Hace ya algún tiempo escribí acerca de éste tema, ése que va de la educación, de comportarse con un mínimo de respeto hacia los demás, de parecer y ser agradecido, de no pasarnos por la línea de flotación lo que a otros moleste.
Se viven, vivimos, un montón de situaciones donde a uno le quedan pocas respuestas a tanta pregunta.
Hace poco, en el tranvía de Zaragoza, bastante lleno, subió un chaval, de entre 18 - 20 años, que ya es una edad para empezar a pensar las cositas. Móvil encendido, música a tope. Yo estaba sentado en ese momento, él llevaba el móvil en su mano, que caía más o menos a la altura de mi pabellón auricular, también llamada oreja.
Opto por mirarle, así como diciendo, qué.. qué tal va todo, chavalote. Nada. Rien. Ni se inmuta. Los demás pasajeros, le iban mirando también, y me miraban, algunos, los más mayores, ponían esa cara diciendo "no se puede hacer nada con éstos", otros, "mira a ver si haces algo"... Reconozco que en aquel momento me dio por pensar en lo poco que movemos el trasero en este país para hacer que las cosas sucedan, siempre esperando a que otros tomen iniciativas, pero lo cierto, es que si no hubiera hecho nada, pasarían dos cosas: la primera que yo hubiera continuando siendo uno de los afectados, y la segunda, hubiera caído también en "dejarme llevar" y no poner solución a los problemas.
Vuelvo a mirarle. Más serio. Y más tiempo. De abajo a arriba. Pegadito a mi. Aguanta la mirada, pero la termina evitando. Aprovecho que se suben varias personas mayores y les cedo el asiento, me levanto.
Ya no es lo mismo. Quedo a su altura, y reconozco que soy un tipo ancho de hombros, y con cara de mala leche. Él mira su móvil... no sabe qué hacer. Le ayudo. "¿Te importaría quitar la música, por favor? Vamos mucha gente en el tranvía y es estupendo que te guste escuchar música, pero que te guste a ti, no significa que les guste a los demás". Cuidé bien las palabras.
Me mira. Estupefacto. Sorprendido de que alguien le dijera donde empieza también la libertad de los demás.
Dudó.
Miró su móvil de nuevo, me volvió a mirar mientras yo seguía poniendo cara de tipo duro, pero educado. La gente miraba, una de ésas situaciones donde hay expectación. La gente tendrá algo que contar al llegar a casa.
Se siente herido en su orgullo, y en su libertad. Error. Yo me acordaba de sus padres, de sus profesores, y pensaba en qué carajo habían - y estaban- haciendo con este chico de 20 añitos ya.
Apaga el móvil. No dice nada. Ni siquiera perdón. Se acerca a la puerta. Y se baja en la parada. Así, rápido. Mientras baja, sale y anda unos pasos, me vuelve a mirar.
El tranvía está parado. Primero desafiante, y después le cambia la expresión.
No sé si puso esa cara de bueno dándose cuenta que lo mínimo que merecía su acto era pedir disculpas, o si, quien sabe, de repente se dio cuenta de la cantidad de cosas que hace -hacemos- en el día sin pensar en los demás. O quizá fue teatro.
Quiero creer en las personas, así que cualquiera de las dos primeras razones, me parecen genial.
Ya os podéis imaginar todos los murmullos y comentarios que la gente del tranvía hizo. Algunos agradecieron la acción, algo que me parece bien, no era necesario, pero yo seguía pensando en por qué, si también te molestaba a ti, no hiciste nada por solucionarlo.
Haz que las cosas pasen.
Hoy escuchar a los jóvenes, y no tan jóvenes, hablar con respeto a las personas mayores, dar las gracias, pedir las cosas bien -incluso en el trabajo- dejar pasar antes... es algo que sorprende. Si lo ves, piensas " mira que educado", y eso lo decimos porque nos sorprende. Manda carajo.
Otra historia es el chicle.
Tengo una duda existencial con este tema. ¿Por qué la gente come chicle con la boca abierta? Ves a ésas mandíbulas trabajando a un ritmo ezquizófrénico, jugando con el chicle, lo sacan, lo meten, te lo enseñan mil veces, y me da igual, niños, jóvenes, y gente bien entrada en edad, de setenta inviernos. ¿Hacen lo mismo cuando comen acelgas o un filete empanado? ¿Quién coño les ha vendido, y ellos han comprado que el chicle se enseña? Como borregos. ¿No podemos pensar por nosotros mism@s y decidir, - por ser verdad- que es una comida como otra cualquiera y que no se debe enseñar la comida, ni masticar con la boca abierta?
En ésas y mil historias seguimos estando hoy, en no dar educación, en no pensar también en los demás, en pensar que nuestro ombligo es el universo, y en esperar a que otros nos arreglen nuestros problemas.
