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lunes, 21 de septiembre de 2015

40 veranos

Ya han caído - los cuarenta veranitos, digo- y lo hacen de una forma extraña. 
Extraña porque es mi primer cumpleaños sin mi madre cerquita, aquí, dando esos achuchones y sonrisas que te daban la vida. 

Uno vuelve de nuevo a casa, ya para quedarse y vivir nuevas etapas. Esto de la vida es elegir, adaptarte, superarte - al menos intentarlo- y saborear cada experiencia que brinda la vida. 
Me acabo de dar cuenta, que éste que escribo es ya el post nº 100 de este blog, y releyendo te das cuenta de todo lo que cambia la vida a un ritmo inimaginable, y que todo esto está lleno de sorpresas, unas buenas, espectaculares y otras que jamás hubieras deseado conocer. Todas se viven, y cuando estás en ellas, poca veces piensas o te das cuenta, que eso, lo bueno y lo malo, todo es pasajero. De unas, las buenas, disfrutar, no pares de disfrutar y saborear y las malas, cuando hincas rodilla y alma, es mejor respirar, parar para saber qué vas a hacer al levantarte. Sin prisa, pero sin pausa. 

Pensaba en esto días atrás viendo a un señor mayor, de unos noventa años. Tenia el pelo blanco,  le costaba muchísimo andar, se apoyaba en su bastón, vestido con su chaqueta de punto por si tenía fresquito luego, miraba despacio, fijándose bien donde apoyaba sus pies y el bastón para no tropezar. 
Estábamos en El Pilar, y su destino era el mismo que el mío. Hay personas que en su cara reflejan vida y bondad, y ésta era una de ellas. Me quedé observándole, pensando en el valor y el amor que hace falta para, estando tan débil, acudir allí en búsqueda de refugio en lo más íntimo de tu ser. En el alma. 
Llevaba anillo, en recuerdo de quien fue su compañera de vida. Eché de menos a sus hijos, pero probablemente acuda allí cada día y ellos estarían trabajando, preocupados - quise pensar - por quien les dio la vida también. 
Hurgaba en sus bolsillo, con la mano temblorosa, despacio, intentando encontrar una moneda para brindar una vela en recuerdo de quienes él tanto quiere. De pronto paró, se debió dar cuenta que no tenía moneda y miró a su alrededor, no sé si buscando a alguien que le diera esa moneda o si quería ver si alguien le había visto. 
Todos lo habíamos visto, las 20 ó 30 personas que allí andábamos. 
Antes de que pudiera reaccionar, ya había 3 personas a su lado, cogiéndole del brazo y ofreciéndole la tan ansiada moneda. Dos mujeres y un hombre. Jóvenes y no tan jóvenes que le miraban sonriendo con la mano extendida. 
Miró primero a los 3 despacio, con un hilillo de voz, les dio las gracias, después, cogió una de las monedas. 
La introdujo y aquella vela nació. 

Se dio la vuelta todo lo rápido que podía y miró hacia el fondo de la sala. Recorrió con su cabeza y ojos todo el lugar, mirando, observando, y al final, sonrió. En un alarde de fuerza, levantó el bastón con boca de marfil saludando con un respeto impresionante. 
Bajó por la rampilla despacito y se marchó.
Él se marchó, pero allí quedamos unos cuantos mirándonos pensando en que cuando lleguemos allí, a esos 90 o más nos encantaría que nos mimaran así, que se lo había ganado seguro, que aquel abuelo gigante iba allí a devolver amor y a recordar a quien tuvo a su vera tantos años. 
Era la última hora de la tarde, habiendo salido de trabajar, cansados, con mil cosas en la cabeza todos los que estábamos allí, él, sin saberlo, siendo él mismo, nos regaló a todos una sonrisa y una alegría. 
Y una enseñanza, probablemente la mayor enseñanza que uno pueda y deba aprender en la vida: sé generoso, generoso de corazón y alma. 

Una tarea nada fácil, pero de ésas que si lo consigues debe ser absolutamente brutal. 
Merece la pena - al menos para mi- por todo lo que tengo aquí, por la familia, los amigos, por quienes coinciden conmigo sea donde sea luchar por todos ellos. 

Lo gigante deber ser no tener que esperar a los 90 para esto. Hacerlo desde ya. 

A por ello vamos. Ya os contaré... (o no). ;-)

martes, 27 de mayo de 2014

Un día en la pecera...

Os pongo en situación. Trabajo en unas oficinas totalmente diáfanas, separados los despachos, salas y departamentos por cristaleras.
No hay trampa ni cartón. Todos vemos y participamos. No hay mayor secreto que el trabajo bien hecho.

Oficinas amplias, sensación de libertad.

Allá estamos.
Sin embargo, existe un reducto, un lugar, que aunque guardado por cristaleras totalmente transparentes, queda cerrado al público general. Aunque invitamos a cualquiera. Y por allá pasan.
Allí estoy yo. Liderando un equipo - dándolo todo al menos - y acompañado de almas grandes, que aunque no lidere, porque no toca, si que toca compartir, ver, escuchar, y sentir.
Pongamos que se llaman Jessica, o Alicia, o Quima, o Isabel y Bea y añadimos a Laura y a Eva, aliñado con Josep y servidor. Pongamos. Por poner nombres, digo. ;-)

Uno - decía- ve, siente y escucha. Soy - quien me conoce lo sabe- de los que prefiere estar allí, al lado, cerquita. En la trinchera. Allá, donde las bombas, las alegrías y las penas tocan. De todo tiene que haber. Y eso quiero. Para poder decidir, tenemos que conocer. Todo. A tope. Siempre.

Podría escribir de cada una de esas personas, - compañer@s- y dedicar líneas y pensamientos, reflexiones y consejos, detalles geniales... y al final, me doy cuenta, de que, en el fondo, quien más aprende, es uno mismo. Todos los días me llevo algo. Algo que aprender y que ver, algo que suma.  

Tienen la potencia de leones, y mientras se lo creen y comprueban, maullan y ronronean. Susurran mimos. 

Grandes personas, buenos profesionales, que un día, al mirar atrás, con todo su valor, podrán decir aquello de que "nos los hemos comido con patatas".

Lo conseguirán. Lo conseguiremos. Seguro.

Equipazos. Aupa!


viernes, 7 de febrero de 2014

Si yo pudiera...

Escuchando la canción bonfire hearts, de un tipo genial que acabo de descubrir - James Blunt - o al menos no sabía que era él,  en uno de los muchos viajes Valencia - resto del mundo, pensaba en la letra de esa canción.

Dice un montón de cosas. Pero habla también de la cantidad de gente que quiere una llama, pero no quiere quemarse y luchar por ello, y los cientos de personas que pasan frías por tu vida sin mirar a los ojos.

