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martes, 27 de mayo de 2014

Un día en la pecera...

Os pongo en situación. Trabajo en unas oficinas totalmente diáfanas, separados los despachos, salas y departamentos por cristaleras.
No hay trampa ni cartón. Todos vemos y participamos. No hay mayor secreto que el trabajo bien hecho.

Oficinas amplias, sensación de libertad.

Allá estamos.
Sin embargo, existe un reducto, un lugar, que aunque guardado por cristaleras totalmente transparentes, queda cerrado al público general. Aunque invitamos a cualquiera. Y por allá pasan.
Allí estoy yo. Liderando un equipo - dándolo todo al menos - y acompañado de almas grandes, que aunque no lidere, porque no toca, si que toca compartir, ver, escuchar, y sentir.
Pongamos que se llaman Jessica, o Alicia, o Quima, o Isabel y Bea y añadimos a Laura y a Eva, aliñado con Josep y servidor. Pongamos. Por poner nombres, digo. ;-)

Uno - decía- ve, siente y escucha. Soy - quien me conoce lo sabe- de los que prefiere estar allí, al lado, cerquita. En la trinchera. Allá, donde las bombas, las alegrías y las penas tocan. De todo tiene que haber. Y eso quiero. Para poder decidir, tenemos que conocer. Todo. A tope. Siempre.

Podría escribir de cada una de esas personas, - compañer@s- y dedicar líneas y pensamientos, reflexiones y consejos, detalles geniales... y al final, me doy cuenta, de que, en el fondo, quien más aprende, es uno mismo. Todos los días me llevo algo. Algo que aprender y que ver, algo que suma.  

Tienen la potencia de leones, y mientras se lo creen y comprueban, maullan y ronronean. Susurran mimos. 

Grandes personas, buenos profesionales, que un día, al mirar atrás, con todo su valor, podrán decir aquello de que "nos los hemos comido con patatas".

Lo conseguirán. Lo conseguiremos. Seguro.

Equipazos. Aupa!


lunes, 21 de abril de 2014

Vivir en Cataluña

Vivo y trabajo en Cataluña desde hace algún tiempo. Más allá del jaleo de cambiar de casa, mudanza, etc, se sitúa el estado mental al hacerlo.

Ilusión por un buen proyecto, y dejar cosas lejos que en determinadas circunstancias, te gustaría tener más cerquita.
De vivir en Valencia - tanto personal como profesionalmente- aprendí muchas cosas. La impaciencia no es buena, y todo requiere su tiempo. Llaman suerte, cuando en realidad quieren decir esfuerzo + oportunidad. No hay suerte en el trabajo, o en la vida. Existe la constancia y el querer crecer, tener hambre de construir.

No hay atajos para el éxito. Y desde luego, lo más práctico y lo más inmediato, no es lo mejor. Casi nunca. 

Cuando te llegan oportunidades, aprovéchalas, creéte grande porque lo eres, si te llaman, te buscan y se esfuerzan.

Vivir en Cataluña - de momento - no es diferente a nada ni igual tampoco. Gente trabajadora en su mayoría, con ganas de inventar, abiertos de mente y amantes de su tierra. Como casi todos.

Os iré contanto como va por aquí... hasta entonces, te invito a querer crecer, a reírte y aprovechar las oportunidades, que, -  un día te darás cuenta - tú mismo te vas creando a base de hacer las cosas bien.

Adeu, amics! ;-)

miércoles, 19 de febrero de 2014

22 consejos para gestionar un restaurante

Después de haber estado en más de 600 restaurantes, bares, tabernas de mucho, medio y poco postín http://11870.com/javierguene uno se queda muchas veces con una sensación de que falta algo. Al final, uno opta por decir las cosas más claras, y no quiero seguir sorprendiéndome porque a uno le traten bien en un restaurante o un camarero haga bien su trabajo. La realidad allá fuera es que nos sorprende.

Si no te gusta la gente, no tienes paciencia, si no sabes que la hostelería es tratar a cientos de personas cada uno de su padre y de su madre, si no sabes que debes tener el espirtu de Job y todo eso con una sonrisa en la cara,  haz una cosa: apaga la luz, echa la persiana y cambia de oficio. Hay un montón para ti. Este no.

