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martes, 27 de mayo de 2014

Un día en la pecera...

Os pongo en situación. Trabajo en unas oficinas totalmente diáfanas, separados los despachos, salas y departamentos por cristaleras.
No hay trampa ni cartón. Todos vemos y participamos. No hay mayor secreto que el trabajo bien hecho.

Oficinas amplias, sensación de libertad.

Allá estamos.
Sin embargo, existe un reducto, un lugar, que aunque guardado por cristaleras totalmente transparentes, queda cerrado al público general. Aunque invitamos a cualquiera. Y por allá pasan.
Allí estoy yo. Liderando un equipo - dándolo todo al menos - y acompañado de almas grandes, que aunque no lidere, porque no toca, si que toca compartir, ver, escuchar, y sentir.
Pongamos que se llaman Jessica, o Alicia, o Quima, o Isabel y Bea y añadimos a Laura y a Eva, aliñado con Josep y servidor. Pongamos. Por poner nombres, digo. ;-)

Uno - decía- ve, siente y escucha. Soy - quien me conoce lo sabe- de los que prefiere estar allí, al lado, cerquita. En la trinchera. Allá, donde las bombas, las alegrías y las penas tocan. De todo tiene que haber. Y eso quiero. Para poder decidir, tenemos que conocer. Todo. A tope. Siempre.

Podría escribir de cada una de esas personas, - compañer@s- y dedicar líneas y pensamientos, reflexiones y consejos, detalles geniales... y al final, me doy cuenta, de que, en el fondo, quien más aprende, es uno mismo. Todos los días me llevo algo. Algo que aprender y que ver, algo que suma.  

Tienen la potencia de leones, y mientras se lo creen y comprueban, maullan y ronronean. Susurran mimos. 

Grandes personas, buenos profesionales, que un día, al mirar atrás, con todo su valor, podrán decir aquello de que "nos los hemos comido con patatas".

Lo conseguirán. Lo conseguiremos. Seguro.

Equipazos. Aupa!


jueves, 12 de abril de 2012

Los mayores

Vale, lo confieso. Me quedo muchas veces mirándoles. Les miro sus ojos y pienso en que podrían contar de sus vidas.
Me encantaría atreverme a preguntarles que me puede enseñar, qué historias buenas, alucinantes y no tan buenas han visto esos ojos.
Les imagino jóvenes, con treinta y tantos, en el pueblo, o en la ciudad, luchando algunos por un trozo de pan y llegando a esas antiguas casas sin televisión, sin nevera ni lavavajillas, ese teléfono en la pared, y el olor de una comida ganada de verdad con el sudor de su frente.
Me da igual los que pudieron estudiar y los que no, aquellas madres - hoy abuelas y bisabuelas - que sacrificaban mil sueños porque hoy estemos aquí disfrutando de un montón de cosas que muchas veces no apreciamos.

No sé su nombre. Estaba en aquel banco del parque sentado. Yo venía de comprar pan y periódico, uno de esos ritos domingueros que me encantan. Ahí estaba. Elegante con su boina y su chaqueta de punto, dos anillos que recuerdan a la que fue su esposa y las dos manos apoyadas en su bastón. El bastón de toda la vida, dirán muchos.

No es cierto. Hace poco que lleva bastón, él tuvo diez, y quince, treinta y cuarenta primaveras.
Miraba a los niños, madres y padres como quien hace memoria, con cierta envidia, echaba sonrisas y movía la cabeza como diciendo "juventud divino tesoro".
Me senté en su banco. Me fue mirando mientras llegaba con el descaro de quien ya, a sus ochenta y tantas primaveras bastante le importa que le pillen mirando. Faltaría más.

"Buenos días", le dije. "Buenos días, joven". Pensé en mirar si había alguien detrás mío... ;-)

Lo cierto es que después me hablaba tratándome de usted, hablamos de cosas de críos que estaban pasando allí, de la educación y alguna costumbre...  escuchaba atento, como queriendo entender que pensábamos los jóvenes de ahora, cuales eran los principios, lo que nos enseñan...
Manda huevos que quien ahora trate con educación y respeto, sean los mayores a los jóvenes y no al revés, pensé.