Cuanta gente desea cosas, pero realmente no está dispuesta a dar lo que debe dar por conseguirlo, cuantas personas mienten - se les nota cuando la única salida es el enfado - y pasan por la vida, cada lunes, martes y miércoles con un eslogan interior "otro día más".
Nervios, insomnio, sensibilidad, el mundo, hay un complot contra ellos. Es acojonante. La culpa es del mundo.
Cierto, tienes razón. El universo se ha alineado, lleva 180 millones de años esperándote y  se ha unido con un único propósito, el de joderte la vida, el de que te mires al espejo y no te reconozcas por reacciones, ni por, en el fondo, tu interior.
No, no tienes la culpa por no haberlo intentado, eso son chorradas, ve a un monte y grita, échale la culpa a la Luna, o a Dios.
La vida es esto. Caer y levantarse. Lo primero, está permitido, lo segundo es obligatorio. Deja de hacer estupideces, enfréntate a la vida, que sólo hay una y disfruta con orgullo de quien eres. Y si hay que cambiar, amig@ mi@, se cambia. Que de eso se trata. De ser valientes y vestirse por los pies. Sin mentir. Dando. Ganando cosas cada día.

Hay que mirar a los ojos. Pero de verdad. Agachar la cabeza y llorar si hace falta, reaccionar, y querer sentir cada día, o el día menos pensado, aunque estés con multitudes de personas a tu alrededor, sentirás la soledad más terrible, y ni siquiera podrás mirarte a los ojos, ni quizá a los que quieres o quisiste, precisamente porque no fuiste tú, la mejor versión de ti.

Mirar a los ojos, no es mantener la mirada, es abrir el corazón. Dejarte la vida en ello, en ti, por los tuyos y tú.

Si tienes la suerte de contar con alguien que aún sabiendo todas las miserias, ofrece hombro y vida, sólo tienes que ir a un espejo y hacerte la pregunta adecuada. 

Hay un montón de cosas ahí fuera que merece la pena disfrutar, saborear con una sonrisa gigante, de ésas que comen el mundo, y acostarte sabiendo que eres un poquito mejor, y un poco más feliz, y que mañana, en cada minuto, podrás decir a ese universo, que sí, que eres tú, y que prepare la estrella más bonita del mundo, porque cada noche viajarás allí.

" Caer está permitido, levantarse, es obligatorio ". 


martes, 22 de enero de 2013

Play

Estamos loc@s. Vivimos a un ritmo donde corremos el riesgo de perder el horizonte.

Lo de ayer es viejo. Algo que pasó ayer - fíjate por ejemplo en las redes sociales o watsapp- , el estado de un amigo, o una noticia importante, una buena charla,  es viejo.

Queremos todo para ya, y ese es un riesgo inasumible, que a la larga, va a traer graves consecuencias.
La gente no tiene paciencia. Paciencia, por ejemplo, para tu trabajo, para poder tener perspectiva y visualizar a futuro. Analizar, actuar y que lleguen resultados no es inmediato. Pensar lo contrario, puede hacer que ofrezcas unas perspectivas irreales, y que por lo tanto se te exija algo imposible.  El futuro no es mañana. Eso es sólo una frase. El futuro es más.
Paciencia, por ejemplo, para los amig@s. Exigir inmediatamente respuestas o reacciones que deseamos, - tengamos o no razón-.
Paciencia, para saborear.
Estamos en el primer plato y ya queremos que traigan el segundo. Quizá estés de vacaciones, en un buen sitio, y estés dándole a la cabeza pensando en el próximo viaje, en vez de paladear cada instante que tienes la suerte de vivir en ese mismo y te recuerdo, único momento.

Paciencia para distinguir y dar oportunidades. Para no etiquetar en un mundo donde a todos nos ponen etiquetas. Paciencia para elegir tu futuro y tu presente.

El mundo se desarrolla tecnológicamente, en nuestro día a día, a un ritmo que el cerebro humano, el ser humano, con todas sus circunstancias y sentimientos es incapaz de asimilar.

Es incapaz porque no debe asimilarlo. La naturaleza es muy sabia y rechaza lo que no debe. 
Nosotros, sin embargo, nos empeñamos en darle más y más, meternos en la boca mucho más de lo que podemos tragar.
Llegará un día, - a más de los que te crees les ha llegado ya - que nuestra gran máquina engrasada hará crack.  Pluf.

Hablo de la máquina de la sociedad, compuesto por un montón, miles de elementos, desde los culturales, pasando por los políticos y los sentimentales, formados por millones de personas que viven a un ritmo frenético y que creen - así lo estamos comprando- que lo de ayer es viejo.

Locos de atar. Ver la vida, cada día, como si fuera una cámara rápida y quisiéramos darle a la tecla FFWD para adelantar aún más.
No te ofrezco darle al pause, se trata de ser activos, de mover y crecer, de crear y hacer que las cosas sucedan, que los resultados lleguen, te ofrezco darle al play.
Tocar esa tecla y ver todo bien, aplicar tu High Definition y no perderte ningún detalle, avanzando, disfrutando.

Que esto de la vida esta para eso.

Para darle al play, y jugar a algo tan serio y espectacular que se llama tu vida.


miércoles, 16 de enero de 2013

Educación II

Hace ya algún tiempo escribí acerca de éste tema, ése que va de la educación, de comportarse con  un mínimo de respeto hacia los demás, de parecer y ser agradecido, de no pasarnos por la línea de flotación lo que a otros moleste.

Se viven, vivimos, un montón de situaciones donde a uno le quedan pocas respuestas a tanta pregunta.
Hace poco, en el tranvía de Zaragoza, bastante lleno, subió un chaval, de entre 18 - 20 años, que ya es una edad para empezar a pensar las cositas. Móvil encendido, música a tope. Yo estaba sentado en ese momento, él llevaba el móvil en su mano, que caía más o menos a la altura de mi pabellón auricular, también llamada oreja.

Opto por mirarle, así como diciendo, qué.. qué tal va todo, chavalote. Nada. Rien. Ni se inmuta. Los demás pasajeros, le iban mirando también, y me miraban, algunos, los más mayores, ponían esa cara diciendo "no se puede hacer nada con éstos", otros, "mira a ver si haces algo"... Reconozco que en aquel momento me dio por pensar en lo poco que movemos el trasero en este país para hacer que las cosas sucedan, siempre esperando a que otros tomen iniciativas, pero lo cierto, es que si no hubiera hecho nada, pasarían dos cosas: la primera que yo hubiera continuando siendo uno de los afectados, y la segunda, hubiera caído también en "dejarme llevar" y no poner solución a los problemas.