Conviene dejar claro que los clientes abonamos una factura para un buen servicio, no nos están haciendo ningún favor, al contrario.

Existen 3 objetivos que debes tener en mente constantemente, siempre, y aunque parezcan evidentes, es igual de evidente que a much@s se les olvida:

1. Que a la gente les guste tu restaurante.
2. Que vuelvan a tu restaurante.
3. Que hablen bien de tu restaurante.

Allá van 22 consejos. Da igual que tipo de bar o restaurante tengas, si de barrio o mil estrellas michelín. Se trata de servicio, de cuidado.

1. Recibe a tus clientes como recibes a la gente de tu casa. Es la primera sensación y debe quedar claro que estás encantado de atenderles en TU casa.

2. Si puedes, deja a tus clientes que elijan la mesa donde sentarse, allí es donde van a comer y cuantas más cosas elijan ellos mismos, menos probabilidad de equivocación tienes. A todos nos gusta elegir los sitios.

3. Música. No pongas la música muy alta. Pero ten siempre música de ambiente. No debe ser demasiado movida y desde luego nunca de radio.

4. No tengas la TV encendida, bajo ningún concepto, a no ser que tu restaurante sea de comidas donde la gente va sola por trabajo. Queremos que tus clientes recuerden tu casa como un lugar donde compartir, y comunicarse.

5. Ten mucho cuidado con los camareros que contratas. Son la cara y ojos de tu casa. Deben de ser gente cordial, discreta y que les guste la gente. Deben entender que los clientes también entran en su casa.

6. Siempre, absolutamente siempre que se sientan en la mesa, y sin preguntar, invítales a una copa de vino. Si es una pareja, ponla de vino blanco, - ellas lo beben mejor- y si son hombres que pidan lo que quieran. Al servirlas, "cortesía de la casa". Queremos que la gente se anime a beber con nosotros, damos, además un detalle a nuestros clientes, y comenzar la comida con buenas sensaciones. Ojo, el vino blanco debe estar bien frío, no de cámara, si no de hielos. Y al menos con 45 minutos de adelanto entre hielos.

7. Cuida el precio del vino. Actualmente se manejan uno márgenes del 100%, eso provoca que el cliente opte por beber menos, no beber, y al final no querer hacer todo lo que le apetecía. Fija un margen de 8-10€ por botella. Para todos, es algo que se hace ya en muchos restaurantes y se nota y mucho en la venta.

8. Las Servilletas. Evita ponerlas de papel. Y si no hay más remedio, hay servilletas y servilletas, no queremos que esté toda la mesa o la barra lleno de kleenex o que la gente esté incómoda.

9. Deja siempre la botella a mano de tus clientes. Si es vino blanco, la cubitera cerquita, y si es tinto o cualquier otra cosa en la mesa. No confundas servicio con dar vergüenza a tus clientes por querer tomar una copa más. A su ritmo. Están en su casa, recuérdalo.

10. Cuando hables de tu carta, intenta dar un mensaje que califique a cada plato. Los clientes no recordamos todos los platos y necesitamos resumen. "sabroso" "elaborado" "excelente materia prima" "recién hecho".

11. Adáptate a cada comensal, a cada mesa. Puede haber parejas enfadadas, románticas, amigos con ganas de charla tranquila... Sé discreto y sonríe.

12. Las ensaladas. No hay que sacarlas en plan exposición y si lo haces, sácalas en un plato o bandeja amplia para poder revolverla. Una ensalada mal aliñada no vale la pena. Deja siempre los condimentos a mano.

13. Ojito con pedidos como "la carne muy poco hecha" o "muy hecha". Escucha bien a tus clientes y dales exactamente lo que piden. Si te confundes, lo arreglas tú.

14. Atento a las pistas que te dejen tus clientes en tu casa. Un plato a medio comer, tiene muchas probabilidades de que no haya gustado. Pregunta el porqué y propón una solución a tu cuenta.