No dejes que suceda. Y eso, todo eso, sólo lo decides tú.
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miércoles, 16 de enero de 2013
lunes, 22 de octubre de 2012
Retrógrado!
Eso me llamaron. Estoy preocupadísimo. No duermo hace 10 días, oiga.
Le faltó intolerante y alguna gilipollez más de esas que dicen l@s que "o conmigo o contra mi".
Se habla de progresismo a ciertas chorradas que a este que escribe le dejan estupefacto, sobre todo, cuando con argumentos convences y su último grito de guerra es un "¡bah!".
Ya no hay palabras, se quedan con la mirada perdida, gesticulando...
El tema surgió hablando de la moda de las bicicletas. De sus carriles, comenté que a veces van como locos, y que al final, tiene prioridad el de la bici, en vez del peatón.
Añadí, además, que, la gente va en bici por tres razones principalmente: la primera, porque es más barato, la segunda es rápido, te da independencia, y la tercera, es que, de paso, haces ejercicio y vas quemando lorza.
Si quemas lorza, sudas, -dije- y me parece muy bien que la gente haga ejercicio, pero me parece una guarrada que alguien llegue sudando a su puesto de trabajo. En invierno con el plumas, abrigo o bufanda hasta las cejas, y en verano con 35º grados a la sombra. Si haces ejercicio, y en bicicleta lo haces, a no ser que sea un trayecto extremadamente corto, sudas. Sí o sí. Más en ciudades grandes, que las distancias son mayores.
Retrógrado!, dijo. Toma. Eso para empezar.
Seis amig@s, que por cierto, tod@s hacemos algo de ejercicio, con las cejas levantadas mirando al ofendido.
El tema de la tolerancia, -no sé que tiene que ver ser intolerante con decir que si haces ejercicio sudas- pero por ahí llevó el tema el amigo, y claro, se fue desarrollando.
Como no, llegó el tema del tabaco.
Vaya por delante que soy fumador. Y que me parece muy bien que la gente tenga espacios sin humo, pero apunté - y vari@s conmigo fumadores y no fumadores- que la anterior ley era suficiente. Tú decidías si quieres ir o no a un lugar con humo. A cualquier fumador que le preguntes, te dirá, además, que se plantea ir a un bar sobre todo en invierno u otoño si existe terraza o no, y que prefiere ir a una casa, o un lugar donde pueda fumar. Si no vas, no gastas, si no gastas, hay más paro. No fue la mejor época para iniciar esa ley, pero bueno. Eso es otro cantar.
Y me vais a perdonar, pero entras a un bar, sobre todo por la noche, y cierto, no hay humo, no huele a tabaco, pero hay un jaleo de sobacos espectacular. Prefiero oler a tabaco que a mierda, sinceramente.
Sigo sorprendiéndome con la cantidad de gente que no se ducha todos los días, o varias veces, y me alucina ver esos "gallos" en pelos de gente hecha y derecha a las 9 de la mañana. Dúchese, marran@.
En cuanto a la política, me parece genial tus ideas, siempre y cuando no estés a favor de la violencia (sea cual sea) o no la condenes. Y si cagarme en los padres de ETA, y en algunos otros que roban supermercados, o gurteles, o en los imbéciles que dicen que fue y es una guerra política es ser retrógrado o intolerante, pues oiga, lo soy. Y lo seguiré siendo.
A la gente que te diga "o conmigo o contra mi", acepta un consejo, y aléjate. Son los primeros intransigentes, carentes de inteligencia y desde luego de cualquier generosidad. Hablan de amor, y desarrollo, pero el que ellos quieren y sea para ellos. Mienten.
Que les vayan dando, así, tranquilamente, y se den una vuelta a España en bici, que viajar, conocer gente y mundo, enseña mucho. :)
Le faltó intolerante y alguna gilipollez más de esas que dicen l@s que "o conmigo o contra mi".
Se habla de progresismo a ciertas chorradas que a este que escribe le dejan estupefacto, sobre todo, cuando con argumentos convences y su último grito de guerra es un "¡bah!".
Ya no hay palabras, se quedan con la mirada perdida, gesticulando...
El tema surgió hablando de la moda de las bicicletas. De sus carriles, comenté que a veces van como locos, y que al final, tiene prioridad el de la bici, en vez del peatón.
Añadí, además, que, la gente va en bici por tres razones principalmente: la primera, porque es más barato, la segunda es rápido, te da independencia, y la tercera, es que, de paso, haces ejercicio y vas quemando lorza.
Si quemas lorza, sudas, -dije- y me parece muy bien que la gente haga ejercicio, pero me parece una guarrada que alguien llegue sudando a su puesto de trabajo. En invierno con el plumas, abrigo o bufanda hasta las cejas, y en verano con 35º grados a la sombra. Si haces ejercicio, y en bicicleta lo haces, a no ser que sea un trayecto extremadamente corto, sudas. Sí o sí. Más en ciudades grandes, que las distancias son mayores.