Vuelvo a mirarle. Más serio. Y más tiempo. De abajo a arriba. Pegadito a mi. Aguanta la mirada, pero la termina evitando. Aprovecho que se suben varias personas mayores y les cedo el asiento, me levanto.
Ya no es lo mismo. Quedo a su altura, y reconozco que soy un tipo ancho de hombros, y con cara de mala leche. Él mira su móvil... no sabe qué hacer. Le ayudo. "¿Te importaría quitar la música, por favor? Vamos mucha gente en el tranvía y es estupendo que te guste escuchar música, pero que te guste a ti, no significa que les guste a los demás". Cuidé bien las palabras.
Me mira. Estupefacto. Sorprendido de que alguien le dijera donde empieza también la libertad de los demás.
Dudó.
Miró su móvil de nuevo, me volvió a mirar mientras yo seguía poniendo cara de tipo duro, pero educado. La gente miraba, una de ésas situaciones donde hay expectación. La gente tendrá algo que contar al llegar a casa.

Se siente herido en su orgullo, y en su libertad. Error. Yo me acordaba de sus padres, de sus profesores, y pensaba en qué carajo habían - y estaban- haciendo con este chico de 20 añitos ya.
Apaga el móvil. No dice nada. Ni siquiera perdón. Se acerca a la puerta. Y se baja en la parada. Así, rápido. Mientras baja, sale y anda unos pasos, me vuelve a mirar.

El tranvía está parado. Primero desafiante, y después le cambia la expresión.

No sé si puso esa cara de bueno dándose cuenta que lo mínimo que merecía su acto era pedir disculpas, o si, quien sabe, de repente se dio cuenta de la cantidad de cosas que hace -hacemos- en el día sin pensar en los demás. O quizá fue teatro.
Quiero creer en las personas, así que cualquiera de las dos primeras razones, me parecen genial.
Ya os podéis imaginar todos los murmullos y comentarios que la gente del tranvía hizo. Algunos agradecieron la acción, algo que me parece bien, no era necesario, pero yo seguía pensando en por qué, si también te molestaba a ti, no hiciste nada por solucionarlo.
Haz que las cosas pasen.

Hoy escuchar a los jóvenes, y no tan jóvenes, hablar con respeto a las personas mayores, dar las gracias, pedir las cosas bien -incluso en el trabajo- dejar pasar antes... es algo que sorprende. Si lo ves, piensas " mira que educado", y eso lo decimos porque nos sorprende. Manda carajo.

Otra historia es el chicle.
Tengo una duda existencial con este tema. ¿Por qué la gente come chicle con la boca abierta? Ves a ésas mandíbulas trabajando a un ritmo ezquizófrénico, jugando con el chicle, lo sacan, lo meten, te lo enseñan mil veces, y me da igual, niños, jóvenes, y gente bien entrada en edad, de setenta inviernos.  ¿Hacen lo mismo cuando comen acelgas o un filete empanado? ¿Quién coño les ha vendido, y ellos han comprado que el chicle se enseña? Como borregos. ¿No podemos pensar por nosotros mism@s y decidir, - por ser verdad- que es una comida como otra cualquiera y que no se debe enseñar la comida, ni masticar con la boca abierta?

En ésas y mil historias seguimos estando hoy, en no dar educación, en no pensar también en los demás, en pensar que nuestro ombligo es el universo, y en esperar a que otros nos arreglen nuestros problemas.

No dejes que suceda. Y eso, todo eso, sólo lo decides tú.




miércoles, 12 de diciembre de 2012

Calor humano

Aquí fuera marca -2º. Frío.

Ves a la gente corriendo de aquí para allá, con poco tiempo y mucha prisa, abrigada hasta arriba, y bufandas que arropan los ojos llorosos por el viento y el frío.

Me gusta pasear. Si tengo tiempo, -es cuestión de organizarse- me encanta tener ese par de horas para observar, disfrutar, y parar un poco en este loco mundo.
Ves discusiones por la calle, y ves grandes sonrisas, gente que va riendo mientras mira el móvil y va emocionada enviando un washapp a alguien a quien quiere muchísimo, se le nota en los ojos, en esa mirada que llega al fondo, y levanta la cabeza orgullosa.

Me encanta ver eso. Hay una complicidad entre las personas que nos sentimos felices y se nota. Dan ganas de coger uno de esos altavoces que tan de moda están por la manifestaciones y convocar una para juntarnos la gente que tenemos un montón de razones, de vivencias, para ser feliz.
Ponerme en Plaza de España y convocar que valen más las sonrisas, que vale la pena sacar lecciones de vida de experiencias no tan buenas, que merece la pena luchar por lo que uno ama, llenar de pancartas todos los balcones diciendo que somos mucho más, que hay que hacer esa llamada, dar ese abrazo y cuidar a los tuyos.

Allá fuera necesitamos calor humano, para calentar el alma, y mirar a los ojos a la vida con ilusión. El ser humano es muchas veces egoísta consigo mismo. Piensan en las cosas malas que le ocurren en la vida para no sacar - piénsalo bien- el montón, el saco de grandes virtudes y cosas buenas que tienen. Que tienes.

Ya están colocadas las luces de navidad que nos arrastran a la compra con prisas. Prefiero las hogueras, el fuego y no comprar nada, pero disfrutarlo de la mano de quienes realmente quiero. Prefiero un café con un amigo, darle un abrazo que sale de dentro y decirle que puede seguir contando conmigo en el 2013 y los que vengan, elijo pasear de la mano y susurrar te quiero, elijo un chocolate caliente con unos churros con la enana.

Recuerda que cuando allá afuera hace frío, el calor humano, el que llena y reconforta lo más importante de ti, y de los tuyos, lo pones tú.

martes, 13 de diciembre de 2011

Jaque!

La vida no es un tablero de ajedrez, pero a veces necesitas ver dos jugadas más allá para poder realizar tus sueños.
La intuición sin conocimiento sirven de poco, ya he hablado alguna vez de eso y generalmente sólo conseguirás prejuicios y lograr ser un etiquetador profesional.
Pero en esta brava mar también hacen falta impulsos, pim-pam, reaccionar, y adivinar por donde van a ir según que tiros.

Muchos te dirán que lo mejor es ver el viento y seguirlo, siempre a favor. Dejarte llevar. Es una opción.

Si de lo que se trata aquí es disfrutar y divertirse en el mientras, - que de eso se trata - no siempre podrás ir a favor del viento, y ahí radicará muchas veces tu éxito. Los éxitos son muchas veces una gran gestión de pequeños fracasos.
Es cierto que también hay situaciones en las que uno ve el jaque algo más cerca. Situaciones que te permiten ver tus miedos, adversarios y contemplar como tu rey está a punto de caer a cámara lenta sobre un tablero labrado con años y esfuerzo. La salud, por ejemplo, el sueño roto de un proyecto común, una decepción familiar...