15. Siempre, absolutamente siempre ofrece en tu carta la posibilidad de medias raciones, en todos los platos que puedas. Vas a vender más y la sensación es que es más barato, y comen más variado.

16. Si por alguna razón, la salida de un plato se retrasa más de lo debido, ofrece una compensación. Un copa, o un pintxo. Un buen detalle hablará bien de ti y de tu casa. Siempre.

17. Cuida las valoraciones y opiniones que hacen de tu casa en internet. No se puede contentar a todos, pero sí responder, tomar nota, que el cliente se sienta escuchado y darle solución.

18. El trato a los buenos clientes: exquisito. Y con eso no me refiero a dar un abrazo al llegar o mostrarse mucho más "de casa". Mójate. Todavía más si ha traído referencias. Porqué no invitar a cenar , o al postre, o a la bebida?

19. Evalua siempre tu trabajo. Al final de la comida y con la cuenta entregada - sé valiente- puedes darles a tus clientes un pequeño cuestionario de su estancia en tu casa. Revísalas cada semana. A la gente les cuesta decir la verdad cuando se les pregunta a la cara.

20. Los niños. Es estupendo que haya niños en el bar, en la sala, y que montén cierto alboroto, pero has de vigilar que no haya niños que molesten a los demás clientes. Hay, como sabes, ciertos padres muy permisivos. Hay que decírselo educadamente. Puedes perder muchos clientes por eso.

21. Si tienes terraza, aprovecha siempre e invita a que tomen el café o la copa o lo que sea allí. Cambiar de ambiente le gusta a la gente, y no debes olvidar a los fumadores.

22. La despedida del cliente. Un momento importante, al fin y al cabo, como con los postres es la última sensación que se queda. Dedícale a ello 2-3 minutos, y el concepto debe ser: "esta es vuestra casa".

Pondría muchos más, pero falta tiempo, amigos.

Cuidad vuestra casa. Al fin y al cabo, nos cobráis por estar en ella!

Con cariño. :-)


jueves, 13 de febrero de 2014

Enjoy!

Pruébalo. Coges el mapa. Cierras los ojos de verdad. Y tu dedo te lleva. Hazlo de noche. Sal al amanecer. Date el gustazo de ver amanecer en la carretera.

Reserva una buena habitación de hotel rural para 4 días, de esos que tienen encanto, mejor antiguos, para vivir la historia, y poder tocar piedras suelos y contemplar techos que vieron y vivieron muchos más antes que tú, hace cientos de años.

Da igual el tiempo. Pero seguro que tienes suerte, como yo y puedes perderte.
Me encanta la gente de los pueblos. Mayores y no tan mayores. Escuchar sus historias, las de antaño y también las nuevas. Tienen una nobleza y generosidad especial, mayores y pequeños. Saben que esto de la vida va de compartir, de ayudarse, de estar, de amistad.
Deja el puñetero móvil. Comprueba sólo lo justo. Deja la mierda del washapp y obvia los 114 mensajes de 27 conversaciones que tienes. Con quien quieras hablar, llama.

Allá andábamos varias personas con la misma idea - no nos conocíamos-. Es increíble la cantidad de gente que decide lo mismo que tú, que piensa en parar. Relax. Tranquilidad. Reir. Y el fuego.
Es sencillo hablar y disfrutar cuando lo que une es la idea real de que la vida es otra cosa. Es gustito. Y si vienen mal dadas, echarle huevos y convicción.
Mirar estrellas durante mucho, mucho tiempo. No hace falta hablar, o sí, lo que quieres es hacer un alto en el camino.
Deja la música, lo único que hace es impedir pensar en lo que toca. Que lo que escuches sea a ti y las historias para aprender, dar consejo, y recibirlo.

Volver al día a día es un placer. Esto lo haces precisamente para eso, para seguir disfrutando de tu familia, de tu trabajo, de todo cuanto te rodea y cogerlo con aún más potencia. 

Allí no queda nada, lo llevas contigo. La experiencia y las nuevas amistades son tuyas y suyas, la sonrisa quedará eterna. 