Retrógrado!, dijo. Toma. Eso para empezar.
Seis amig@s, que por cierto, tod@s hacemos algo de ejercicio, con las cejas levantadas mirando al ofendido.
El tema de la tolerancia, -no sé que tiene que ver ser intolerante con decir que si haces ejercicio sudas- pero por ahí llevó el tema el amigo, y claro, se fue desarrollando.
Como no, llegó el tema del tabaco.
Vaya por delante que soy fumador. Y que me parece muy bien que la gente tenga espacios sin humo, pero apunté - y vari@s conmigo fumadores y no fumadores- que la anterior ley era suficiente. Tú decidías si quieres ir o no a un lugar con humo. A cualquier fumador que le preguntes, te dirá, además, que se plantea ir a un bar sobre todo en invierno u otoño si existe terraza o no, y que prefiere ir a una casa, o un lugar donde pueda fumar. Si no vas, no gastas, si no gastas, hay más paro. No fue la mejor época para iniciar esa ley, pero bueno. Eso es otro cantar.
Y me vais a perdonar, pero entras a un bar, sobre todo por la noche, y cierto, no hay humo, no huele a tabaco, pero hay un jaleo de sobacos espectacular. Prefiero oler a tabaco que a mierda, sinceramente.
Sigo sorprendiéndome con la cantidad de gente que no se ducha todos los días, o varias veces, y me alucina ver esos "gallos" en pelos de gente hecha y derecha a las 9 de la mañana. Dúchese, marran@.
En cuanto a la política, me parece genial tus ideas, siempre y cuando no estés a favor de la violencia (sea cual sea) o no la condenes. Y si cagarme en los padres de ETA, y en algunos otros que roban supermercados, o gurteles, o en los imbéciles que dicen que fue y es una guerra política es ser retrógrado o intolerante, pues oiga, lo soy. Y lo seguiré siendo.
A la gente que te diga "o conmigo o contra mi", acepta un consejo, y aléjate. Son los primeros intransigentes, carentes de inteligencia y desde luego de cualquier generosidad. Hablan de amor, y desarrollo, pero el que ellos quieren y sea para ellos. Mienten.
Que les vayan dando, así, tranquilamente, y se den una vuelta a España en bici, que viajar, conocer gente y mundo, enseña mucho. :)
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jueves, 12 de abril de 2012
Los mayores
Vale, lo confieso. Me quedo muchas veces mirándoles. Les miro sus ojos y pienso en que podrían contar de sus vidas.
Me encantaría atreverme a preguntarles que me puede enseñar, qué historias buenas, alucinantes y no tan buenas han visto esos ojos.
Les imagino jóvenes, con treinta y tantos, en el pueblo, o en la ciudad, luchando algunos por un trozo de pan y llegando a esas antiguas casas sin televisión, sin nevera ni lavavajillas, ese teléfono en la pared, y el olor de una comida ganada de verdad con el sudor de su frente.
Me da igual los que pudieron estudiar y los que no, aquellas madres - hoy abuelas y bisabuelas - que sacrificaban mil sueños porque hoy estemos aquí disfrutando de un montón de cosas que muchas veces no apreciamos.
No sé su nombre. Estaba en aquel banco del parque sentado. Yo venía de comprar pan y periódico, uno de esos ritos domingueros que me encantan. Ahí estaba. Elegante con su boina y su chaqueta de punto, dos anillos que recuerdan a la que fue su esposa y las dos manos apoyadas en su bastón. El bastón de toda la vida, dirán muchos.
No es cierto. Hace poco que lleva bastón, él tuvo diez, y quince, treinta y cuarenta primaveras.
Miraba a los niños, madres y padres como quien hace memoria, con cierta envidia, echaba sonrisas y movía la cabeza como diciendo "juventud divino tesoro".
Me senté en su banco. Me fue mirando mientras llegaba con el descaro de quien ya, a sus ochenta y tantas primaveras bastante le importa que le pillen mirando. Faltaría más.
"Buenos días", le dije. "Buenos días, joven". Pensé en mirar si había alguien detrás mío... ;-)
Lo cierto es que después me hablaba tratándome de usted, hablamos de cosas de críos que estaban pasando allí, de la educación y alguna costumbre... escuchaba atento, como queriendo entender que pensábamos los jóvenes de ahora, cuales eran los principios, lo que nos enseñan...
Manda huevos que quien ahora trate con educación y respeto, sean los mayores a los jóvenes y no al revés, pensé.
Fijaos cuando paséis cerca de ellos, observadlos, entrar en sus ojos, y si les dedicáis una sonrisa, encontrareis un gran regalo.