Pero, ay, amigo, como reaccionar a ese jaque es lo que te va a diferenciar, no con los demás, que eso es lo de menos, si no contigo mismo.

Nos cegamos y no vemos. Abre los ojos, y pide que te los abran, pregunta qué hacer y opiniones de quien te merece. Probablemente escuches cosas que no te gusten demasiado, probablemente tu ceño siga fruncido unos días, pero escucha y escuchate también.
Habrá un día en el que dejemos de lado a los nuestros, habrá un día que dejemos de pensar en plural, incluso habrá un día que no seamos generosos ni con nosotros mismos, pero hoy no es ese día.

Hoy toca mirar el tablero, las manos abiertas, cerrar los ojos, escuchar el silencio y mover tu rey y tus peones, alfiles y caballos, torres y reina para sonreír susurrando que vuelves a levantar y disfrutar de todo lo que tienes.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El pájaro loco

Allí estaba él. Ciento noventa y cinco centímetros de ser humano. En aquellos tiempos, cuando yo le conocí era una de esos tipos que se hacen el interesante detrás de una barra, guaperas, y que aún no sé por qué motivo, creen que están por encima de no se sabe muy bien qué. Al fin y al cabo, tú, guaperas, chavalote, me estás sirviendo, y estás atado a una barra, yo me puedo ir cuando quiera, pero esa es otra historia.

Enorme, un tipo enorme. Pelo moreno, patillas larguísimas, ojos fuertes. 
Su historia me atrapó.
Allá en el pirineo, medio perdidos, escuchándole. Las brasas, el estofado, el vino del pueblo y su voz llenando la sala.

Se casó. Y perdió. Se confundió no por casarse - faltaría más- si no - como él dice- no supo llevar todo eso. 
Decidió esconderse en aquel pueblo perdido, comprar un restaurante, un terreno, un par de caballos para su niña y emprender un nuevo camino. No quiere amigos, no los necesita - dice - para eso está su familia.
Seis años sin conocer doncella ni cama, le basta el aliento de saberse en el mercado y flirtear para seguir durmiendo con la seguridad de poder elegir.
Es su penitencia. Cree que escondiéndose es la manera de resarcir aquellos errores. No conocer, para no sentir, no sentir para no padecer, o no hacer daño.
No quiere escuchar. El sabe lo que hizo. Habla con la contundencia de un paisano y la sinceridad de un viejo lobo. Hay sentimientos, pero también miedo.

Le escuchaba atento, no quería perderme nada de un tipo que habla de esa forma tan descarnada con corazón y cabeza....
"Vago", le digo. "Eres un vago de la vida". No escuchaba. Estaba encerrado en una penitencia insulsa, ridícula, esperando a no se sabe muy bien qué, excusándose en lo que pasó antes para no afrontar el después.
"Soy muy trabajador" decía serio. "Me levanto a las 6.30 de la mañana". "Ya, pero eres un vago de la vida". Tu hija, esa que proclamas y gritas a los cuatro vientos, esa por la que tu vida tiene sentido, tendrá mañana dos posibles versiones tuyas:
Primera. "Hija mía, me confundí, y fallé. Fallé mucho y decidí entregarme a ti en cuerpo y mente. No falle a nadie, nunca, jamás".
La segunda versión, es la que un padre mira a su hija, y diciendo los errores, cuenta con detalle como se levantó de todo eso, a cuanta gente conoció y aprendió, que no se encerró, que abrió puertas y ventanas y quiso respirar todo lo que venía. Cayó, como caen los guerreros, para levantarse como un héroe.  

Ha cogido vicios, dejó las barras y alguna cosa más para colgarse de los números, de la bolsa y del loco Ibex 35. Es mi enfermedad ahora, dice.

Es una pena que un tipo inteligente no quiera de verdad mirar a la vida a la cara. Dedica medias sonrisas, casi con sorna a cualquier comentario de superación.

No confiar en uno mismo es mucho peor que no confiar en nadie. De ti no te puedes escapar, amigo.


Tú, yo, podemos hacer eso, escondernos o luchar de verdad, crear del error un arma brutal para levantarse, hinchar el pecho, tomar aire, alzar la vista y disfrutar de este camino realmente espectacular.
Ese camino, el que tú hagas con los tuyos, si tú quieres, será el que tú de verdad elegiste. Nadie, nunca, podrá decir lo contrario.

Ni siquiera los hijos, la familia o el amor puede ser excusa para que no tengas la gran oportunidad de ser tú.

martes, 8 de noviembre de 2011

Corazones de hielo

Pensaba hoy en los corazones fríos, me dio por pensar y sentir en lo que uno vive y siente, y se queda estupefacto cuando alguien a quien mima y aprecia no se da cuenta de todo lo que tiene.  Esta historia es de amistad con mayúsculas.

Hablamos del sentir y padecer como si fuera algo rutinario, y la verdad, la gran  realidad es que es  un milagro, es brutal poder sentir, saber que sientes, reaccionar, saborear,  realmente alucinante cuando el corazón no cabe, cuando la amistad, el amor enamorado y generoso, la familia, el sentimiento, el orgullo de tener lo que tienes es un latido, un horizonte que te acompaña cada día...

Hacemos, creamos, hacen, nos crean, milagros cada día y nos empeñamos en darlo por hecho... somos unos ingenuos, egoístas comodones en su sofá, tercermundistas en esto del darnos y querer, últimos de la clase en saborear, egoístas profesionales... la razón es nuestra, la gloria eterna y el mí, me conmigo, es ya una religión.

Déjame que descubra contigo un mundo realmente alucinante, y digo realmente porque lo vives y puedes vivir cada día. Es real.  

Para un momento,  piensa; pero piensa de verdad, toca, amigo mío, todo lo que vives y haces que vivan, en la cantidad de sonrisas, de abrazos, de hombro cercano, de silencios y susurros que lanzas y recibes cada día.

 Ya vale de corazones de hielo, soy un indignado del no apreciar,del no querer sentir, no ver y no querer aprender, soy un indignado del no porque no, y del sí porque sí, de la hipocresía y el escaparate, harto de los que no escuchan y un humanista convencido. No acampo, no pongo tiendas de campaña ni sacos de dormir, no hago asambleas si no son mis amigos y familia.
René, un amigo, hace ya 13 años me dijo que él no era un egoísta, él creía en el amor comunal, su teoría era simple aunque compleja en el fondo: si tú cuidas y quieres a los que tienes alrededor y todos hiciéramos lo mismo; el resultado sería que todos seríamos felices, ¿no?
Además acompañaba su argumento con cifras, como buen Ingeniero. Simple, fácil, casi irrebatible, ¿no?.
Hoy, todos esos años más tarde, tantos días y noches vividas, tantas personas acompañando a este Capitán y a los que le guardan y acompañan, y con los que uno le toca navegar y no quiere, después de todo eso, uno piensa que eso sería lo fácil, limitarnos en los que tenemos cerca para no querer conocer más y ser más.

