miércoles, 20 de noviembre de 2013

Proyectos de vida

Pasa rápido el tiempo cuando uno no para.

Esa sensación, a veces, de vivir la vida a cámara rápida. 
Hace falta parar. Respirar hondo. Estar contigo mismo, y separarte del mundo para poder abrazarlo con más fuerza. 

Cierra los ojos. Apaga luces. Túmbate. Quítate el reloj, y deja el móvil bien lejitos. 

Respira. Piensa en ti. Escucha tu respiración. Silencio absoluto. Tú y el mundo. O mejor, tú y tú. No pongas música. Seguro que cada letra, te recuerda cosas, aunque sean buenas. Sé egoísta hoy. Date el gustazo. Y ten el valor.

Lo más probable, al inicio, es que comiencen a llover mil cosas en las que podías pensar o recordar. Espera. No hagas caso. A veces, las personas queremos todo rápido y ya, y eso nos pasa incluso cuando lo que queremos es querernos a nosotros mismos. 
Ten paciencia. Sé fuerte.

Aguanta.

Vendrá sólo. 

Allí está. Es eso. Sonríes. Eso es exactamente en lo que quieres pensar, eso es exactamente lo que tu corazón y tu mente te pide. Al final, la vida es donde tu corazón y tu mente te llevan, te guían. Pero ambas, dependen única y exclusivamente de ti. No lo olvides.
Puede que sea un problema, o una situación extraña, o la familia, o el trabajo. Sea lo que sea lo que venga, dale tiempo. Pondera bien. A veces la intuición juega malas pasadas. 

Sea bueno, o menos bueno, es una buena noticia. La gran noticia es que vas a tomar decisiones. Que son tuyas. Reflexionadas contigo. Sea lo que sea, no te vas a volver a fallar, lo has pensado bien. Y eso, exactamente eso, es lo que vas a hacer.

La generosidad a veces, debe ser contigo mismo. Allí empieza. Es difícil, casi imposible poderse dar de verdad si no sabes qué quieres, cómo lo quieres, y lo que piensas hacer para conseguirlo. Decisiones. Tus y mis decisiones.

Allí andaba yo. En esas. Cuando lo que me asaltó. Lo que vino a mi cabeza fue... 


Recuerda que siempre hay cosas que deben quedar entre la vida y tú. 


lunes, 11 de noviembre de 2013

El puntito

Hay que ganárselo. 
Escuchaba el último disco del amigo Dani Martín - Cero -, y dejando aparte que tiene unas canciones geniales, de ésas que hay que escuchar detenidamente - Gretel, Mi teatro, El Puntito-, cuando pensé en lo fácil que algunas personas se creen que es y viene todo. 

Dan por sentado que hay que actuar de una manera porque sí, que no hay que ganarse el puntito, que no toca eso de volver a demostrar y duro, sobre todo si uno no se ha comportado como debiera. Da igual cuando.  Que hay que olvidar porque sí, perdonar sin dar tiempo a ganar las cosas. 
El puntito nos  lo piden todos los días. En cualquier relación humana, hay que, cada día, dar lo mejor de sí mismo, eso incluye pedir perdón cuando toca y ser consciente de todo lo que ha hecho cada uno, lo bueno, y lo menos bueno. 

Pedir la luna y el sol. Porque me la tienes que dar. Así, sin más. 

No conozco ningún logro, de ninguna índole, pero sobre todo me refiero a las personas, que no haya requerido de esfuerzos, sacrificios, agradecimientos, reír y llorar. Vivir millones y también apretar dientes. 
Lo cierto es que las cosas se demuestran con paciencia, madurez, y ganas de sentir, de abrir el corazón, y la cabeza, de ponerse en el lugar del otro, para ver con otros ojos y sentir, por un momento, todo lo que sucede. 

Andar antes de correr. Y a veces hay que andar despacito, y muy tranquilos. Parar y buscar en el camino. 
Recuerda, - amigo mío - nunca dar el puntito por sentado, recuerda cerrar los ojos y mirar desde el corazón de quien te cuida, recuerda que casi todo tiene un porqué, sé generoso con los que dan, gánate los puntos perdidos, gánate más puntos por ti, y así, al menos, un día, podrás decir, de verdad, que hiciste todo lo que tenías y debías hacer. 

Pensaba en esto ahora, al llegar de trabajar. En mi terraza, con la compañía de los farolillos, que alumbran lo justo para tener esa sensación de hogar, tranquilidad y paz.

Escuchaba una discusión de dos hermanos. Venían andando por la calle. No gritaban, pero uno, estaba harto de siempre dar, y dar. Hasta que el otro hermano, decidió, de repente, darle un abrazo y decir un "perdón" desde el corazón. Este es un mundo increíble, donde un pequeño gesto puede ganar vidas. 
Allá se fueron, abrazados, y pensando en qué iban a hacer juntos estos días. 


Sonrío por todo los puntitos ganados. Y los que vendrán. 

Gánate el puntito, amigo mío.  



viernes, 25 de octubre de 2013

La niña del mar

Hay canciones que transportan. Bandas Sonoras de nuestra vida.

Soy de los que apuestan por la reflexión, apuestan porque un paseo de la mano bien vale una vida, y porque hay susurros y sensaciones que aún viviendo cien vidas, es difícil volver a repetir. Creo en parar para respirar, en dejar que el viento y la brisa golpee tu cara, en pasar horas delante del mar, en silencios que hablan millones, y en gestos acojonantes.

