar - decidimos- quiero darles la enhorabuena, la más sincera enhorabuena por su valor con mayúsculas, por mantener amigos con sinceridad contando TODA la verdad, enhorabuena por dar una lección a todos los que estamos cerquita y ser hoy mucho mejor personas. Ser feliz sí tiene precio. Tiene el precio de aprender y mejorar, de honor y valor.


Gracias a todos los que han apoyado a otros a vivir y gracias a todos los que habéis hecho posible que alguien cerquita vuestro, sea quien sea, pueda mirarse al espejo y sonreir con el alma.

jueves, 20 de febrero de 2014

Vergüenza

Ayer. Centro de Valencia. Una plaza con algo parecido a un parque. Rodea la plaza varios bares con las terrazas. Ocho de la tarde. Bastante gente.

En el parque, dos niños, de entre 6 y 8 años juegan con su abuelo. Juegan al escondite. Entre las rodillas del abuelo. Se lo están pasando genial los tres, el abuelo, ríe y los niños están entusiasmados. Sus cabezas aparecen y desaparecen de las piernas del abuelo, de hecho, otros niños alucinan con lo bien que se lo están pasando.

El abuelo mira atento mientras ríe y de vez en cuando abre las piernas para darles sorpresa.
De repente, aparece. El padre de los niños. Bien vestido, preocupado más por tener el cuello de la camisa bien alto y los zapatos limpios - se para hasta 3 veces en 30 metros por la gravilla para limpiarlos - llega al lugar de los hechos. Allí están los chicos pasándolo genial con el abuelo. No es muy mayor, tendrá unos 75 años. Un hombre elegante, pelo blanco, y con los zapatos y el pantalon manchados por la manitas de los niños y la gravilla.

Llega el padre - decía - el iluminado padre, y suelta un "qué hacéis?, hala, venid aquí".
Los niños, casi a la vez responden "jugar". El iluminado, como si nada hubiera oído, repite que vayan hacia él, cerca de un banco.
Al abuelo se le va apagando la sonrisa y empieza a mirar estupefacto a su yerno.
Los niños obedecen. Y el padre les da en la mano dos ipad. Con dos cojones. "Jugad con esto que estáis armando escándalo", suelta el tipo.

A los cinco minutos, la foto era ésta: Un banco con dos niños de 6 y 8 años jugando al ipad, con los ojos pegados a la pantalla, sin hablarse, sin compartir nada, y el abuelo sentado en el mismo banco a medio metro sólo. El padre volvió a la terraza con su mujer e hija del abuelo.
La madre, aún dijo: "ves que bien?, así tranquilitos...". Había una pareja con ellos en la terraza que se quedaron perplejos con la escena. Amigos suyos.

Contemplando todo eso me dio por pensar en varias cosas.
Primero, qué clase de padres son ésos que en vez de promover que sus hijos jueguen utilizando la imaginación, ejercicio, compartir, hacer familia ... prefiere que se peguen como dos gilipollas al ipad. No armaban ningún escándalo. Al contrario. 
Qué clase de hija ignora la felicidad de su padre - el abuelo -, ignora todo lo que dio su padre por ella, y le deja tirado allí como si fuera un perro.
Y por último, pero también importante. Qué clase de amigos - se les veía con mucha relación-  no tienen el valor y los cojones de decirles a los que llaman también sus amigos que hacer eso es una barbaridad. ¿Por que se van a molestar? ¿Por que es duro decirlo? Porque allá ellos? No nos vayamos a meter en cosas donde no nos laman, perdón, llaman.

Pues si decirlo, a cuenta de la felicidad de los niños, del abuelo, del amor entre padre e hija, de educación, de respeto y de que evidentemente hay que cambiar algunas cosas importantes, que hay que abrir los ojos y cambiar, significa que ya no habrá esa amistad. Adelante. La obligación de cualquier amigo es decir las cosas como son, gusten o no y ayudar. 
Y si aún reconociendo los hechos, no se reacciona ni una ni cien veces, esperar a que les entre la fuerza para eliminar el orgullo y la luz para ver lo que han de hacer.

No sé el nombre de los niños. Sé que después de 1 hora en el banco con los ipads, se levantaron ante la llamada de los padres y se alejaron. Los niños sin despegar la mirada de las tablets, los padres iban primero hablando de fulanito y menganito.

A unos 10 metros iba el abuelo. Sólo. 

Vergüenza.