Este minuto no vuelve! Enjoy!

martes, 19 de junio de 2012

El Harakiri

Ponerte delante del dichoso bicho - la tele- y ver las noticias, es hacerte un harakiri cada día. Leer la prensa, escuchar la radio es una top ten de malas noticias una detrás de otra, que cualquier día anunciará Fernandisco como si fuera del 40 al 1.

A ver quien la tiene más grande. La noticia, me refiero, a ver quien y cómo pueden anunciarlo y contarlo para que la mínima expresión del oyente o televidente sea un "joder!".  Estoy viendo a los periodistas editando sus textos, haciendo una porra por quien va a poner el mejor titular de la noticia y aparecer como "el más leído" o "compartido".
Pensar que todos nos cuentan lo mismo y de la misma forma, es como si creyéramos que dos profesores de HIstoria van a ser igual de buenos o malos profesores, o que dos Trainers impartiendo la misma formación van a transmitir lo mismo. Mentira. Aquí, como en todo, hay un montón de intereses, y también un mucho de poca profesionalidad.

No se dan cuenta, quienes nos cuentan la historia cada día, que cada mala noticia, hace mella en ellos, en su familia, en su círculo económico y social,

No hace falta pensar mucho: los mejores estudios psicológicos acerca de las reacciones humanas son claras. Una sensación negativa dura en el cerebro, y por tanto en el ánimo y en el comportamiento, aproximadamente 90 minutos. Una sensación positiva, unos 30.

Ahora bien, queridos periodistas, políticos, tertulianos y demás mentes brillantes, ¿Qué crees que sienten quienes os escuchan y ven? Quienes os escuchan y ven también son los señores que contratan, esos que tienen las PYMES en España, autónomos, responsables de RRHH y mueven el 80% de la riqueza y del empleo en este país. Te recuerdo que se ha levantado por la mañana escuchando el top ten de malas noticias, de crisis, de paro, de primas de riesgo, de puntos básicos y crecimiento del paro. Que se va a pasar todo el día escuchando, leyendo y oliendo a armagedon. ¿Crees que va a decir, "venga, que todo el mundo se confunde, voy a contratar a personas para llevar a cabo esta idea o esa línea de negocio"?. ¿Sí?

Quiero que reflexionéis. Que os pongáis en la situación real, la de verdad de las personas. Que creer se hace con mayúsculas, que una buena noticia, o una mejorable bien contada, llama al entendimiento, al buen rollo, a la actitud de querer levantarse, a que esa sensación positiva en el cerebro humano dure las 24 horas.

Si los que tienen el poder de verdad - los medios de comunicación- no quieren ponerse del lado de quienes les escuchan, les pagan y les ven, por responsabilidad, terminarán viendo y escuchando un día como anuncian con estadísticas que el paro ha subido, que la empresa cierran, y uno de esos parados serás tú, y la empresa cerrada, la tuya.

Sólo tengo una pregunta. ¿De verdad quieres levantar esto?.

Sé responsable, sé inteligente.

lunes, 12 de marzo de 2012

Aquella camarera

Ahí está. Erguido como un palo. Sus ojos van como locos mirando las copas de los comensales de todas las mesas. Mezcla de gestos rápidos para ordenar y gestos suaves para atender.

Me levanté a ver una salón anexo del restaurante y le cazé.

Le hablaba a una compañera, le daba órdenes de una forma exhaltada, con cara asesina y dejando la lengua de Cervantes por los suelos.
La chica, asustada, apenas podía contener su mirada, cabizbaja y con la vergüenza - ella sí me vió- de saber que tienes que aguantar a un tipo así 10 ó 12 horas todos los días si quieres comer.

Me hizo pensar en varias cosas. En la cantidad de veces que piensas que una persona es tremendamente educada, detallista, amable y luego se convierte por arte de magia en un o una déspota, desde el trabajo hasta en su casa, cuando las puertas se cierran. ¿Cual es la verdadera persona? ¿La que, en busca de intereses, -generalmente económicos- se comporta de esa manera tan seductora y acogedora, o ése que en su casa o con los de su departamento y área es un déspota?