Pensaba en todo esto al ver a una niña mirando al mar. Anocheciendo, no tendría más de 7 años.
La mar estaba algo revuelta, estaba sola, con sus padres lejos. Lo cierto es que ella se quedó inmóvil, mirando el horizonte, al principio con gesto serio, de pie, mosqueada y sorprendida por los peligros de la mar y sus olas.
Fue poco a poco, muy poco a poco, relajando el gesto, se fue acomodando, hasta que decidió sentarse en el bordillo del paseo con las piernas ya metidas en la playa.
Comezó a sonreir. Los últimos rayos de un sol anaranjado precioso bañaban su cara.
Se quedó pensativa. Su rostro y su mirada indicaban reflexión.
Entonces quise entrar en su cabeza. Quise adivinar y saber qué podía pensar una niña de esa edad, de mirada profunda y reflexiva en ese momento.
Allí. Ahora.
Me coloqué a una distancia prudencial. La suficiente para que no notara mi presencia. Y supongo, que comenzamos a soñar juntos.
Imaginé que quería ver su futuro. Imaginé que el mar le hablaba, como me cuenta a mí, y le devuelve reflexión y libertad. Sentí que ella apostaba por comerse el mundo con patatas, por la verdad, por luchar por aquello que una ama y ser tan feliz que el mundo entero podría ver su sonrisa en el cielo, noté como ella, Elena, apretaba fuerte el corazón para que sus padres estuvieran siempre cuidados y que ella, cuando sean mayores, se prometió cuidarlos siempre.
Sonreía, como si estuviera el mar dicharachero, al verse con su principe azul, el hombre que le revolverá el alma, el susurro genial y el apoyo incondicional. Veía paseos eternos por la playa, fuegos artificiales acompañados de caricias y mil vidas sentidas.

Aquello duró un buen rato. Hasta que me di cuenta de que sus padres estaban haciendo exactamente lo mismo que yo. Observar algo maravilloso. Poder presenciar como alguien es dueño de su vida, elige metas, grita al mundo aquí estoy yo! y además lo hace con una sonrisa maravillosa que no puede lograr otra cosa de la vida que no sea que te la devuelva con un enorme abrazo.
Aquella niña de 7 años eligió aquel atardecer vivir, eligió que Wendy, Peter Pan y los sueños se cumplen, eligió, a diferencia de otras niñas de su edad, que en esta vida habrá que luchar para ganar cosas, y disfrutar del mientras.

Al tiempo, Elena, miró a su derecha, despacio, - donde estaba yo- y me regaló otra de esas maravillosas sonrisas acompañado de un "hola!" genial.
Miró durante cinco segundos, escudriñándome, alegre, como diciendo " sé lo que estás haciendo aquí, igual que yo".
Corrió a sus padres con los brazos extendidos y ellos se agacharon para recibirla.

Una princesa maravillosa, que mañana, y hoy, ya sabe lo que significa vivir. Luchar por lo que amas. Reflexionar para hacer.

Un regalo increíble. Gracias, Elena!!   

jueves, 17 de octubre de 2013

38 veranos

Uno más. Como decía Mecano. Un año más lleno de mil historias, millones de vivencias, ésas que te hacen crecer y compartir sueños y vida.

Es inevitable hacer un resumen, a modo de nochevieja, de lo que uno tiene, de lo perdido y ganado, de lo sentido y aprendido. Más que inevitable, me gusta. Es bueno, clave, saber de donde viene cada uno para saber dónde quiere ir.

Estos 12 meses y pico - perdón por los retrasos en los posts- :-), han provocado todo un cambio de vida. Cambiar de ciudad, de trabajo, de obligaciones, de círculo, y mantener a los que quieres, se complica. Pero emociona cuando se cumple, cuando muchas personas hacen por verte y tú por verlos, cuando sale del alma viajar a las tantas para compartir siquiera 8 horas de vida.

Al final, los miles de momentos que valen en una vida son ésos. Los de verdad. Los espontáneos, los del susurro y la risa, los del paseo y el abrazo de un amigo, los de un café y una locura.

La típica frase de que la vida da muchas vueltas, no es que sea verdad, es que debemos estar preparados para ello. Preparados para dar la vuelta a la tortilla, ser valientes para dejarnos el alma en lo que toque, sea trabajo, amistad o amor, y poder decir, al final del camino, que hice lo debido, que di todo, y viendo con perspectiva, sonreir orgulloso.

No hay peor sensación que quedarse a medias en las cosas. Esa sensación - que tú también has vivido- de que podrías haber hecho más, y que el egoísmo, quizá te impidió ver.
Las cosas se ganan. Igual que la confianza.

Quiero dar las gracias desde aquí a tod@s los que continuais ofreciéndome vuestra amistad y confianza, a todos lo que, un año más, celebran de verdad con un café, que esto va hacia delante, que sumamos y que juntos, somos mucho más.

Muchas noches, al pasear y ver el mar, paro. Me tumbo en un lugar alejado, a mirar el cielo, a respirar mar, a escuchar el silencio o el bravío de las olas, y al final, siempre, me sale una sonrisa, por lo mucho que viví, lo que vivo y lo que viviré.

Siempre.