El reto también está en conocer más, abrirse y dejar que vientos y brisas nos empujen fuerte y disfrutemos de este viaje, que nunca se sabe cuando puede terminar.


domingo, 14 de agosto de 2011

Relaciones Públicas

Son políticos natos, aunque se dediquen a la albañilería, miran cada mañana su índice de popularidad y están obsesionados por el qué dirán y que pensarán.

Su reino es la sonrisa falsa, deciden pensando en a cuanta gente le gustará su decisión, y sobre todo, quien no se va a enfadar. Hablan de lealtad cuando quieren decir interés, y suelen confundir amistad con colegueo.

Hay miles. Desde el trabajo, hasta en el bar que tomas café por las mañanas. Piénsalo.

Lo que antaño era hipocresía y falta de rigor, hoy lo hemos cambiado por mano izquierda y ser un relaciones públicas.
Abren su escaparate cada mañana como quien abre una tienda a ver cuanto público le entra.
El otro día, uno de éstos, me confesaba que a sus 39 primaveras y de repente, se dio cuenta de todo lo que había perdido y dejado de saborear de verdad.
No tenía un gran amigo, tenía miles de conocidos, en su mochila había paripés decía, tenía la sensación de cargar con algo que nunca fue suyo."Era mucho más fácil".

Tiene razón, es más sencillo no llegar a compromisos reales, el estar ahí con los tuyos, luchar por lo que piensas y que la gente te quiera o no por quien eres y lo que haces.

Premiamos la hipocresía y la vestimos de mil nombres, mano izquierda, adaptación, don de gentes...  Todo eso son virtudes, pero... ¿hasta cuando? ¿hasta donde uno puede intentar ser amable con todo el mundo, la palabra precisa, la sonrisa perfecta,  cautivar al mundo y liderar si la bandera que lleva no es la suya?

A todo el mundo nos ha tocado ese papel alguna vez, entrar en ese teatro y seguro que estás pensando en unas cuantas personas los vives cada día. Juegan con personas y almas.

La verdad es que es mejor parar e intentar ayudar. Puede que pienses que a ti que más te da, o que te a ti te da igual... o que incluso no te interesa ayudarle, pero ¿no estaríamos haciendo lo mismo que ell@s?.

A los que nunca fueron ni son; dales la oportunidad de ser.

Ponte tus galones, agarra tu emblema bien fuerte y grita al mundo que esta sí es tu bandera.









martes, 19 de julio de 2011

Por aquella bandera

Tres mil almas aguardan. El viento susurra guerra.  Blasones con la torre libertad hechos por doncellas y madres que vieron partir a hijos y maridos hará ya casi medio año.
Herreros, carpinteros, aprendices y un par de cientos en la caballería mal pertrechada.

Se cruzan miradas los que están en primera línea; serán ellos los que inicien una batalla que decidieron hace siglos sus antepasados y que hoy, mecidos por el viento y calentados por el sol del alba librarán al fin.

Un soldado cierra los ojos, quiere recordar por todo lo que va a luchar, el plato sin comida, ser esclavo de la vida y una hermana forzada a ser mujer y madre. Aprieta los dientes y su lanza, orgullo de padre y hermano.

En el horizonte, retumban los tambores, tiembla la tierra y se escucha el terror de más de diez mil soldados experimentados en sesgar almas y recortar sueños.

El mosén bendice las tropas sabiendo que muchos de aquellos hombres y niños caerán, sabe perfectamente que su cruz apenas significa algo para unos hombres que buscan un sueño en vida: vivir la suya. Libertad!! gritan algunos, pero es mucho más que eso; es ser tú.

Padre e hijo en el campo de batalla. Hombro con hombro, no dicen nada. No hace falta hablar cuando se llega a tanto por un gran sueño.

El joven recuerda todo lo que le han enseñado durante tantos años, educación, respeto y luchar por tus principios.
Intentan respirar y saborear la brisa por si fuera la última vez, miran orgullosos como ondean sus estandartes forjados en tesón y honor durante años.

Hoy, trescientos años más tarde, estamos en el mismo campo de batalla, sólo hemos cambiado las armas; la armadura por el traje y la espada por el móvil, los mismos hombres, los mismos sueños.
Estamos en medio de campos de batalla donde mueren almas cada día, se rompen sueños, caen personas...

Puedes elegir tu bandera, esa del respeto, la confianza y la batalla bien hecha, crecer y poder gritar al mundo que fuiste tú; tu familia y tú; tus amigos y tú; tu mundo y tú quien logró conseguir la gran victoria de tu vida.


viernes, 8 de julio de 2011

Vacaciones!

En la antigüedad, en las épocas de cruzadas y guerreros; no descansaban a veces en lustros, años enteros en guerra. Si volvían antes podrían ser acusados de traidores, desertores o lo que era peor: cobardes.
Llegaban a sus casas sin poder recordar la cara de sus esposas ni reconocer a sus hijos.
A la espalda, muertos y un blasón. Nada más.

A aquellos se les llenaba la boca con la palabra Honor igual que hoy a nosotros se nos llena con la tolerancia. 

Esos guerreros sólo podían volver a su tierra, su hogar olvidado,  tras haber demostrado en el campo de batalla cientos de veces que no les importaba no volver. Curioso.

Ahora, los mayores se pasan once meses de mal humor, pensando en el dichoso dinero, envidias, dedicando mil horas a saber la vida de los demás, con la boca llena de respeto y  pensando que todo eso está justificado por unas vacaciones donde lo más probable es que las vivan agobiados de gente, atascos, playas a reventar y discusiones con suegra incluida. Eso sí, a la vuelta podrán decir que han estado en la playa, claro. Faltaría más. 

Aquellos guerreros descansaban y nosotros también lo necesitamos. Necesitamos más tiempo para conocer más lugares y personas, ese tiempo de mirar al mar durante horas o disfrutar de la montaña,leer y reír, no mirar el reloj para que se llenen los pulmones y el alma.

La verdad es que es mejor tomarse todo el año respirando, saboreando y disfrutar, para que ahora, cuando tienes más tiempo; llegues a la conclusión que ha sido un año espectacular y que seguirás viviendo todo, a tope, siempre.

jueves, 2 de junio de 2011

Etiquetadores

Tenemos la costumbre de etiquetar casi todo, clasificamos para ordenar y de paso o sin querer ahorrarnos el tener que mirar al fondo de las cosas. Es una mala idea, sobre todo, cuando a quien clasificas y etiquetas, son personas, como tú.  