Fijaos cuando paséis cerca de ellos, observadlos, entrar en sus ojos, y si les dedicáis una sonrisa, encontrareis un gran regalo.

Merecen mucho más que ayudas a la dependencia, -que también-, merecen mucho más que acordarnos de ellos cuando nos faltan, merecen algo que no se compra, no se vende; merecen nuestro respeto, nuestra admiración por nuestros mayores.

Otros héroes de nuestro tiempo.






jueves, 5 de enero de 2012

El silencio de los corderos

El asesino - Hanibal Lecter - escudriñaba a Clarice psicológicamente -separados por un cristal- era capaz, de, en pocos segundos, y gracias a una capacidad de observación brutal; lograr sacar las debilidades y los miedos que la agente Starling callaba durante años, esos que jamás se cuentan y que se convierten en pesadillas por la noche. 

¿Aún oyes a los corderos chillar, Clarice?, le preguntaba un Hanibal desafiante. 

Todos tenemos nuestros miedos, nadie es al 100% seguro, y tampoco creo que eso sea bueno, pero no debemos callar nuestros miedos, nuestros corderos particulares, dudas, al contrario, es mucho mejor afrontarlos, hablar las cosas, y ser honesto con quien te quiere bien. 
Cuando las cosas explotan es porque no se ha hablado lo que se debería, no se ha compartido, y aún yendo más lejos, pero siendo justos, no se ha sido honest@. 

Observando se pueden ver muchas cosas. Demasiadas a veces. Si un día preguntas a alguien que observa y analiza bien, debes estar dispuest@ a sus respuestas. 
Si te quiere bien, te dirá lo que realmente ve, lo que piensa y lo que sucede, sacará tus miedos, tus virtudes, tus orgullos, victorias y derrotas. 
No le puedes preguntar a alguien que observa para que te conteste lo que tú quieres oir.

Todos tenemos un Hanibal dentro, ése que analiza el entorno, los gestos, palabras, se pregunta los porqués, son esas cosas que te callas - si no te pregunta quien merece - y que te hacen actuar cada día.

Clarice logró la ayuda de Hanibal. Logró también volver a detenerlo. El mayor reto fue enfrentarse a sus corderos, mirar el problema de frente, escuchar sus miedos en boca de otro, darse cuenta de la verdad y finalmente, que estuvieran en silencio.

Lo consiguió.





viernes, 28 de octubre de 2011

Emprendedores

Hoy llaman emprendedores a todas esos jóvenes o no tan jóvenes que deciden darle vida a una idea empresarial.

La realidad es que la mejor empresa es uno mismo.

La conoces perfectamente, son tus virtudes y tus mejorables, conoces la capacidad de gestión y la puedes poner a prueba cada día, conoces tu ambición y tus sueños, eres el Director de un recurso humano increíble que sí sabe bien todo lo que desea y hasta donde quiere llegar, Presidente desde que naciste y Director General ejecutivo de una empresa que durará muchos, muchos años en esto de la vida.

Emprender es ver un reto diario, una meta cada día, aprender a ser mejor, estés donde estés, trabajes donde trabajes y vivas donde vivas.
Emprender es analizar todo lo que uno puede dar, desde el sitio que ocupas e innovar, no conformarte con lo que hay, emprender es buscar como mejorar tu mundo. 

Los telediarios, documentales y periódicos nos hablan de grandes emprendedores empresariales, balances económicos, beneficios y empleos generados, - chapeau-, pero... ¿y los que cayeron? Y los que cayeron pero en realidad aprendieron y emprendieron la gran aventura de la vida; conocerse más, lección diaria, caer y levantarse... con los amigos, con la familia, sus hijos...

A veces nos dejamos llevar por miles de letras, voces e imágenes que nos hablan de excelencia de los demás, y pensamos sólo en nuestros límites, cuando en realidad tenemos mil sitios donde emprender, luchar y divertirnos cada día.