Merecen mucho más que ayudas a la dependencia, -que también-, merecen mucho más que acordarnos de ellos cuando nos faltan, merecen algo que no se compra, no se vende; merecen nuestro respeto, nuestra admiración por nuestros mayores.
Otros héroes de nuestro tiempo.
Me encantaría atreverme a preguntarles que me puede enseñar, qué historias buenas, alucinantes y no tan buenas han visto esos ojos.
Les imagino jóvenes, con treinta y tantos, en el pueblo, o en la ciudad, luchando algunos por un trozo de pan y llegando a esas antiguas casas sin televisión, sin nevera ni lavavajillas, ese teléfono en la pared, y el olor de una comida ganada de verdad con el sudor de su frente.
Me da igual los que pudieron estudiar y los que no, aquellas madres - hoy abuelas y bisabuelas - que sacrificaban mil sueños porque hoy estemos aquí disfrutando de un montón de cosas que muchas veces no apreciamos.
No sé su nombre. Estaba en aquel banco del parque sentado. Yo venía de comprar pan y periódico, uno de esos ritos domingueros que me encantan. Ahí estaba. Elegante con su boina y su chaqueta de punto, dos anillos que recuerdan a la que fue su esposa y las dos manos apoyadas en su bastón. El bastón de toda la vida, dirán muchos.
No es cierto. Hace poco que lleva bastón, él tuvo diez, y quince, treinta y cuarenta primaveras.
Miraba a los niños, madres y padres como quien hace memoria, con cierta envidia, echaba sonrisas y movía la cabeza como diciendo "juventud divino tesoro".
Me senté en su banco. Me fue mirando mientras llegaba con el descaro de quien ya, a sus ochenta y tantas primaveras bastante le importa que le pillen mirando. Faltaría más.
"Buenos días", le dije. "Buenos días, joven". Pensé en mirar si había alguien detrás mío... ;-)
Lo cierto es que después me hablaba tratándome de usted, hablamos de cosas de críos que estaban pasando allí, de la educación y alguna costumbre... escuchaba atento, como queriendo entender que pensábamos los jóvenes de ahora, cuales eran los principios, lo que nos enseñan...
Manda huevos que quien ahora trate con educación y respeto, sean los mayores a los jóvenes y no al revés, pensé.
Fijaos cuando paséis cerca de ellos, observadlos, entrar en sus ojos, y si les dedicáis una sonrisa, encontrareis un gran regalo.
Merecen mucho más que ayudas a la dependencia, -que también-, merecen mucho más que acordarnos de ellos cuando nos faltan, merecen algo que no se compra, no se vende; merecen nuestro respeto, nuestra admiración por nuestros mayores.
Otros héroes de nuestro tiempo.
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viernes, 2 de marzo de 2012
Tú habla, que algo queda
Como te lo cuento, tío. ¿Sabes qué...?
Así empiezan. Me harta. No me gusta.
Tod@s lo hemos hecho, y tod@s hemos sido víctima de algún rumor, pero lo cierto es que últimamente, en algunos ambientes no oigo más que a gente hablar de otras personas. De cotillear de una manera vulgar, sin saber si es cierto, tú habla, que algo queda.
Ya hace algún tiempo que decidí no hablar de nadie ni de nada que no esté completamente seguro, o que sirva para algo. Hay ocasiones que hay que hacer ejercicios para contenerse, pero todo tiene un límite.
Les escucho hablar sin saber, críticas fáciles para descojonarse de personas que no conocen, que simplemente oyen rumores que les ha dicho otra persona que tiene la misma idea que ell@s. Ninguna.
Vidas tristes, encaramadas a rutinas fáciles, con las ilusiones puestas en sobre quién podrán rajar hoy y poco más. Esperan con ansia que alguien empiece, se abre la veda. Ya hay tema de conversación.
¿De qué sirve hablar de alguien si es para criticarlo? ¿Vas a mejorar algo? ¿Es útil? Piénsalo. ¿Por qué no se lo dices a él o a ella? ¿Estás totalmente segur@ de lo que vas a decir?.
Inmadurez. Eso me parece. Ves a gente con corbata con treintaytantos reírse por estupideces que hacen daño a personas, a las que no tienen el valor de decírselo a la cara. Hipocresía en estado puro.
Les extraña cuando alguien no se ríe de sus historias, o te quedas serio. Te miran pensando que no estás en su "pomada". Supongo que deben pensar que tampoco hace daño a nadie. Y eso es lo peor de todo, hace daño, y mucho.
También es típico que cuando alguien de la "pomada" no está, hablen de ell@s. Lo bueno es que así ya sabes que cuando tú te vas, el siguiente serás tú.