Y es que no aprendemos. Piensa cuantas veces has dicho "no pensaba que era así..." "al principio me caía mal, pero luego cuando lo conoces..."
La realidad es que eso ocurre cuando, por circunstancias, coincidimos con esa persona más tiempo y compartimos lugares, sensaciones, charlas... Es decir, al dedicar más tiempo y nuestros sentimientos van ganando a aquella razón y decisión nuestra del "no me gusta".

Sin embargo, y a pesar de esa experiencia, preferimos seguir etiquetando, confiar en nuestra excelente intuición, y decidir rápida y sin duda sobre como son las personas que ni siquiera hemos intentado conocer de verdad.
Ocurre todos los días, te pasa mil veces, no damos oportunidades mientras las pedimos a gritos.

Se empieza por personas individuales para terminar de etiquetar a grupos, tribus urbanas que en teoría deben cumplir unos parámetros, que, aunque no se sabe muy bien quien decide esos parámetros, son así. Un tío con rastas y pendiente es un porrero, un punky es un vago maleante sin cultura, un pijo es lerdo y no lee, un heavy es un marrano. Y ya está. Es así y punto. Eso nos dicen y eso decimos.
Sucede lo mismo en el trabajo, un error inicial o un éxito en el comienzo te puede etiquetar para siempre, es mucho más cómodo para quien decide no tener que analizar.

La realidad es que todos somos mucho más complejos, y de todos hay mucho que dar. Lo inteligente es saber escuchar, mirar atento sin prejuicio, esperando que cada momento, sea una sopresa. Al fin y cabo, de lo bueno y lo mejorable, de todo, se puede aprender. 

Negar esas oportunidades que nosotros mismos pedimos cada día no merece la pena, no es justo y uno acabará terminando sus días pensando que ha visto mucho, pero que en realidad, no sabe nada.

Guiña el ojo al mundo, mira bien a tu alrededor, deja que te den a ti también la oportunidad de ser tú, escucha, y responde al grito de los que tienes cerca y los que vendrán con una gran etiqueta que diga: "!quiero aprender!".

viernes, 27 de mayo de 2011

No dejes que suceda...

La semana empezó curiosa, hartos de escaños y concejales. Unos, contentos, sonriendo, celebrando victorias que deberían saber a derrota cuando uno echa un vistazo a España; otros, disimulando algo que ya sabían, tenían cinco millones de razones, cinco millones de familias para saberse perdedores.
Hablan siempre que la derecha o el centro derecha tienen votantes fieles, pero si después de todo lo que sucede, lo que está sucediendo, hay 6 millones de personas que todavía te votan, la fidelidad es tuya.
Otro día hablaré de Bildu y lo que me parece, hoy no toca.

La semana empezó -decía- curiosa. Me dio por pensar ayer lo fácil que es acostumbrarse a dar lo justo en el trabajo, a cumplir con el expediente y pasar por los lugares sin pena ni gloria. 
Mucha gente piensa que lo cómodo es eso, aquella ley de mínimo esfuerzo y máximo beneficio, zombis que diría Carlos Andreu que te llevan a la dejadez profesional por no querer ver más allá, esos que al punto de la mañana al preguntarles un simple ¿qué tal? su cara refleja un estado presuicidio y depresión total, ante la obligación - qué desastre!- de trabajar.
Seguro que me entiendes, es más, es probable que tú alguna vez - y yo- nos hayamos dejado arrastrar en algún momento, por pequeño que sea.
Son verdaderos líderes del NO, máximos exponentes de los "es que...", defensores a ultranza del "deja, deja...", se atrincheran, quejicas, oyen, y no escuchan, "tú no sabes lo que es esto...", sus ojos miran extrañados cuando les ofreces esfuerzo, desarrollo, luchar, dar ese paso al frente e intentarlo.
Podemos - puedes- hacer dos cosas; la primera dejar que la vida pase, no darle importancia a que allí estás un tercio de tu vida, cerrar los ojos a l@s compañer@s que muchas veces se convierten en amigos, jugar a esperar y ver como se solucionan las cosas, puedes hacer que a lo que te dedicas siga siendo lo que es y esperar a que suene la campana para gritar un "otro día más".
La segunda opción es crecer, analizar que esas 8 o 10 horas las vas a disfrutar queriendo mejorar, proponer "hay que.." y aprovechar a esos compañeros que se convierten en amistades para sumar, buscar tu reto y el suyo y alucinar con todo lo que tú puedes dar.

Date la oportunidad de crecer también allí, Capitán.

Déjame que te de una gran noticia, esa decisión, decidir ser tú también aquí, cerrar los ojos para luchar por el genio que llevas dentro, es tuya!.  Nadie, nunca, te podrá robar que lo intentes.

No dejes que suceda.


miércoles, 18 de mayo de 2011

Qué grande!

Recibo muchos mails de gente que escribe porque lee el blog. Me cuentan sus pensamientos, sus historias lejanas de Alemania, EEUU, Panamá, Venezuela, Rusia, Rep.Dominicana, Inglaterra, Ecuador, Argentina, Colombia, Chile...  de un montón de ciudades de España... de una manera cercana, son esas cosas que lees y parece que tocas. Te ves ahí al lado, cerquita, y te imaginas en una terraza, o en una habitación, o en la playa, creciendo.

Hay una relación muy especial entre el que escribe y el que le lee, es como si alguien se colara en tu habitación para susurrarte y compartir.
Todos los días tengo la suerte de recibir algún mail que cuenta su experiencia y su reflexión, de un montón de edades y situaciones diferentes, me cuentas esos retales que componen esto que llamamos vida.

La realidad es que se crece más dando que recibiendo. Siempre.

Comencé el blog para compartir, para expresar porque necesitaba -  necesito - gritar no sé si al mundo, pero si a quien me escuche, y hoy, dos meses más tarde, cientos de visitas después, 15 países distintos, de muchísimos mails cruzados, de sentarme delante del ordenador y reir, y a veces llorar,de escuchar y ver, sólo puedo daros las gracias.

Gracias por confiar, por abrirme una ventana de vuestra vida, por las alegrías, y por escucharme cuando le doy a la tecla "publicar entrada".

Hoy, amig@, la entrada es para tí, para que sigas dando, para que l@s que te tienen cerquita continúen disfrutando de todo lo que llevas dentro, sonríe, y grita tú también, enséñale al mundo.