En muchas formaciones escucho "es que fuera del trabajo no soy así" "en el trabajo se cambia". No es cierto. Tú eres así. Otra cosa es que falte confianza en tu competencia, o con las personas, timidez, o demasiado hablador@... pero tú eres así.

Aquel camarero volvió a la mesa, con esa sonrisa encantadora, y dispuesto a lo que le pidiéramos.
¿Desean algo más? dijo. "Sí, por favor. Quisiera que me atendiera esa camarera" dije señalándola con el dedo. "Y le puedo preguntar por qué?. "Me alegro que me hagas esa pregunta, la verdad es que me ha atendido mejor que tú, y si no te importa, me gustaría continuar con ella". Yo le miraba a sus ojos mientras su gran sonrisa se iba apagando, su gesto se endurecía. "¿Hay algún problema? le volví a preguntar?". "No, señor".

La camarera sabía perfectamente por qué lo estaba haciendo yo, y la realidad también era que ella nos trató mejor. Ella se acercó a la mesa con una enorme sonrisa, y al servir más vino, dijo en un susurro encantador "gracias".
Podría aprender el maitre esa palabra, no le iría nada mal.

Muchos responsables de departamento, responsables de personas, olvidan que las cosas se pueden pedir de dos maneras, o mal o bien. Que la educación y las formas nunca están de más. Que reconocer a quien te hace mejor no es que sea un incentivo, es que es un imprescindible en la vida. Que los amigos y el dejarse llevar por el colegueo no es que sea injusto para los demás,  es que es sinónimo de incompetencia.

Me fui de aquel restaurante dejando una buena propina a una excelente profesional, mirando al maitre serio y pensando que allá había 8-10 personas jodidas por un incompetente; que tendrán que llegar a casa reventad@s, sonreír a sus hij@s y espos@s y disimular por un plato de comida encima de la mesa.









martes, 11 de octubre de 2011

Tengo lo que tú necesitas

Negociar. Lo hacemos constantemente. De hecho, si nos paramos a pensar, hay muy pocas cosas donde no estemos negociando. Desde nuestros niños, amigos, novias... intentamos sacar cada día al mejor gestor y sin embargo, tenemos miedo de hacerlo en el trabajo.
Curioso. Es como si de repente tuviéramos miedo de comer o dormir.

Hay varios errores que se cometen habitualmente, aquí van algunas ayudas interesantes:

1. Pensar que "tú me tienes que comprar lo que yo te ofrezco". Error. ¿Y si mejor adaptas tu producto a las necesidades de tu posible cliente? Si vendes internet, por ejemplo. Ante la excusa (que no razón) de "estoy en paro, no puedo". Una buena respuesta, sería: "Y si utiliza internet para buscar empleo. Un servicio que sea rápido y que además se adapte a su situación económica actual con el ahorro que le propongo". "Sería fantástico que encontrara un trabajo y además ahorrara dinero, verdad?". Utilizar una foto de futuro agradable, con una pregunta donde tiene que responder "sí" y comprometerse es una gran herramienta. Él mismo nos está diciendo sí a los argumentos. Difícil decir luego digas que no cuando estás de acuerdo con todo el desarrollo, ¿verdad?.

2. Hablar tú más que el cliente. Es imposible acertar plenamente si el que lleva la voz cantante, - que no control de la negociación- es el gestor. Escucha. Pregunta todo lo que necesites saber, hazle saber a tú cliente que quieres ayudarle.  Y adapta dos o tres cualidades de tu producto respondiendo a su situación actual o previsión de futuro.

3. Miedo al "No". Es muy habitual tener miedo a que el cliente, finalmente, nos diga no. La negociación tiene un tempo, es como una canción, donde hay comienzo, estribillo, altos y bajos, pero que ha de terminar, y el gestor decide cuando. Ten en cuenta que en el caso de que diga que no, tendrás la oportunidad de volver a empezar y preguntarle que sucede, quizá no te hayas explicado bien. Tan malo es una venta demasiado corta como demasiado larga. El cliente se aburre. Resume los puntos donde estabais de acuerdo y adelante.  