Emprendedores sociales que escuchan y se escuchan el latido de un corazón que se acelera por los pequeños grandes detalles, que saborean y paladean todo esto mientras su cara esboza una gran sonrisa por todo lo conseguido, orgullo de emprendedor.

Es alucinante y genial levantarse por la mañana queriendo sacar lo mejor de una empresa, una Gran Compañía, una Multinacional sin límites que eres tú. 

El mejor emprendedor del mundo.



sábado, 25 de junio de 2011

Qué grande es ser pequeñ@!

Nos embrutecemos, olvidamos perspectiva y nos volvemos tacaños en los sueños y la ilusión cuando crecemos. Pensamos que les educamos nosotros cuando realmente ellos nos enseñan cada día con respuestas y gestos mágicos que casi casi, habíamos olvidado.

Regalan sonrisas y mirada limpia, ofrecen imaginación hasta el infinito, sueñan despiertos y te piden que les acompañes en este viaje nuevo y espectacular que nace cada día para ellos.
Son guardianes de la ilusión, observan atónitos un mundo de mayores que siempre tienen prisa, abrazan fuerte y su único egoísmo es querer sentirte, eso que nosotros llamamos dedicación.

Al observarles siempre pienso en todo lo que nos regalan, en esa risa espectacular y el mimo de una caricia sincera. 
Pensamos muchas veces en qué será de su vida, y todo lo que le queda por delante; amores, desamores, disgustos, esfuerzos, alegrías, sacrificios, mil experiencias...
"Nosotros ya hemos pasado por eso", eso nos decimos.

¿Y si aprendemos nosotros también?. Ser como ellos, ser tú mismo, hacer lo que uno siente y llegar hasta el final, regalar mimos y volver a la ilusión compartida, susurrar y mirada clara. Jugar cada día en esto de la vida.
Tomárnoslo tan en serio que nos haga reír.
Escucha sus respuestas increíbles. Allá no hay nada más que amor e ilusión.

Les llamamos ingenuos esperando a que, cuando lleguen todas aquellas experiencias, aprenderá que la vida no es tan fácil.
Nos equivocamos nosotros.
¿Qué hay de malo en descubrir, en creer, en la ilusión y la risa contagiosa?

Echa la vista atrás, recuerda a Peter Pan, mírate, observa a los peques, pregúntate si mereció la pena cambiar por un mundo que tú puedes cambiar, haz memoria y piensa cuantas veces te has arrepentido de no luchar por un sueño, o por no ser tú mismo.

Ellos, ellos tienen el gran secreto de la vida.
Y ahora, sí puedes decir que has pasado por eso, por robarte a veces a ti mismo, por quedarte a medias, rendirte cuando no tocaba y perder ilusiones.

Te queda una vida espectacular por delante, da igual los años que tengas, abre los ojos, millones de experiencias por venir y un mar de oportunidades que aprovechar.

¿Quieres jugar?

jueves, 16 de junio de 2011

Aquel hospital

Jaleo. Ir y venir de gente, médicos, familiares, enfermeras, celadores...

Aquella sala de espera era un apretar de dientes constante. La tensión contenida de la ignorancia se junta a la esperanza de pensar que todo saldrá bien. Oyes voces por todos lados pero no escuchas a nadie, quieres concentrarte en pensar en por quien esperas.
Quieres viajar rápido a la sala donde esté para darle fuerza, toda la que tienes y los ojalas se juntan con oraciones y apretar de manos.

Y al fondo, silenciosa, aquella mujer. Medio siglo de paciencia con gestos cuidados y suaves. Vestida con prisa, aquello era grave. Y estaba tranquila. Se cogía, repasaba y acariciaba las costuras de aquel vestido de ir por casa lenta y tranquilamente.