Qué grande eres!!

viernes, 13 de mayo de 2011

Historia real

Hay olores, canciones, sabores, que te transportan inmediatamente a ése momento, aquella época. Es un viaje en el tiempo alucinante. ¿Cuántas veces has pensado en tener una máquina del tiempo? A veces, la tenemos más cerca de lo que pensamos, sólo hay que querer usarla. No cuesta mucho buscar en internet canciones que nos transporten, o coger un coche y querer saborear el pan de pueblo.

Recuerdo San Sebastián, llegar a casa de mis tías y oler aquella casa, guardo perfectamente la sensación de alegría, de la risa contagiosa y los abrazos enormes. Olor a playa y sal, jugar, no parar para volver a la carcajada.
Ir con mi hermano al colegio, verle a mi lado con la cartera, -ésa que llevábamos nosotros, sin ruedas, y muchos años la misma- e ir diciendo chorradas, dándole la vuelta a las cosas, y mirándome supongo que pensando a ver cuando crece este enano y espabila. 
Nervios antes de jugar un partido de futbito, mis guantes de portero, no dormir por ir a esquiar, la ropa preparada, madrugar, la bicicleta, el parque y su olor, nuestro sitio, el pupitre y los profes,  los amigos y sus caras, sus expresiones, y hasta sus manías, nadar, mil horas inventando historias debajo del agua... y el sol de testigo. 

Pasamos de los juguetes a los bares, ángeles y demonios, a empezar a salir, las juergas,  los primeros viajes, aquella chica, canciones que nos emocionan por vernos allá, y soltar un - jo, qué tiempos!, pensando en que allá todo era más fácil, no sabes si mejor o peor, pero más fácil. En realidad, no es cierto, hoy puedes decidir mucho más, puedes decidir tú y elegir si quieres seguir acordándote de aquello y vivir así, a tope, hoy.

Por una vida pasan miles de personas, y casi todas dejan algo, a veces nos vienen chispazos y nos acordamos de personas, queremos saber de ell@s, ¿cómo estará?. Pensamos en si le irá bien y lo asociamos rápidamente a un buen trabajo, y buena vida.

La pregunta es ¿será feliz? Lo demás, no importa. No debe importar.

Coge un coche, vete a tu antiguo colegio, hazte un regalo, deja que te enseñen tu clase, siéntante en tu sitio, pasea por el patio, cierra los ojos, mira fotos, piérdete por esas calles,  cuídate; recordar y sentir, para sentir más hoy. Hay un montón de cosas de hace no tanto tiempo que aún se pueden compartir para crecer.

Fue tu Historia real, tu Gran Historia real.

Queremos recordar con la cabeza, y necesitamos recordar con el corazón, con los sentidos, para saber quienes fuimos, mantener viva tu Historia para disfrutar más tu presente.


domingo, 1 de mayo de 2011

Genios

¿Qué llevará a Ennio Morriconne a escribir, a crear semejante letra y música y parir esa obra maestra de la película La Misión?

Hoy la estaba escuchando de nuevo, y lo imaginaba allá en su casa, con la luz rebosante de su gran ventanal con un lápiz y una página en blanco.
Mientras yo escuchaba la canción, iba dándole vueltas a esto de los genios. ¿Qué tendrán? ¿Qué fuerza suprema, inspiración extraña les lleva a Crear con mayúsculas?

La realidad y lo que les mueve, es la superación, la mejora continua de verdad, el querer dar ese paso al frente, la mirada al horizonte y luchar.

Siempre pensamos que a l@s genios no l@s conocemos, que l@s vemos en revistas y en la tele, son mentes privilegiadas - pensamos - cuando realmente tocamos, hablamos y vivimos con genios buena parte de nuestra vida. O toda.

Tus padres son unos genios. Piénsalo. Fíjate todo lo que lucharon, todo lo que te dieron, y al final siempre había -hay- una sonrisa y un beso después de mil horas de trabajo y dedicación.

Tienes amig@s que son un@s genios, que están ahí siempre, da igual la hora o el día, que ofrecen hombro y risa con el único agradecimiento de una buena sonrisa, o un abrazo. Tienes compañeros de trabajo que son unos genios, mentes inquietas que te hacen cada día más fácil, que te retan a la mejora con ell@s y crecéis juntos. Tienes herman@s realmente espectaculares que demuestran cada día todo el cariño que ofrecen simplemente con un "ser tú", y lo hacen haciéndose cargo de hijos, de esposos y esposas, del trabajo, de los problemas diarios, y también llegan a tí.

Vemos genios todos los días, tenemos esa suerte, pero no nos paramos a pensar todo lo que hacen por nosotros en esta brava mar llamada vida. Eres el capitán, sí, pero que eso no te haga no ver la tripulación, haz parada y fonda, deja que la suave brisa del mar salpique tu cara y la de los tuyos, arrima el hombro para llegar a ese puerto, saborea, y mientras, Capitán; aprovecha el genio que también hay en tí.

jueves, 28 de abril de 2011

Sueños

Algo pasa en esta vida para que al que sueña, le llamen loco, algo grande debe perderse cuando llaman inmaduro a una persona que propone metas, que gana ilusión cada día, que lucha por ellos y que sonríe a la vida.

Esa mirada torcida y ceño fruncido al escuchar algo realmente grande -aunque sea pequeño en sí- por aquello de "para que te vas a liar", "y para qué", "y..."

Los sueños, metas, objetivos nos guían durante toda la vida. Haz memoria. No pienses en aquellos sueños - que también - de cuando eras un enano y querías ser grande para jugar en el patio del cole y no te quitarán la pelota, acuérdate de que tu sueño era que cuando salieras del cole dentro de 15 minutos ibas a ir comprar unas chuches, o a ver a tu abuelo, o jugar el partido de tu vida en un patio con cien enanos como tú. Utilizamos la palabra sueños, pero... ¿acaso no es el sueño una ilusión? una ilusíón por alcanzar, por vivir, por que te ves allá sonriendo en un banco hablando con tus amigos. Acuérdate cuando soñabas con irte a esquiar ese sábado en el bus blanco, recuerda la ilusión del olor a mar y playa, la alegría de ver a un familiar, de ver llegar a tus padres y de hacer reir a tu hermana.

Echa la vista atrás y acuérdate de cuantos detalles soñaste, de ese regalo inesperado, de esa sonrisa de repente, de aquella chica que al final llegó, de ese viaje a la playa con los amigos, del primer trabajo, y del segundo, de la ilusión de una buena nota o de un simple aprobado.

Los sueños, de repente se vuelven cosas de críos. Eso nos quieren vender. Todo lo que no sea aquí y ahora, ya no vale. Eso lo vendemos todos los días.

No, gracias. Prefiero crecer, y ser yo, intentarlo, y hacer que lo intenten conmigo, y darme alguna hostia sí, pero también miles de pequeñas alegrías. Soñar y conseguir, es espectacular, pero no lo es menos ese mientras lo consigues.