Lo he recordado mirando ahora a unos tipos en el AVE cascando de un compañero al que hacían la pelota y ha cometido el tremendo error de ir a la cafetería a tomarse un café tranquilo, a leer el periódico y a intentar evadirse de quien - estoy seguro- sabe que no merecen la pena.
Lo que tienes a tu vera, en tu vida, son personas. Puedes hacer dos cosas, intentar conocerlas, entenderlas y respetarlas, o quedarte en etiquetar por que sí, en un cotilleo vulgar y triste.
Sólo te pido que recuerdes una cosa: son personas, como tú.
Así empiezan. Me harta. No me gusta.
Tod@s lo hemos hecho, y tod@s hemos sido víctima de algún rumor, pero lo cierto es que últimamente, en algunos ambientes no oigo más que a gente hablar de otras personas. De cotillear de una manera vulgar, sin saber si es cierto, tú habla, que algo queda.
Ya hace algún tiempo que decidí no hablar de nadie ni de nada que no esté completamente seguro, o que sirva para algo. Hay ocasiones que hay que hacer ejercicios para contenerse, pero todo tiene un límite.
Les escucho hablar sin saber, críticas fáciles para descojonarse de personas que no conocen, que simplemente oyen rumores que les ha dicho otra persona que tiene la misma idea que ell@s. Ninguna.
Vidas tristes, encaramadas a rutinas fáciles, con las ilusiones puestas en sobre quién podrán rajar hoy y poco más. Esperan con ansia que alguien empiece, se abre la veda. Ya hay tema de conversación.
¿De qué sirve hablar de alguien si es para criticarlo? ¿Vas a mejorar algo? ¿Es útil? Piénsalo. ¿Por qué no se lo dices a él o a ella? ¿Estás totalmente segur@ de lo que vas a decir?.
Inmadurez. Eso me parece. Ves a gente con corbata con treintaytantos reírse por estupideces que hacen daño a personas, a las que no tienen el valor de decírselo a la cara. Hipocresía en estado puro.
Les extraña cuando alguien no se ríe de sus historias, o te quedas serio. Te miran pensando que no estás en su "pomada". Supongo que deben pensar que tampoco hace daño a nadie. Y eso es lo peor de todo, hace daño, y mucho.
También es típico que cuando alguien de la "pomada" no está, hablen de ell@s. Lo bueno es que así ya sabes que cuando tú te vas, el siguiente serás tú.
Lo he recordado mirando ahora a unos tipos en el AVE cascando de un compañero al que hacían la pelota y ha cometido el tremendo error de ir a la cafetería a tomarse un café tranquilo, a leer el periódico y a intentar evadirse de quien - estoy seguro- sabe que no merecen la pena.
Lo que tienes a tu vera, en tu vida, son personas. Puedes hacer dos cosas, intentar conocerlas, entenderlas y respetarlas, o quedarte en etiquetar por que sí, en un cotilleo vulgar y triste.
Sólo te pido que recuerdes una cosa: son personas, como tú.
lunes, 9 de enero de 2012
Copy- paste
Aprietas el botón del mando a distancia, pensando en entretenerte, aprender incluso, de algo de lo que ponen en esa caja a la que hemos hecho ama y señora de nuestro salón en nuestras casas. Ellas, - las televisiones- presiden el lugar donde la mayor parte de nosotros pasamos la mayor parte de nuestras vidas cuando queremos disfrutar de hogar y familia. Ella nos alimenta y nos vigila, nos dice lo que es verdad y lo que no, y además, le creemos.
Escupe imágenes y sonidos que terminan metiéndose en un cerebro que acaba acostumbrándose al "darme todo hecho".
Uno hace zapping buscando en la TDT algún programa, peli o algo que merece la pena, mientras se encuentra a 7 ú 8 energúmen@s discutiendo acaloradamente,- poniendo la vida y las entrañas en ello - sobre si la depilación de Belén Esteban era oportuna o no. Han exprimido tanto la teta del cotilleo que ahora ya no hablan de la vida de los famosos, si no también de la vida de l@s que hablan de los famosos.
Programas de vergüenza. Una parrilla y algunos canales que uno opta por desintonizar. Ver la parrilla de la TDT es una desesperada búsqueda, es más fácil que te toque la lotería a que encuentres algo realmente entretenido, interesante o bien hecho.
Gran Hermano, Supervivientes, Sálvame diario, Sálvame de Luxe (¿?), Operación Triunfo, Granjeros, dónde estás corazón, la noria, el diario de Juana, cientos de horas, de programas...
Váyanse a la mierda, oiga.
Y es que luego pasa lo que pasa. Chavales de 16 años incapaces de decir los continentes, las capitales de provincia, o el puñetero nombre del presidente del gobierno de turno.
Y además nos da igual lo que digan los informes internacionales de PISA o cualquiera sobre la educación en nuestros país, los valores y el nivel académico.