Era perfectamente consciente de la situación que vivía -vivíamos-, pero ella tenía algo que los demás no. Una generosidad desbordante.
Las horas son lentas cuando esperas, el reloj se hace enorme, las máquinas sin café, crees haber nacido allí, paseos y mil vueltas por una sala que te come.
De repente, un regalo. Aquella mujer giró su cabeza, y ofreció una sonrisa que no pagarían mil abrazos. Asintió la cabeza, quería que supiera que estaba allí y que comprendía, pero que aquello, saldría bien.  Volvió a mirar hacia su sala.

Después de compartir sala ella y yo con demasiada gente y demasiadas horas, salieron a buscarla.

El médico se sentó a su lado, cogió su mano y hablaron durante unos minutos. Los gestos del doctor eran claros, la reacción de ella, suave. Lloraba tranquila y agarraba fuerte con las manos una carterita de monedas donde supongo que guardaría el dinero para volver en taxi con su marido al hogar.

Separados por varios metros, caminó despacio. Sus ojos enrojecidos se volvieron brillantes al acercarse, coger mi mano y mientras sonreía, decir: "todo saldrá bien, ya lo verás". Y se fue.
Mientras marchaba yo pensaba en qué fuerza maravillosa y brutal lleva a alguien a tener esa Generosidad.
La miré hasta que le perdí alucinado.Quizá vivió tan plenamente con su marido que la vida ya tenía sentido hace mucho tiempo, quizá pensó que siempre le dijo te quiero y le perdonó, quizá pensó que aquel hombre al que había tenido a su vera tantos años también había sido feliz y que no vale la pena llorar cuando la vida ha sido alegría y compartir. Quizá le susurró a quien ya le faltaba un último gracias mientras sonreía sabiendo que había sido capaz de cumplir un sueño: el sueño de la vida.

Queda gente espectacular que regala momentos únicos, queda aprender de verdad y abrir los ojos a la alegría. Vive todo, a tope, siempre.


domingo, 1 de mayo de 2011

Genios

¿Qué llevará a Ennio Morriconne a escribir, a crear semejante letra y música y parir esa obra maestra de la película La Misión?

Hoy la estaba escuchando de nuevo, y lo imaginaba allá en su casa, con la luz rebosante de su gran ventanal con un lápiz y una página en blanco.
Mientras yo escuchaba la canción, iba dándole vueltas a esto de los genios. ¿Qué tendrán? ¿Qué fuerza suprema, inspiración extraña les lleva a Crear con mayúsculas?

La realidad y lo que les mueve, es la superación, la mejora continua de verdad, el querer dar ese paso al frente, la mirada al horizonte y luchar.

Siempre pensamos que a l@s genios no l@s conocemos, que l@s vemos en revistas y en la tele, son mentes privilegiadas - pensamos - cuando realmente tocamos, hablamos y vivimos con genios buena parte de nuestra vida. O toda.

Tus padres son unos genios. Piénsalo. Fíjate todo lo que lucharon, todo lo que te dieron, y al final siempre había -hay- una sonrisa y un beso después de mil horas de trabajo y dedicación.

Tienes amig@s que son un@s genios, que están ahí siempre, da igual la hora o el día, que ofrecen hombro y risa con el único agradecimiento de una buena sonrisa, o un abrazo. Tienes compañeros de trabajo que son unos genios, mentes inquietas que te hacen cada día más fácil, que te retan a la mejora con ell@s y crecéis juntos. Tienes herman@s realmente espectaculares que demuestran cada día todo el cariño que ofrecen simplemente con un "ser tú", y lo hacen haciéndose cargo de hijos, de esposos y esposas, del trabajo, de los problemas diarios, y también llegan a tí.

Vemos genios todos los días, tenemos esa suerte, pero no nos paramos a pensar todo lo que hacen por nosotros en esta brava mar llamada vida. Eres el capitán, sí, pero que eso no te haga no ver la tripulación, haz parada y fonda, deja que la suave brisa del mar salpique tu cara y la de los tuyos, arrima el hombro para llegar a ese puerto, saborea, y mientras, Capitán; aprovecha el genio que también hay en tí.