4.Nunca repitas un argumento negativo. "Me dice que no quiere porque está en paro... ". Lo único que conseguirás será que el cliente recuerde una situación negativa personal y quiera zanjar cuanto antes esa conversación. Es como si un tipo de 150 kg se fuera a comprar un pantalón y la dependienta le dijera que en la farmacia de la esquina hay un productos dietéticos fantásticos para su problema, pero que los pantalones, le quedan genial.

5. No tomar notas constantemente. Da igual si es telefónica o personal. Piensa que cuando tú has estado con tu jefe por ejemplo, y no toma notas de lo que le cuentas, te queda la sensación de que no se interesa por tí. Igual les pasa a tus clientes. Si es telefónica, toma notas, nombres, hechos... eso lo tendrás que utilizar durante la venta y el cliente se dará perfecta cuenta de que efectivamente le estás ayudando. La gente compramos por confianza.

6. Utilizar el condicional. " Si usted contratara este producto" " Si usted aceptara la propuesta". No te pongas barreras.  Es mucho mejor darlo por hecho. "Dentro de un mes, cuando vea perfectamente los resultados, verá..." "Qué le parece si le digo que a clientes como usted le ofrecemos..." "Va a tener una experiencia fantástica".

7. No resumir. En casi todas las negociaciones hay un montón de datos, puntos en común y desacuerdos. Resume las ventajas de tu producto de una manera pausada y espera SIEMPRE el sí del cliente. "Es decir, está de acuerdo con la tarifa, verdad?" (esperar al sí) "También me ha dicho que está conforme al periodo de permanencia, correcto? (esperar al sí) y finalmente el terminal es el que más se adecua a las necesidades que usted me ha dicho, verdad?. (esperar al sí).

8. Usar coletillas. "buenos días, caballero". "el motivo de mi llamada", ¿Vale?. ¿Eh?. Personaliza la gestión y la venta. Piensa en la sensación que te queda cuando te lo dicen a tí. "Este no sabe ni mi nombre o no lo recuerda, luego no tiene verdadero interés en ayudarme". Desconecto. 

9. No identificarte bien. Decimos nuestro nombre muy rápido, da igual por teléfono que en persona, haz una pausa, después de decirlo, no tengas prisa. Primero eres persona, luego cuéntame que me propones.  Sois dos personas que vais a hablar de algo. Eso ayuda a personalizar la gestión, a que el cliente se siente más identificado, y con más confianza. Se acabó aquello de "cómo has dicho que te llamas?". 

10. Actitud negativa. Esto es fundamental. Si piensas que algo saldrá mal, saldrá. Si crees que algo no te va a gustar, no te gustará. Si crees que a ese cliente no le vas a vender, no le venderás.  Cada gestión es diferente, porque cada persona es diferente. Tú lo haces diferente.

Ahora te pregunto, ¿Quieres hacerlo diferente?.¿Quieres vender? 

jueves, 8 de septiembre de 2011

Perspectiva

Ayer me contaba un amigo una situación que me hizo pensar:

Su mujer, por error, puso en el lavavajillas Fairy, a falta de Calgonit o producto similar. La consecuencia: una gran fiesta de la espuma en la cocina. Espuma y agua para regalar.
Entre los dos estudiaron diferentes soluciones rápidamente, y fueron tomando decisiones durante el proceso: ¿abrir el lavavajillas? ¿ponerlo otra vez para que termine? ¿qué usar para quitar la espuma de dentro?... en fin, os podéis imaginar la fiesta que se montó allí.

La realidad es que ninguna de las soluciones aportadas por la causante de la situación, fueron útiles.
No es culpa de su mujer, le podría haber pasado a cualquiera, faltaría más, pero me ha hecho pensar en la perspectiva de las cosas y es que generalmente, el que te ha causado el problema, no podrá darte la solución. 
Cuando las personas tomamos una decisión hemos evaluado ya las ventajas y desventajas, y es muy fácil "enrocarse" en una posición que aunque no esté teniendo éxito, fue la tuya, fue tu decisión.