Es mejor poner la Wii, o la PSP que aprender a leer, a sumar y restar, a jugar creciendo y aprendiendo, compartir eso con nuestros hij@s y chavales, donde va a parar.
Estamos tan ocupados... estamos tan ocupados que hemos olvidado cual es realmente nuestra principal ocupación.
Nuestros padres aprendieron a esforzarse, a tener que luchar, a aprovechar lo poco que tenían y les daba la vida para seguir adelante.
Nosotros aprovechamos nuestros avances para hacer más lerdos en menos tiempo, y vamos ganando. Hacer un copy-paste y palante. Rápido y fácil.
Los maestros, -esos que ayudan a educar y enseñan a nuestros hij@s, a nuestros sobrin@s y niet@s- han perdido cualquier esperanza de poder realizar una educación global y de verdad de la mano de sus padres. Se juegan una denuncia, y oiga, si usted no quiere educar a su hijo, yo no soy su padre o su madre. Usted verá.
Y en esas estamos hoy, en el copy-paste, hasta que un día, de repente, nos miremos todos con cara de imbéciles, nos echemos las manos a la cabeza y digamos que la culpa es del gobierno y de su plan de educación.
Todo sea ciscarnos en la madre de los demás para no querer asumir nuestras responsabilidades de abuelos, tíos o padres.
Escupe imágenes y sonidos que terminan metiéndose en un cerebro que acaba acostumbrándose al "darme todo hecho".
Uno hace zapping buscando en la TDT algún programa, peli o algo que merece la pena, mientras se encuentra a 7 ú 8 energúmen@s discutiendo acaloradamente,- poniendo la vida y las entrañas en ello - sobre si la depilación de Belén Esteban era oportuna o no. Han exprimido tanto la teta del cotilleo que ahora ya no hablan de la vida de los famosos, si no también de la vida de l@s que hablan de los famosos.
Programas de vergüenza. Una parrilla y algunos canales que uno opta por desintonizar. Ver la parrilla de la TDT es una desesperada búsqueda, es más fácil que te toque la lotería a que encuentres algo realmente entretenido, interesante o bien hecho.
Gran Hermano, Supervivientes, Sálvame diario, Sálvame de Luxe (¿?), Operación Triunfo, Granjeros, dónde estás corazón, la noria, el diario de Juana, cientos de horas, de programas...
Váyanse a la mierda, oiga.
Y es que luego pasa lo que pasa. Chavales de 16 años incapaces de decir los continentes, las capitales de provincia, o el puñetero nombre del presidente del gobierno de turno.
Y además nos da igual lo que digan los informes internacionales de PISA o cualquiera sobre la educación en nuestros país, los valores y el nivel académico.
Es mejor poner la Wii, o la PSP que aprender a leer, a sumar y restar, a jugar creciendo y aprendiendo, compartir eso con nuestros hij@s y chavales, donde va a parar.
Estamos tan ocupados... estamos tan ocupados que hemos olvidado cual es realmente nuestra principal ocupación.
Nuestros padres aprendieron a esforzarse, a tener que luchar, a aprovechar lo poco que tenían y les daba la vida para seguir adelante.
Nosotros aprovechamos nuestros avances para hacer más lerdos en menos tiempo, y vamos ganando. Hacer un copy-paste y palante. Rápido y fácil.
Los maestros, -esos que ayudan a educar y enseñan a nuestros hij@s, a nuestros sobrin@s y niet@s- han perdido cualquier esperanza de poder realizar una educación global y de verdad de la mano de sus padres. Se juegan una denuncia, y oiga, si usted no quiere educar a su hijo, yo no soy su padre o su madre. Usted verá.
Y en esas estamos hoy, en el copy-paste, hasta que un día, de repente, nos miremos todos con cara de imbéciles, nos echemos las manos a la cabeza y digamos que la culpa es del gobierno y de su plan de educación.
Todo sea ciscarnos en la madre de los demás para no querer asumir nuestras responsabilidades de abuelos, tíos o padres.
sábado, 25 de junio de 2011
Qué grande es ser pequeñ@!
Nos embrutecemos, olvidamos perspectiva y nos volvemos tacaños en los sueños y la ilusión cuando crecemos. Pensamos que les educamos nosotros cuando realmente ellos nos enseñan cada día con respuestas y gestos mágicos que casi casi, habíamos olvidado.
Regalan sonrisas y mirada limpia, ofrecen imaginación hasta el infinito, sueñan despiertos y te piden que les acompañes en este viaje nuevo y espectacular que nace cada día para ellos.
Son guardianes de la ilusión, observan atónitos un mundo de mayores que siempre tienen prisa, abrazan fuerte y su único egoísmo es querer sentirte, eso que nosotros llamamos dedicación.