Saborear esos momentos que te guían a una meta tuya o de varias personas a la vez mientras las vives, las llevas dentro. Brutal.

Te propongo un viaje realmente espectacular, te invito a, si quieres conmigo, cerrar los ojos para abrir la mente y el corazón, y ganar ilusiones. Pequeñas grandes ilusiones. Ponte metas. Un viaje -mejor pronto-, un cine, una peli, ahorra para comprarte un capricho, o dale un capricho, una flor, una enorme sonrisa,  una quedada con un amigo que hace tiempo que no sabes de él.

Ese viaje tiene los gastos pagados. Recuerda que soñar es gratis. La ilusión, la ilusión de cada día, la pones tú.


lunes, 18 de abril de 2011

Un día perfecto

Veo la luz que entra por la ventana, refleja en el parquet y en la cama;  es temprano y el día parece que va a ofrecer claridad, esa sensación que tienes de calor porque imaginas el solecito que hace fuera. Sonrío.

Estiro el brazo, quiero tocarte, quiero saber que estás ahí, y que el día es nuestro. Ronronear y mirarte.
No llevo reloj, quiero regalarte un día perfecto. Quiero regalarme otro día perfecto.
Sería espectacular poder vivir sin reloj, aunque si lo pienso bien, si me paro de verdad, llegaré a la conclusión de que realmente nosotros nos ponemos nuestras horas, nuestras prioridades, o mejor dicho, dejamos que nos las pongan. Pero ésa es otra historia.

Despertaba tranquilo, ronroneando sin ninguna prisa - decía-, no quería pensar en ningún plan, no quiero plannings, quiero no tener que ver la agenda ni el outlook esperando que suenen alarmas o preparar coaching en cualquier ciudad o empresa. Quiero libertad. Quiero libertad contigo, con mi familia, con mis amigos. 
Huelo a tí, huelo a risa y plenitud pienso mirando por la ventana. Me vienen a la cabeza un montón de personas, gente a la que quiero bien y que me encantaría que compartieran todo esto.
Terracita. Solecito, charla perfecta, acompañada de risa, de gestos, de acariciar, de guiñar el ojo y soñar despiertos regado con un buen vino blanco y buen comer.

Soñar despierto es decir y querer saber,  es abrir el alma, pero también es luchar, quieres hacerlo y lucharás por ello, conviertes en público tus susurros. 
Bailar. Cantar fuerte en el coche, quieres dar alegría y quieres que la gente de la calle sonría porque te ven feliz. 
Suena el teléfono. Amig@s. Quieren saber,y tú de ell@s , me encanta esto de ubicar a las personas, donde están, la alineación, me los imagino y de repente haces un viaje estratosférico que te lleva allá. Siempre me imagino dónde están, quienes y qué están haciendo cuando hablo por teléfono.

Cocinar. Todo el mundo que conozco y que le gusta comer bien, le gusta cocinar, eso de preparar sin prisas, con tu delantal, tus sartenes, musiquita, tu vinito y sigues compartiendo charla y risas, miles de gestos cómplices. Son esas escenas que también recordarás con los años, hay que mimarlas, saborearlas al detalle para no dejar que nuestra loca cabeza olvide que hay que volver a hacerlo, volver a hacerlo todos los días.

Comes despacito, piensas que no hay ningún sitio donde querrías estar ahora que no fuera éste, mirar tu pelo, cogerte la mano, susurrarte.

El móvil empieza a volverse loco, mensajes y mensajes, "coño, el Madrid-Barça, pienso". Ya están los merengues nerviosos, vaciladas y alguna barbaridad para descojonarte con esto del opio del pueblo. Me da por pensar que al final, éstos del fútbol no cobran tanto, al fin y al cabo ¿cuanta gente deja -olvida- sus problemas, durante al menos un par de horas?. El Barça ha sido mejor, y el penalti no es, ese es mi titular del partido y será mi defensa ante los madridistas. :)
Ponerse guapo o intentarlo :). Salir. Música más cañerita, de esa que te invita a bailar por el pasillo mientras te ponen una camisa y no parar de sonreir y cantar los grandes éxitos de tu vida.
Llegas a los bares, es pronto y tú llevas una alegría -el vino y alguna copa en casa también ayuda- que te choca con algunas caras que ves por ahí. ¿Se lo están pasando bien? ¿Salen por salir? Nosotros a nuestra bola.

Te acuestas de nuevo pensando que ha sido un día realmente espectacular, no ha habido nada especial y sin embargo todo lo ha sido. "Gracias de verdad"

Al cabo, te das cuenta que es querer hacer algo especial lo que realmente es brutal y grande.  Un día perfecto.

sábado, 16 de abril de 2011

Peter Pan

Hablaba yo ahora de esto de Peter Pan y de crecer... "yo quiero ser como Peter Pan" dice mucha gente.
Uno lo escucha - se escucha- mientras los demás, las demás personas -aclaro-, piensan "ya, ya, pero es que en esta vida hay que tomar decisiones, majo". 

Precisamente por eso. Precisamente porque esta vida está llena de decisiones, mi decisión es que "este minuto no vuelve".

¿Porqué la gente piensa que la decisión de vivir la vida, decidir, ser responsable, compartir, reir, echar esa lágrima necesaria es no crecer, de verdad tenemos que, o de verdad decidimos?. Lo responsable es vivir con mayúsculas.

Esto hay que exprimirlo, hay que sacarle jugo, hay que gritar al mundo, decirle que las cosas no hay que hacerlas porque haya que hacerlas; situaciones tan importantes como ser coherente contigo, con el amor, con el "estoy por que he de estar", con aquello de " llevábamos tanto tiempo que había que hacerlo", con eso de "y qué le voy a hacer", "cualquier día le llamo"  o con lo mucho que nos sacrificamos - qué buenos somos- por renunciar de una manera u otra a ser yo, a ser tú...

La verdad es que un día girarás la cabeza, la vista atrás,  mirarás todos los años que has vivido, todo lo que has dejado de compartir, y lo último que quieres escuchar, oir desde lo más hondo de tí, es que no fuiste tú. Que Peter Pan murió cuando empezamos a trabajar, o casarte, o ....  y ya sabes, el día a día, en fin, ya me entiendes.

Hay otra opción, la valiente, la arriesgada, esa en la que apuestas cuerpo y mente, que decides echarte a la mar; ésa en la que tu bandera ondea orgullosa en el palo mayor, y decides bajar allá, al cuarto de banderas, engalonarte, eres el capitán, sueñas con los siete mares y no dejarás que te aborden, pero querrás compartir mapas, doncellas, risas, diario y buen ron con las personas, que al final del camino, te susurren un "eres tú".