Aquí hay varios factores psicológicos fundamentales para que la persona termine abriendo los ojos y aportar soluciones:

1º ¿Ante quien has cometido el error?. Si tienes confianza con esa persona, habrá muchos menos obstáculos para que cedas y tomar decisiones correctas. Al contrario, si no hay confianza con esa persona o incluso no os lleváis del todo bien, tu posición de orgullo te impedirá abrir horizontes. Lo más probable es que además añadas una actitud errónea y eso empeore aún más las cosas.

2º ¿Cuantas veces te has confundido antes? A veces, no tenemos una buena semana, o un buen mes, eso producirá una falta de confianza en nosotros mismos, y nuestra reacción será "otra vez, no". Error. Eso inducirá a que sigas pensando que tenías razón y no lo soluciones. Es mejor "vale, que me he confundido de nuevo, mejor escuchar, aprender y crecer".

3º ¿Tomaste la decisión evaluando bien?. En cualquier decisión, se nos presume haber evaluado la situación y ver los pros y contra. Si no la habías preparado bien, no podrás argumentar el porqué tomaste esa decisión, y así poder compartir el porqué de esa situación, como se ha llegado allí.
Además, es muy probable que no te hayas confundido en todo, y seguro que tienes ideas que aportar a quienes te quieren ayudar.

4º Nunca pienses que quien te ayuda, supervisa o un amig@ te quiere castigar o que está gozando por verte cometer un error. Si piensas eso, lo más probable es que tu actitud tampoco sea la adecuada para solucionarlo, y vuelvas a esa posición de oigo pero no escucho. Si existe un problema obvio con quien te ayuda, olvídalo mientras se está solucionando, utiliza un lenguaje y unos gestos mucho más calmados de lo habitual.

5º Es mejor "hay que..." que " es que...". Resume el problema, analiza bien la situación y mira en que se ha fallado, comparte con la gente, con tu equipo, las soluciones que aportas y ayuda a que los demás no los cometan. Proponer soluciones.

6º Todos nos confundimos, lo importante es tener la humildad y la inteligencia de aprender de ello.

Después de tantas personas formadas, tantas formaciones diferentes, años  conociendo bien  empresas y sus modos de gestión, la actitud lo es casi todo. Hay un potencial brutal en cada persona, ahora tan sólo tienes que responder a una pregunta:

¿Quieres crecer?  :)

viernes, 27 de mayo de 2011

No dejes que suceda...

La semana empezó curiosa, hartos de escaños y concejales. Unos, contentos, sonriendo, celebrando victorias que deberían saber a derrota cuando uno echa un vistazo a España; otros, disimulando algo que ya sabían, tenían cinco millones de razones, cinco millones de familias para saberse perdedores.
Hablan siempre que la derecha o el centro derecha tienen votantes fieles, pero si después de todo lo que sucede, lo que está sucediendo, hay 6 millones de personas que todavía te votan, la fidelidad es tuya.
Otro día hablaré de Bildu y lo que me parece, hoy no toca.

La semana empezó -decía- curiosa. Me dio por pensar ayer lo fácil que es acostumbrarse a dar lo justo en el trabajo, a cumplir con el expediente y pasar por los lugares sin pena ni gloria. 
Mucha gente piensa que lo cómodo es eso, aquella ley de mínimo esfuerzo y máximo beneficio, zombis que diría Carlos Andreu que te llevan a la dejadez profesional por no querer ver más allá, esos que al punto de la mañana al preguntarles un simple ¿qué tal? su cara refleja un estado presuicidio y depresión total, ante la obligación - qué desastre!- de trabajar.
Seguro que me entiendes, es más, es probable que tú alguna vez - y yo- nos hayamos dejado arrastrar en algún momento, por pequeño que sea.
Son verdaderos líderes del NO, máximos exponentes de los "es que...", defensores a ultranza del "deja, deja...", se atrincheran, quejicas, oyen, y no escuchan, "tú no sabes lo que es esto...", sus ojos miran extrañados cuando les ofreces esfuerzo, desarrollo, luchar, dar ese paso al frente e intentarlo.
Podemos - puedes- hacer dos cosas; la primera dejar que la vida pase, no darle importancia a que allí estás un tercio de tu vida, cerrar los ojos a l@s compañer@s que muchas veces se convierten en amigos, jugar a esperar y ver como se solucionan las cosas, puedes hacer que a lo que te dedicas siga siendo lo que es y esperar a que suene la campana para gritar un "otro día más".
La segunda opción es crecer, analizar que esas 8 o 10 horas las vas a disfrutar queriendo mejorar, proponer "hay que.." y aprovechar a esos compañeros que se convierten en amistades para sumar, buscar tu reto y el suyo y alucinar con todo lo que tú puedes dar.