Al observarles siempre pienso en todo lo que nos regalan, en esa risa espectacular y el mimo de una caricia sincera.
Pensamos muchas veces en qué será de su vida, y todo lo que le queda por delante; amores, desamores, disgustos, esfuerzos, alegrías, sacrificios, mil experiencias...
"Nosotros ya hemos pasado por eso", eso nos decimos.
¿Y si aprendemos nosotros también?. Ser como ellos, ser tú mismo, hacer lo que uno siente y llegar hasta el final, regalar mimos y volver a la ilusión compartida, susurrar y mirada clara. Jugar cada día en esto de la vida.
Tomárnoslo tan en serio que nos haga reír.
Escucha sus respuestas increíbles. Allá no hay nada más que amor e ilusión.
Les llamamos ingenuos esperando a que, cuando lleguen todas aquellas experiencias, aprenderá que la vida no es tan fácil.
Nos equivocamos nosotros.
¿Qué hay de malo en descubrir, en creer, en la ilusión y la risa contagiosa?
Echa la vista atrás, recuerda a Peter Pan, mírate, observa a los peques, pregúntate si mereció la pena cambiar por un mundo que tú puedes cambiar, haz memoria y piensa cuantas veces te has arrepentido de no luchar por un sueño, o por no ser tú mismo.
Ellos, ellos tienen el gran secreto de la vida.
Y ahora, sí puedes decir que has pasado por eso, por robarte a veces a ti mismo, por quedarte a medias, rendirte cuando no tocaba y perder ilusiones.
Te queda una vida espectacular por delante, da igual los años que tengas, abre los ojos, millones de experiencias por venir y un mar de oportunidades que aprovechar.
¿Quieres jugar?
Regalan sonrisas y mirada limpia, ofrecen imaginación hasta el infinito, sueñan despiertos y te piden que les acompañes en este viaje nuevo y espectacular que nace cada día para ellos.
Son guardianes de la ilusión, observan atónitos un mundo de mayores que siempre tienen prisa, abrazan fuerte y su único egoísmo es querer sentirte, eso que nosotros llamamos dedicación.
Al observarles siempre pienso en todo lo que nos regalan, en esa risa espectacular y el mimo de una caricia sincera.
Pensamos muchas veces en qué será de su vida, y todo lo que le queda por delante; amores, desamores, disgustos, esfuerzos, alegrías, sacrificios, mil experiencias...
"Nosotros ya hemos pasado por eso", eso nos decimos.
¿Y si aprendemos nosotros también?. Ser como ellos, ser tú mismo, hacer lo que uno siente y llegar hasta el final, regalar mimos y volver a la ilusión compartida, susurrar y mirada clara. Jugar cada día en esto de la vida.
Tomárnoslo tan en serio que nos haga reír.
Escucha sus respuestas increíbles. Allá no hay nada más que amor e ilusión.
Les llamamos ingenuos esperando a que, cuando lleguen todas aquellas experiencias, aprenderá que la vida no es tan fácil.
Nos equivocamos nosotros.
¿Qué hay de malo en descubrir, en creer, en la ilusión y la risa contagiosa?
Echa la vista atrás, recuerda a Peter Pan, mírate, observa a los peques, pregúntate si mereció la pena cambiar por un mundo que tú puedes cambiar, haz memoria y piensa cuantas veces te has arrepentido de no luchar por un sueño, o por no ser tú mismo.
Ellos, ellos tienen el gran secreto de la vida.
Y ahora, sí puedes decir que has pasado por eso, por robarte a veces a ti mismo, por quedarte a medias, rendirte cuando no tocaba y perder ilusiones.
Te queda una vida espectacular por delante, da igual los años que tengas, abre los ojos, millones de experiencias por venir y un mar de oportunidades que aprovechar.
¿Quieres jugar?
martes, 29 de marzo de 2011
Educación
Es una palabra con la que todo el mundo nos llenamos la boca, y sin embargo, en el día a día, en el trabajo, en la calle, en una tienda, en el cine, en una mesa... hay miles de sitios donde se echa en falta. Pregunto, ¿tanto cuesta decir un simple por favor al solicitar algo del trabajo, o unas sencillas "gracias" en un mail?.
Que estemos haciendo nuestro trabajo, sea el que sea, no significa que no debamos pedirlo educadamente y agradecer el tiempo y el esfuerzo dedicado. No.
Tema aparte es, sobre en todo en empresas donde trabaja mucha gente, decir un simple "buenos días" , "buenas tardes", "hola o adiós". Parece que la gente piense:"ah, como este o esta no lo hace, pues yo tampoco", y aparecen y se van si decir ni mú, mientras a tí se te queda una cara de imbécil y con la palabra mordida de "adiós" mientras retumba por allá un eco diciendo: "íoos, íoos, íooos..."