Date la oportunidad de crecer también allí, Capitán.

Déjame que te de una gran noticia, esa decisión, decidir ser tú también aquí, cerrar los ojos para luchar por el genio que llevas dentro, es tuya!.  Nadie, nunca, te podrá robar que lo intentes.

No dejes que suceda.


martes, 29 de marzo de 2011

Educación

Es una palabra con la que todo el mundo nos llenamos la boca, y sin embargo, en el día a día, en el trabajo, en la calle, en una tienda, en el cine, en una mesa... hay miles de sitios donde se echa en falta.  Pregunto, ¿tanto cuesta decir un simple por favor al solicitar algo del trabajo, o unas sencillas "gracias" en un mail?.
Que estemos haciendo nuestro trabajo, sea el que sea, no significa que no debamos pedirlo educadamente y agradecer el tiempo y el esfuerzo dedicado. No.

Tema aparte es, sobre en todo en empresas donde trabaja mucha gente, decir un simple "buenos días" , "buenas tardes", "hola o adiós". Parece que la gente piense:"ah, como este o esta no lo hace, pues yo tampoco", y aparecen y se van si decir ni mú, mientras a tí se te queda una cara de imbécil y con la palabra mordida de "adiós" mientras retumba por allá un eco diciendo:  "íoos, íoos, íooos..." 

Siempre me ha recordado a esas pelis del oeste donde pasaba aquella mata de paja en medio de pueblo y se oía chirriar las dos puertas del saloon.



Hablando de pelis, el cine también es uno de esos lugares donde uno tiembla pensando en quien le va a tocar al lado, lo miras de reojo, primero la edad, (estás jodido si ha tocado alguien que tenga menos de 22 años) y luego miras su volumen de cocacolas con sus hielos y lo que tardará en succionar y exprimirlas, las  extrasupermaxi de palomitas, ésas que usan para esconderse detrás de ellas  y dieciséis paquetes de chuches que huelen a fresa, melón y plátano y que no hay dios que aguante. Además, siempre hay una mirada del individu@ como retando... diciendo: " pues sí, todo esto me voy a comer así que hala ...".

La comida, el comer, la mesa, es uno de esos sitios donde uno puede ver rápidamente -el refranero español es muy sabio- cómo va el tema este de la educación. No quiero entrar en detalles desagradables, pero siempre me he hecho una pregunta: ¿Porqué coño la gente que normalmente come bien, cuando come chicle, lo hace con la boca abierta, haciendo ruidos extraños mientras mastica? ¿Por qué no lo hacen cuando comen acelgas o menestra o macarrones? Es alucinante. A ver, que no quiero ver lo que comes, disfrútalo tú, para tí.

Hoy estoy algo quejica. Paso de hablar de la impuntualidad (mi tiempo vale lo mismo que el tuyo y estoy aquí...), de la gente que trabaja amargada en bares, o son funcionarios, o en la panadería de al lado, o no dejar sentarse a alguien mayor, o dejar pasar antes... en fin, si lo piensas miles de detalles que todos podemos hacer - es cuestión de querer- y que hacen que el día de esa persona; el tuyo, sea mejor.  

Agradezco un montón - y los intento hacer- los detalles de gente educada, me parecen, y me encuentro mucha gente así, personas nobles, que arrastran unos valores que les han inculcado y que han mamado, no se compran ni se venden, se tienen porque se viven día a día, y eso me mola. Lo cuidan.