Siempre me ha recordado a esas pelis del oeste donde pasaba aquella mata de paja en medio de pueblo y se oía chirriar las dos puertas del saloon.
Hablando de pelis, el cine también es uno de esos lugares donde uno tiembla pensando en quien le va a tocar al lado, lo miras de reojo, primero la edad, (estás jodido si ha tocado alguien que tenga menos de 22 años) y luego miras su volumen de cocacolas con sus hielos y lo que tardará en succionar y exprimirlas, las extrasupermaxi de palomitas, ésas que usan para esconderse detrás de ellas y dieciséis paquetes de chuches que huelen a fresa, melón y plátano y que no hay dios que aguante. Además, siempre hay una mirada del individu@ como retando... diciendo: " pues sí, todo esto me voy a comer así que hala ...".
La comida, el comer, la mesa, es uno de esos sitios donde uno puede ver rápidamente -el refranero español es muy sabio- cómo va el tema este de la educación. No quiero entrar en detalles desagradables, pero siempre me he hecho una pregunta: ¿Porqué coño la gente que normalmente come bien, cuando come chicle, lo hace con la boca abierta, haciendo ruidos extraños mientras mastica? ¿Por qué no lo hacen cuando comen acelgas o menestra o macarrones? Es alucinante. A ver, que no quiero ver lo que comes, disfrútalo tú, para tí.
Hoy estoy algo quejica. Paso de hablar de la impuntualidad (mi tiempo vale lo mismo que el tuyo y estoy aquí...), de la gente que trabaja amargada en bares, o son funcionarios, o en la panadería de al lado, o no dejar sentarse a alguien mayor, o dejar pasar antes... en fin, si lo piensas miles de detalles que todos podemos hacer - es cuestión de querer- y que hacen que el día de esa persona; el tuyo, sea mejor.
Agradezco un montón - y los intento hacer- los detalles de gente educada, me parecen, y me encuentro mucha gente así, personas nobles, que arrastran unos valores que les han inculcado y que han mamado, no se compran ni se venden, se tienen porque se viven día a día, y eso me mola. Lo cuidan.
Que estemos haciendo nuestro trabajo, sea el que sea, no significa que no debamos pedirlo educadamente y agradecer el tiempo y el esfuerzo dedicado. No.
Tema aparte es, sobre en todo en empresas donde trabaja mucha gente, decir un simple "buenos días" , "buenas tardes", "hola o adiós". Parece que la gente piense:"ah, como este o esta no lo hace, pues yo tampoco", y aparecen y se van si decir ni mú, mientras a tí se te queda una cara de imbécil y con la palabra mordida de "adiós" mientras retumba por allá un eco diciendo: "íoos, íoos, íooos..."
Siempre me ha recordado a esas pelis del oeste donde pasaba aquella mata de paja en medio de pueblo y se oía chirriar las dos puertas del saloon.
Hablando de pelis, el cine también es uno de esos lugares donde uno tiembla pensando en quien le va a tocar al lado, lo miras de reojo, primero la edad, (estás jodido si ha tocado alguien que tenga menos de 22 años) y luego miras su volumen de cocacolas con sus hielos y lo que tardará en succionar y exprimirlas, las extrasupermaxi de palomitas, ésas que usan para esconderse detrás de ellas y dieciséis paquetes de chuches que huelen a fresa, melón y plátano y que no hay dios que aguante. Además, siempre hay una mirada del individu@ como retando... diciendo: " pues sí, todo esto me voy a comer así que hala ...".
La comida, el comer, la mesa, es uno de esos sitios donde uno puede ver rápidamente -el refranero español es muy sabio- cómo va el tema este de la educación. No quiero entrar en detalles desagradables, pero siempre me he hecho una pregunta: ¿Porqué coño la gente que normalmente come bien, cuando come chicle, lo hace con la boca abierta, haciendo ruidos extraños mientras mastica? ¿Por qué no lo hacen cuando comen acelgas o menestra o macarrones? Es alucinante. A ver, que no quiero ver lo que comes, disfrútalo tú, para tí.
Hoy estoy algo quejica. Paso de hablar de la impuntualidad (mi tiempo vale lo mismo que el tuyo y estoy aquí...), de la gente que trabaja amargada en bares, o son funcionarios, o en la panadería de al lado, o no dejar sentarse a alguien mayor, o dejar pasar antes... en fin, si lo piensas miles de detalles que todos podemos hacer - es cuestión de querer- y que hacen que el día de esa persona; el tuyo, sea mejor.
Agradezco un montón - y los intento hacer- los detalles de gente educada, me parecen, y me encuentro mucha gente así, personas nobles, que arrastran unos valores que les han inculcado y que han mamado, no se compran ni se venden, se tienen porque se viven día a día, y eso me mola. Lo cuidan.
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